{"id":664,"date":"2010-08-26T14:39:49","date_gmt":"2010-08-26T14:39:49","guid":{"rendered":"http:\/\/cannabismagazine.es\/www\/las-toxicomanias\/"},"modified":"2010-08-26T14:39:49","modified_gmt":"2010-08-26T14:39:49","slug":"las-toxicomanias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/psiconautica.org\/wordpress\/psiconautica\/las-toxicomanias\/","title":{"rendered":"Las toxicoman\u00edas"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Un art\u00edculo de <a href=\"http:\/\/www.escohotado.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Antonio Escohotado<\/a> sobre las toxicoman\u00edas, con las correspondientes referencias hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-7049 lazyload\" data-src=\"https:\/\/www.cannabismagazine.net\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/escohotado.jpg\" border=\"0\" width=\"250\" height=\"199\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 250px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 250\/199;\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sentido literal, etimol\u00f3gico, las toxicoman\u00edas son conductas relacionadas con ciertos t\u00f3xicos, cuyos efectos euforizantes tientan poderosamente a algunas personas. La palabra <em>man\u00eda<\/em> es en griego cl\u00e1sico un t\u00e9rmino sumamente ambiguo, que significa unas veces \u00abextrav\u00edo\u00bb, otras veces \u00abinspiraci\u00f3n\u00bb, y otras \u00abentusiasmo\u00bb. Pero el uso actual del t\u00e9rmino no tiene connotaci\u00f3n positiva, y el Diccionario editado por nuestra Academia de la Lengua ofrece tres acepciones b\u00e1sicas: \u00ab1.Especie de locura, caracterizada por delirio general, agitaci\u00f3n y tendencia al furor. 2.Extravagancia, preocupaci\u00f3n caprichosa por un tema o cosa determinada. 3.Afecto o deseo desordenado.\u00bb T\u00f3xico, del lat\u00edn <em>toxicum<\/em>, es una palabra no ambigua, que significa \u00abveneno\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica<\/strong><\/p>\n<p>En sentido jur\u00eddico, y en el habla com\u00fan, la toxicoman\u00eda se liga a las drogas il\u00edcitas llamadas estupefacientes (narcotics). Dicho criterio informa el derecho internacional desde el Convenio de Ginebra de 1931, que por primera vez atribuye a los Estados, y a la Liga de Naciones, \u00abluchar contra la adicci\u00f3n\u00bb. Este Convenio inclu\u00eda inicialmente tres drogas (derivados del c\u00e1\u00f1amo, derivados del opio y derivados del arbusto del coca), a las que luego se incorporar\u00edan muchas m\u00e1s, tanto naturales como sint\u00e9ticas y semi-sint\u00e9ticas. Todas ellas son, por imperativo legal, estupefacientes \u00abtoxicoman\u00edgenos\u00bb o generadores de adicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es interesante constatar que lo evidente hoy -para el legislador y para buena parte de la poblaci\u00f3n- no lo fuese en ning\u00fan momento hist\u00f3rico previo, aunque el c\u00e1\u00f1amo, el opio y la coca hayan sido plantas conocidas y empleadas inmemorialmente. La civilizaci\u00f3n sumeria, la egipcia y la grecorromana usaron con gran generosidad el opio -hoy considerado droga adictiva por excelencia-, sin dejar testimonio escrito sobre ning\u00fan opi\u00f3mano. El dato es tanto m\u00e1s notable cuanto que esta droga se usaba muchas veces a diario -en las famosas triacas o ant\u00eddotos-, sencillamente como t\u00f3nico preventivo de diversas dolencias. Lo mismo puede decirse de las culturas asi\u00e1ticas a prop\u00f3sito del c\u00e1\u00f1amo, y de las americanas a prop\u00f3sito de la coca.