
En el vasto ecosistema de las leyendas urbanas relacionadas con el consumo de sustancias, pocas historias han logrado trascender fronteras y culturas con tanta persistencia como la del Jenkem. Se trata de un relato que mezcla la desesperación social en contextos de pobreza extrema con la curiosidad morbosa occidental sobre prácticas prohibidas o tabúes. La premisa es simple, aunque escalofriante: adolescentes inhalarían gases generados por la fermentación de excrementos humanos para alcanzar un estado alterado de conciencia. ¿Es una realidad aterradora o el resultado de una distorsión mediática y cultural? En Psiconáutica nos dedicamos a separar la evidencia científica del ruido informativo, y en este caso, la balanza se inclina rotundamente hacia lo segundo.
En breve
- Falta de psicoactividad: El gas principal generado es metano, inodoro e inerte farmacológicamente. No produce euforia ni alucinaciones.
- Riesgo real: asfixia: El peligro no reside en la droga, sino en el desplazamiento del oxígeno y la posible presencia de sulfuro de hidrógeno tóxico.
- Origen zambiano vs. realidad global: Aunque hubo reportes iniciales en Zambia sobre niños desamparados, las investigaciones posteriores no han confirmado su uso masivo ni sus efectos descritos.
- Efecto placebo y asfixia leve: Los supuestos «trip reports» suelen atribuirse a hiperventilación o sugestión, no a una sustancia psicoactiva nueva.
- Fallo de la guerra contra las drogas: El caso ilustra cómo el miedo irracional puede generar alarmas sociales desproporcionadas sin base técnica.
El origen del mito y su expansión mediática
La narrativa del Jenkem cobra vida en 1995, cuando el periodista zambiano Joe Chilaizya publicó un reportaje que alertaba sobre los hábitos de ciertos grupos vulnerables en Lusaka. Según la crónica original, jóvenes en situación de calle recogían materia fecal de fosas sépticas, la fermentaban y aspiraban los gases resultantes para experimentar una sensación de potencia superior a la del cannabis.
Este relato fue rápidamente amplificado por grandes medios internacionales. En 1998, el New York Times mencionó el fenómeno, y en años subsiguientes, corresponsales como Ishbel Matheson de la BBC aportaron testimonios anecdóticos que describían visiones y olvido del entorno real. La narrativa se expandió hasta llegar a Estados Unidos, donde foros de internet y padres preocupados alimentaron una alarma social desmedida. Incluso se llegó a promulgar ordenanzas municipales en ciudades como Bettendorf (Iowa) para prohibir la inhalación deliberada de vapores orgánicos con fines euforizantes.
Es crucial entender que este fenómeno no es un descubrimiento científico, sino una construcción social. La clasificación teórica de Lewin sobre sustancias psicoactivas ha sido extendida por algunos autores a esta categoría ficticia, denominándola «Excrementia», pero dicha taxonomía carece de respaldo en la literatura farmacológica seria.
La ciencia detrás del gas: metano y sulfuro de hidrógeno
Para comprender por qué el Jenkem no es una droga, debemos mirar a la química básica. Cuando los desechos orgánicos se fermentan en condiciones anaeróbicas (sin oxígeno), bacterias específicas producen gases como el dióxido de carbono y el metano.
El metano: inerte e inodoro
El metano es un gas simple, altamente inflamable pero farmacológicamente inactivo. No interactúa con los receptores del sistema nervioso central para producir placer, alucinaciones o cambios en el estado de ánimo. Es decir, inhalarlo no te «coloca».
El sulfuro de hidrógeno: un riesgo tóxico
Símbolo H2S, el sulfuro de hidrógeno es otro gas que puede aparecer en la fermentación. A concentraciones bajas, posee un olor característico a huevos podridos; a mayores concentraciones, paraliza los receptores olfativos y se vuelve inodoro, lo cual aumenta el riesgo de intoxicación sin que la víctima perciba la amenaza.
Aunque este gas es tóxico para las mucosas respiratorias y puede causar daño pulmonar en exposiciones prolongadas o masivas, no posee propiedades psicoactivas. Su efecto sería irritante o asfixiante, nunca euforizante.
El experimento de la realidad: ¿Coloca el Jenkem?
La curiosidad científica y el deseo de verificar los rumores llevaron a algunos usuarios de foros especializados a realizar experimentos caseros. El procedimiento descrito en estas narrativas implicaba fermentar materia fecal durante una semana, sellarla con bolsas o globos y aspirar el gas acumulado.
Los resultados documentados por estos «trip reports» son reveladores: los usuarios reportaron un olor ligeramente fétido, similar al amoniaco, pero carecieron de la euforia esperada. Algunos describieron una leve sensación de mareo o obnubilación, que se explica perfectamente por la hiperventilación (respirar aire con bajo contenido de oxígeno) y no por efectos farmacológicos.
Un ejemplo anecdótico ilustra esto: un usuario relató haber realizado el experimento tras una semana de fermentación. Al aspirar el gas, notó que el globo se desinflaba rápidamente debido a fugas o la naturaleza del gas. Los efectos subjetivos fueron mínimos y no confirmaron las visiones o alucinaciones descritas en los reportajes iniciales.
Reducción de riesgos: lecciones aprendidas
Aunque el Jenkem como droga psicoactiva es un mito, la práctica que lo rodea conlleva riesgos reales que merecen atención desde una perspectiva de reducción de daños:
- Intoxicación por gases: La inhalación repetida de aire desplazado puede provocar hipoxia (falta de oxígeno), mareos, pérdida del conocimiento y, en casos extremos, asfixia fatal.
- Infecciones transmisibles: Manipular excrementos humanos sin protección expone a enfermedades gastrointestinales como la hepatitis A o infecciones por Salmonella.
- Tóxicos químicos: La presencia de sulfuro de hidrógeno puede causar quemaduras en las vías respiratorias y daño pulmonar irreversible.
Desde Psiconáutica, recomendamos encarecidamente evitar cualquier práctica que implique la manipulación de desechos orgánicos con fines recreativos. No existe beneficio psicoactivo alguno que justifique el riesgo de salud física y mental.
Conclusión: David contra Goliat en las redes
El caso del Jenkem es un ejemplo paradigmático de cómo la desinformación, combinada con el miedo irracional a lo desconocido, puede generar una alarma social innecesaria. Las autoridades sanitarias y farmacológicas no han reconocido al Jenkem como sustancia psicoactiva porque carece de los mecanismos biológicos necesarios para alterar la mente.
La historia nos enseña que, en el ámbito del consumo de sustancias, la evidencia científica es nuestra mejor herramienta contra las leyendas urbanas. Mientras algunos medios y foros siguen alimentando el mito con historias inventadas o exageradas, la comunidad científica mantiene una postura clara: el Jenkem no existe como droga, pero los riesgos asociados a su supuesta preparación sí son reales y deben ser evitados.
En Psiconáutica, nuestro compromiso es promover un consumo responsable basado en la verdad, la evidencia y el respeto por la salud integral. La próxima vez que escuchen una historia sobre drogas prohibidas o exóticas, recuerden: si no hay estudio científico, probablemente sea solo otro mito esperando ser desmontado.