Cuando hablamos de drogas inteligentes, casi todos pensamos en novedosos fármacos que ejercen una complicada acción sobre nuestro cerebro con el objetivo de mejorar el rendimiento. Sin embargo, no siempre es así, e igual que muchos productos naturales pueden ser considerados drogas inteligentes, lo mismo sucede con algunas sustancias psicoactivas clásicas. Si damos un repaso a las que se utilizaban antes de la era farmacológica -que da comienzo a finales del siglo XIX- vemos que el jugo de la adormidera era la droga intelectual por antonomasia, la que se tomaba cuando se deseaba lucidez y claridad mental junto con calma y estabilidad emocional. Escohotado incluye al opio entre las drogas de paz, pero -al contrario que el alcohol o los tranquilizantes- éste no hace perder el buen sentido, sino que mantiene y potencia las facultades cognitivas del consumidor, que logra tomar distancia con respecto a los problemas internos y externos. El opio fue durante siglos la droga euforizante de Europa; y ello no porque proporcionase estimulación tal como la entendemos en nuestro tiempo, sino porque duerme la parte instintiva del hombre y deja libre el intelecto, además de la tranquilidad y analgesia que proporciona al organismo. Por este motivo podemos afirmar que es la sustancia de la era pre-farmacológica más profusamente utilizada como droga inteligente.