<br \/>Los antiguos tomaban o no esas sustancias, en mayor o menor cantidad, pero la costumbre de consumir una droga -por razones recreativas, religiosas o terap\u00e9uticas- no se distingu\u00eda de cualquier otra costumbre, no suscitaba inquietud social y no interesaba lo m\u00e1s m\u00ednimo al derecho ni a la moralidad establecida. La \u00fanica excepci\u00f3n a esta regla son -en Eurasia- las bebidas alcoh\u00f3licas, que s\u00ed generaron discusiones te\u00f3ricas, reproches \u00e9ticos e incluso persecuci\u00f3n. Para algunas religiones (como la brahm\u00e1nica, la budista y la isl\u00e1mica), alcohol es sin\u00f3nimo de oscuridad y mentira, y la regla mahometana decreta apaleamiento para quien sea hallado borracho. <\/p>\n<p>La filosof\u00eda griega discuti\u00f3 abundantemente en torno al vino, \u00abdon de Dioniso\u00bb, argumentando algunos que era b\u00e1sicamente una maldici\u00f3n, y otros -presididos por Plat\u00f3n- que otorgaba entusiasmo sagrado. A diferencia de los pueblos germ\u00e1nicos, que toleraban la embriaguez de mujeres y hombres j\u00f3venes, la cultura grecorromana prohib\u00eda severamente su uso en tales casos; en tiempos de Tarquino el Grande, por ejemplo, una dama fue condenada a morir de hambre tras descubrirse que ten\u00eda las llaves de una bodega. Sever\u00edsima fue la represi\u00f3n del culto b\u00e1quico en la Roma republicana -entre el 186 y el 180 a.C.-, que supuso exterminar a unas diez mil personas, si bien el trasfondo del caso sugiere que adem\u00e1s del esc\u00e1ndalo producido por ritos orgi\u00e1sticos hab\u00eda razones de conveniencia pol\u00edtica, que poco despu\u00e9s desembocar\u00edan en las primeras guerras civiles. <br \/>Por lo que respecta a las otras drogas, el criterio de la antig\u00fcedad grecorromana y asi\u00e1tica lo describe ejemplarmente la <em>Lex Cornelia de sicariis et veneficiis<\/em> (\u00abley Cornelia sobre homicidas y envenenadores\u00bb), que estuvo vigente desde tiempos republicanos hasta el fin del Imperio: \u00abDroga es una palabra indiferente, donde cabe tanto lo que sirve para matar como lo que sirve para curar, y los filtros de amor, pero esta ley s\u00f3lo reprueba lo usado para matar a alguien sin su consentimiento\u00bb. <\/p>\n<p>Ulteriores informaciones sobre uso de sustancias psicoactivas desaparecen casi por completo hasta el siglo XIII. Es entonces cuando se han difundido los primeros aguardientes (generando grave inquietud tanto en Europa como en China), cuando comienza la cruzada contra las brujas (a quienes se acusa de \u00abtratos con hierbas y p\u00f3cimas diab\u00f3licas\u00bb), y cuando se opera un giro hacia el fundamentalismo farmacol\u00f3gico en el mundo isl\u00e1mico (que busca prohibir caf\u00e9, opio y haschisch). Tras el descubrimiento de Am\u00e9rica -un continente sin tradici\u00f3n monote\u00edsta, con culturas hechas a una rica variedad de drogas en contextos tanto religiosos como terap\u00e9uticos y recreativos-, la alarma ante este tipo de productos crece hasta finales del siglo XVII. En este momento empieza a cundir -gracias a humanistas, m\u00e9dicos y boticarios- un criterio laico, y el arsenal de sustancias conocidas pasa a considerarse materia m\u00e9dica, libre de estigma teol\u00f3gico y poder sobrenatural. Desde entonces, y hasta la segunda mitad del siglo XIX, seguimos sin hallar testimonios de toxicoman\u00eda o adicci\u00f3n, salvo casos de alcoh\u00f3licos, tabac\u00f3manos y cafet\u00f3manos, que -por cierto- suelen recibir castigos crueles; Francisco I de Francia decreta p\u00e9rdida de las orejas y destierro para los primeros, en Rusia los bebedores de caf\u00e9 se exponen a perder la nariz si son descubiertos, y en Ir\u00e1n -como tambi\u00e9n en algunos puntos del norte de Europa- el tabaquismo se paga unas veces con tormentos y otras con pena capital. <br \/>La situaci\u00f3n cambia despu\u00e9s de modo notable, debido en parte a progresos de la qu\u00edmica, y en parte a las repercusiones que tiene en Occidente el conflicto anglochino conocido como guerras del opio. En efecto, laboriosos trabajos de an\u00e1lisis y s\u00edntesis ir\u00e1n descubriendo los principios activos de las plantas, que ofrecen sustancias mucho m\u00e1s activas, c\u00f3modas de almacenar y f\u00e1ciles de dosificar, en una secuencia que empieza con morfina y code\u00edna (dos de los alcaloides del opio) y sigue con una larga lista (cafeina, teina, escopolamina, atropina, cocaina, mescalina, hero\u00edna, etc.). Cada vez m\u00e1s consolidada socialmente, la corporaci\u00f3n terap\u00e9utica -formada por m\u00e9dicos, farmac\u00e9uticos y laboratorios- prefiere los principios activos a las formas vegetales, dentro de su batalla por lograr el monopolio en la producci\u00f3n y distribuci\u00f3n de drogas, frente a los tradicionales herboristas, curanderos, cosmet\u00f3logos y drogueros, que andando el tiempo se presentar\u00e1n como \u00abmatasanos\u00bb. <\/p>\n<p>Por su parte, las guerras del opio son un fen\u00f3meno complejo, que no se explica pensando en una China donde el opio fuese desconocido, y movida a importarlo por las potencias occidentales. Los chinos conoc\u00edan las triacas grecorromanas desde el siglo X por lo menos, y usaban cocimientos de adormidera y opio propiamente dicho desde tiempo inmemorial Pero los emperadores manch\u00faes -que acababan de imponerse mediante invasi\u00f3n, ocasionando las guerras civiles m\u00e1s sangrientas de la historia universal- decidieron prohibir el pago de transacciones comerciales con opio (al comienzo mediterr\u00e1neo -mucho m\u00e1s rico en morfina-, y luego producido por los ingleses en grandes plantaciones situadas al sur de la India) para preservar el super\u00e1vit de su balanza de pagos, exigiendo siempre metales preciosos a cambio. De ah\u00ed que empezaran prohibiendo la importaci\u00f3n, y s\u00f3lo bastante m\u00e1s tarde el cultivo en China, cuando la persecuci\u00f3n de usuarios hab\u00eda producido ya un enorme mercado negro, y una generalizada corrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es interesante subrayar el divergente resultado que suscita un r\u00e9gimen de prohibici\u00f3n si se compara con el de indiferencia legislativa. Los usuarios chinos cotidianos de opio (unos tres millones, aproximadamente el 0,5% de la poblaci\u00f3n) eran en una alta proporci\u00f3n personas desnutridas y laboralmente nulas. Durante el mismo periodo, en cambio, los usuarios indios cotidianos de opio (otros tantos, pero un porcentaje mucho m\u00e1s elevado de la poblaci\u00f3n) no presentaban s\u00edntomas de degeneraci\u00f3n f\u00edsica ni incapacidad laboral, hasta el extremo de que el ingente informe conocido como <em>Royal Commission on Opium<\/em> (1884-1896) concluye diciendo: \u00abEl opio en la India se parece m\u00e1s a los licores occidentales que a una sustancia aborrecible\u00bb. <br \/>Suele olvidarse, al hablar de las guerras del opio, que su consumo occidental era por entonces no ya superior sino muy superior al del lejano Oriente, pues -si bien empezaba a verse relegado por el uso de morfina y codeina- segu\u00eda siendo el tercer art\u00edculo m\u00e1s vendido por las farmacias. Con todo, en Europa y Am\u00e9rica sigue sin haber \u00abopi\u00f3manos\u00bb, y en sus c\u00e9lebres <em>Confesiones<\/em> (1822-1845) Thomas De Quincey niega una y otra vez que esta droga cree \u00abh\u00e1bito imperioso\u00bb. Los primeros casos de adicci\u00f3n a drogas distintas del alcohol, el caf\u00e9 o el tabaco aparecen a prop\u00f3sito de la morfina, utilizada masivamente en la guerra civil americana y la francoprusiana, bautiz\u00e1ndose all\u00ed como \u00abmal militar\u00bb y \u00abdependencia artificial\u00bb. La monograf\u00eda m\u00e9dica pionera sobre este fen\u00f3meno, obra de Louis Lewin (que entonces firmaba como Louis Lewinstein), se publica en 1879 -cuando la morfina lleva m\u00e1s de medio siglo vendi\u00e9ndose libremente-, y es llamativo comprobar que la revista donde aparece -el <em>Journal der Allgemeine Medizin<\/em>&#8211; publicar\u00e1 poco despu\u00e9s un comentario de otro m\u00e9dico, que pone en duda el car\u00e1cter cient\u00edfico de la expresi\u00f3n \u00abmorfinismo\u00bb pues \u00abexpresa una debilidad del car\u00e1cter, y no algo causado por una sustancia qu\u00edmica\u00bb. <\/p>\n<p>Entre 1880 y 1920, cuando comenzar\u00e1n las restricciones a su disponibilidad, el espectro sociol\u00f3gico del usuario regular de morfina indica que apenas interesa a sectores econ\u00f3micamente desfavorecidos. Aproximadamente un 50% son m\u00e9dicos o esposas de m\u00e9dicos y boticarios; el resto incluye personas acomodadas con \u00abproblemas de los nervios\u00bb o entregadas a la moda (el estilo \u00abdecadente\u00bb hac\u00eda furor), gente del teatro y la noche, damas de vida alegre, algunos cl\u00e9rigos y personal sanitario auxiliar. S\u00f3lo un 14% hab\u00eda decidido consumir esta droga por iniciativa propia, sin mediar el consejo de alg\u00fan terapeuta o amigo, y m\u00e1s de un 80% sobrellev\u00f3 dos, tres y hasta cuatro d\u00e9cadas de h\u00e1bito sin hacerse notar por descuido dom\u00e9stico o incapacidad laboral.<\/p>\n<p>A finales de siglo llega a las farmacias el envase doble de una nueva y peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda farmac\u00e9utica, la Bayer, que ofrece al p\u00fablico dos sustancias analg\u00e9sicas: \u00e1cido acetilsalic\u00edlico (<em>Aspirina<\/em>) y diacetilmorfina (<em>Hero\u00edna<\/em>). Poco despu\u00e9s, en 1900, el <em>Boston Medical and Surgical Journal<\/em> declara que la hero\u00edna \u00abposee muchas ventajas sobre la morfina [&#8230;] No es hipn\u00f3tica, no hay peligro de contraer h\u00e1bito\u00bb. La llamada p\u00edldora antiopio, que unos a\u00f1os m\u00e1s tarde exportan los laboratorios europeos y norteamericanos a China como tratamiento de sus adictos, contiene b\u00e1sicamente hero\u00edna tambi\u00e9n. <\/p>\n<p>Esta pol\u00edtica de sustituci\u00f3n (morfina por opio, hero\u00edna por morfina) seguir\u00e1 funcionando desde entonces sin pausa (hero\u00edna por dextromoramida, dextromoramida por metadona, metadona por buprenorfina, etc.), aunque -a efectos del toxic\u00f3mano- lo decisivo sean las condiciones de acceso a sus drogas. Ante el clamor prohibicionista, que desembocar\u00e1 en la Ley Volstead (tambi\u00e9n llamada Seca, por referirse a bebidas alcoh\u00f3licas) y la Ley Harrison (equivalente suyo para opio, morfina y coca\u00edna, m\u00e1s adelante heroina), en 1905 un comit\u00e9 especial del Congreso norteamericano calcula que en el pa\u00eds hay entre doscientas y trescientas mil personas con \u00abh\u00e1bito\u00bb de opi\u00e1ceos y coca\u00edna (aproximadamente un 0,5% de la poblaci\u00f3n), dato \u00abestremecedor\u00bb a juicio de los senadores. Con todo, estas drogas no s\u00f3lo eran de venta libre (incluso pod\u00edan adquirirse por correo, del mayorista), sino intensamente promocionadas mediante peri\u00f3dicos, revistas y publicidad mural, y hab\u00eda al menos cien bebidas bien cargadas de cocaina (entre ellas la Coca-Cola, y el no menos c\u00e9lebre entonces Vino Mariani). L\u00f3gicamente, no se conoc\u00edan intoxicaciones involuntarias o accidentales -al tratarse de productos puros y bien dosificados-, ni delincuencia alguna vinculada a su obtenci\u00f3n. <br \/>La etapa siguiente, donde todav\u00eda nos encontramos, ir\u00e1 surgiendo al ritmo en que Estados Unidos vaya consolidando su posici\u00f3n de superpotencia mundial, y exportando una cruzada contra las drogas. En vez de \u00abh\u00e1bito\u00bb habr\u00e1 \u00abadicci\u00f3n\u00bb, y en vez de \u00abamateurs\u00bb -como dec\u00eda el Comit\u00e9 antes citado- habr\u00e1 \u00abtoxic\u00f3manos\u00bb (<em>addicts<\/em>). Un proceso con etapas precisas -que la sociolog\u00eda contempor\u00e1nea describe como profec\u00eda autocumplida (Merton) y etiquetamiento (Becker)- transforma al usuario tradicional de euforizantes en una amalgama de delincuente y enfermo, movido a ello por los precios y la adulteraci\u00f3n del mercado negro, por el contacto con c\u00edrculos criminales y por la irresponsabilidad tanto social como personal que confiere el estatuto del adicto. Ocho d\u00e9cadas despu\u00e9s de haber puesto en vigor leyes prohibicionistas, hay en Estados Unidos una proporci\u00f3n muy superior de personas con h\u00e1bito de opi\u00e1ceos y cocaina, en su mayor\u00eda laboralmente nulas, a quienes se atribuyen dos terceras partes de los delitos contra la propiedad y las personas.<\/p>\n<p><strong>La toxicoman\u00eda en s\u00ed<\/strong><\/p>\n<p>Es habitual vincular vincular el h\u00e1bito de drogas al acostumbramiento, que insensibiliza progresivamente al usuario, y explica por qu\u00e9 va consumiendo cada vez mayor cantidad del producto para obtener an\u00e1logo efecto. Se habla as\u00ed de un \u00abfactor de tolerancia\u00bb caracter\u00edstico de cada droga, que puede ser m\u00e1s o menos alto. La cocaina, por ejemplo, tiene un factor relativamente bajo (los usuarios regulares podr\u00edan conseguir una estimulaci\u00f3n parecida sin aumentar mucho su ingesta cotidiana), mientras la anfetamina tiene un factor relativamente alto (y sus usuarios regulares deben ir multiplicando las dosis a intervalos bastante m\u00e1s breves para mantener su nivel de estimulaci\u00f3n). Otras drogas, del tipo LSD, exhiben algo definible como tolerancia m\u00e1xima o instant\u00e1nea, y si el usuario trata de usarlas sin pausa sencillamente dejan de hacer efecto en absoluto, a\u00fan consumiendo dosis enormes.<\/p>\n<p>Con todo, la idea de que las drogas se consumen abusivamente en funci\u00f3n de su factor de tolerancia no puede aceptarse sin serias reservas. Aunque el factor de tolerancia en la cocaina sea relativamente bajo -si se compara con otros estimulantes-, ciertas personalidades abusar\u00e1n de ella como si lo tuviera, y aunque el factor de tolerancia en los sedantes sea igual o superior al de la coca\u00edna ciertos sujetos se mantendr\u00e1n durante a\u00f1os y hasta d\u00e9cadas en el mismo (y prudente) nivel de dosis, mientras otros sujetos las incrementar\u00e1n hasta exponerse a una lamentable depauperaci\u00f3n psicosom\u00e1tica , y a duros s\u00edndromes abstinenciales. No sin fundamento, los farmac\u00f3logos griegos y romanos llamaban \u00abfamiliaridad\u00bb al fen\u00f3meno de la tolerancia, considerando que \u00abquita su aguij\u00f3n al t\u00f3xico\u00bb (Teofrasto).<\/p>\n<p>Para evaluar hasta qu\u00e9 punto una droga ser\u00e1 usada o abusada convendr\u00e1 atender al papel que desempe\u00f1a en cada personalidad, lo cual sugiere una clasificaci\u00f3n funcional. El primer grupo, que llamaremos drogas de paz, comprende compuestos de muy variada naturaleza qu\u00edmica, con un no menos variable margen de seguridad (esto es, proporci\u00f3n entre dosis activa m\u00ednima y dosis mortal media), pero capaces de suprimir o amortiguar estados de dolor, temor o desasosiego. El tipo de paz que proporciona la borrachera alcoh\u00f3lica (o la de \u00e9ter, cloroformo o barbit\u00faricos) es una mezcla de desinhibici\u00f3n exterior y reafirmaci\u00f3n interna, en cuya virtud el borracho se libera a la vez de autodesprecio y de apocamiento en relaci\u00f3n con los otros. El tipo de paz que proporcionan analg\u00e9sicos como la hero\u00edna o el opio no borra el sentido cr\u00edtico, aunque anestesia en mayor o menor medida frente a dolores localizados (algias), y a la m\u00e1s inconcreta depresi\u00f3n. El tipo de paz que proporciona un hipn\u00f3tico es el propio sue\u00f1o, y el de un sedante una amortiguaci\u00f3n general de la vida ps\u00edquica, cuya intensidad se experimenta en otro caso como excesiva. Por consiguiente, toda droga de paz contiene un elemento analg\u00e9sico o anti-dolor, aunque cada una afecta a una modalidad distinta del desagrado. <\/p>\n<p>La segunda clase de drogas comprende sustancias capaces de ofrecer br\u00edo o estimulaci\u00f3n en abstracto, que potencian la vigilia, aumentan la resistencia ante el cansancio, reducen el apetito y combaten aquello que el proceso depresivo tiene de simple postraci\u00f3n. Sus bases qu\u00edmicas son muy variadas, como sucede con las drogas de paz, y entre ellos est\u00e1n cafeina, cocaina, crack, efedrina, catina, anfetamina, <em>Prozac<\/em> y otros imaos (inhibidores de la monoaminoxidasa). El br\u00edo o estimulaci\u00f3n que ofrecen puede durar desde media hora -caso del caf\u00e9 o la coca- hasta diez o m\u00e1s horas -caso de la anfetamina-, e incluso varios d\u00edas, pero en dosis medias y altas tiene siempre un rasgo de rigidez o envaramiento corporal, propenso a la taquicardia y la sequedad de boca, que explica su combinaci\u00f3n con alcohol, opi\u00e1ceos y tranquilizantes; de ah\u00ed el \u00abcarajillo\u00bb, combinaci\u00f3n de caf\u00e9 muy concentrado y co\u00f1ac, hijo de la tradicional \u00abagua heroica\u00bb (caf\u00e9 con opio), o el <em>speed-ball<\/em> contempor\u00e1neo (coca\u00edna con hero\u00edna). <\/p>\n<p>La tercera clase de drogas incluye sustancias capaces de provocar una excursi\u00f3n an\u00edmica consciente, que potencia la percepci\u00f3n y la introspecci\u00f3n al mismo tiempo. Apoyadas sobre bases qu\u00edmicas diversas tambi\u00e9n -alcaloides benc\u00e9nicos e ind\u00f3licos, ciertos aceites esenciales- los compuestos de esta familia incluyen diversos tipos de setas, cactos y otras plantas, as\u00ed como substancias sint\u00e9ticas (TMA, STP) y semisint\u00e9ticas (LSD). Cuando el viaje es profundo, tiende a producir una experiencia que tambi\u00e9n se conoce como \u00abpeque\u00f1a muerte\u00bb, donde la persona recorre dimensiones de gran extra\u00f1eza, teme perder el juicio, se ve enfrentada a su finitud y suele resurgir fortalecida de todo ello. Eso explica que tales drogas se hayan usado tradicionalmente en contextos religiosos paganos, dentro de ceremonias de adivinaci\u00f3n, reafirmaci\u00f3n tribal y ritos de pasaje (a la madurez o a ciertos oficios, como el de cham\u00e1n y guerrero), y que en su empleo moderno se vinculen a movimientos \u00e9ticos y pol\u00edticos, como la \u00abcontestaci\u00f3n\u00bb de los a\u00f1os sesenta y setenta. La sustancia de este tipo m\u00e1s consumida hoy es el c\u00e1\u00f1amo -en forma de marihuana y haschisch-, que constituye un veh\u00edculo visionario de potencia leve o media (dependiendo de su calidad), si bien induce en algunas circunstancias una excursi\u00f3n ps\u00edquica considerable.<\/p>\n<p>A diferencia de las drogas de paz y las de pura energ\u00eda, las de viaje pueden funcionar como afrodisiacos, ya que potencian el contacto sexual en cualquiera de sus fases, aunque bien cabe que su usuario no se sienta en absoluto inclinado a la concupiscencia, sobre todo si pertenece al g\u00e9nero masculino. Aquello que las distingue m\u00e1s radicalmente de los otros dos grupos es su baja toxicidad; ninguna persona ha muerto -que se sepa probadamente- por sobredosis de hongos psilocibios, LSD, mescalina o marihuana. En realidad, su peligro no es que alguna v\u00edscera falle, sino que se extrav\u00eden los \u00e1nimos, induciendo trances de delirio persecutorio o disociaci\u00f3n. Otra singularidad de las drogas visionarias es carecer de s\u00edndrome abstinencial, ya que la suspensi\u00f3n de su empleo no provoca ning\u00fan cuadro cl\u00ednico objetivable, ni sensaciones subjetivas de malestar. <\/p>\n<p>En tiempos recientes se ha querido explicar la toxicoman\u00eda como algo derivado de que alguien haya consumido una droga, en vez de ligarla a ciertos temperamentos (que se conducir\u00e1n \u00abadictivamente\u00bb con muy variadas cosas, como el lud\u00f3pata, el clept\u00f3mano, el bul\u00edmico o el comprador compulsivo). Estos individuos exhiben unos trastornos de conducta que antiguamente se consideraban <em>vicios<\/em>, y hoy se catalogan como <em>enfermedades<\/em>. Sin embargo, hasta qu\u00e9 punto esa perspectiva es poco imparcial -y coherente- lo sugiere cualquier tratado de toxicolog\u00eda que se ense\u00f1e hoy en facultades de medicina o farmacia, pues all\u00ed el consumo irracional de alcohol no se deriva de la naturaleza de esta droga sino de personalidades determinadas, mientras el consumo irracional de hero\u00edna o crack parece derivarse de la hero\u00edna o el crack mismo. Pasa as\u00ed por objetividad cient\u00edfica que las personas llegan a depender vitalmente de una droga sin quererlo o casi sin quererlo -alguien les ofreci\u00f3 cierta vez una dosis, quedando \u00abenganchadas\u00bb desde entonces-, y que su h\u00e1bito no viene tanto de requerir paz o energ\u00eda en medida comparativamente descomunal, sino de lo insufrible que resulta atravesar el s\u00edndrome de abstinencia.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.escohotado.com\/articulosdirectos\/toxicomanias.htm\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Fuente y art\u00edculo completo<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center; line-height: 18px;\">Libro sobre los\u00a0Pioneros de la coca y la coca\u00edna<\/p>\n<p style=\"text-align: center; line-height: 18px;\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-6443 lazyload\" data-src=\"https:\/\/www.cannabismagazine.net\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/portadacoca2.jpg\" border=\"0\" alt=\"portadacoca2\" width=\"200\" height=\"337\" style=\"--smush-placeholder-width: 200px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 200\/337;border-width: initial; border-color: initial;\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Un art\u00edculo de <a href=\"http:\/\/www.escohotado.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Antonio Escohotado<\/a> sobre las toxicoman\u00edas, con las correspondientes referencias hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-7049 lazyload\" data-src=\"https:\/\/www.cannabismagazine.net\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/escohotado.jpg\" border=\"0\" width=\"250\" height=\"199\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 250px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 250\/199;\" \/><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":7049,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1550],"tags":[],"class_list":["post-664","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-psiconautica"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.8 - 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