Peyote y otros cactus alucinógenos

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En breve: Una guía completa sobre los cactus psicoactivos más relevantes —peyote, San Pedro y mescalina—, que abarca su botánica, química, usos tradicionales y terapéuticos, efectos, dosificación y pautas de seguridad.

El peyote, el San Pedro y la mescalina: los cactus que llevan siglos alterando la conciencia humana

El nombre más común del peyote viene de la voz náhuatl peyotl; los tarahumaras lo llaman ciguri; los tepehuanis, kamaba; los huicholes, hikuri; los coras, hualari; y los comanches, wokow. Al peyote seco se le conoce también como botón de peyote.

Se cree que el nombre de San Pedro hace referencia a las propiedades enteogénicas del cactus, pues lleva el nombre del santo cristiano que guarda las puertas del Cielo. En Centroamérica el San Pedro recibe también los nombres de «aguacolla» o «gigantón».

El peyote es sumamente conocido por los efectos singulares que produce en el organismo cuando se ingiere. Su sabor es amargo, debido a la presencia de unos 50 alcaloides. Su principal alcaloide es la mescalina, que normalmente alcanza niveles que van de 1 a 6% del peso del «botón» de peyote seco (0,1 a 0,6% del peso del «botón» fresco). La mayoría de sus alcaloides pueden ser clasificados como beta-fenetilaminas, como la mescalina, o tetrahidroisoquinolinas, como la hordenina. Estos alcaloides generan embriaguez, visiones coloreadas, sensación de flotación, pérdida del sentido del tiempo.

En 1896 el farmacólogo alemán Arthur Heffter aisló la mescalina del peyote. Este fue el primer compuesto alucinógeno aislado por el ser humano. Esta sustancia actúa en el cuerpo humano de la misma manera que el neurotransmisor noradrenalina, y su ingestión provoca alteración de la conciencia. A dosis tóxicas produce síntomas como náusea severa, vómito, taquicardia, ansiedad e hipertensión arterial. Un riesgo importante al consumir mescalina es la posible aparición de un síndrome psicótico en algunas personas.

Además del peyote, se sabe que muchos otros cactus pueden tener propiedades farmacológicas o psicoactivas. Entre ellos destaca el cactus Doñana, de México, el cactus San Pedro, de los Andes, y alrededor de 15 especies usadas por los indios de México conocidas como falsos peyotes, que poseen propiedades medicinales. Muchos de estos cactus se encuentran en peligro de extinción, problema agravado por su recolección incontrolada.

El género Coryphantha tiene diversos alcaloides químicamente similares a la adrenalina. La especie Coryphantha macromeris (Doñana) posee un alcaloide llamado macromerina, con aproximadamente el 20% de la potencia de la mescalina. El género Mammillaria contiene sustancias enteógenas (tetrahidroisoquinolinas). Este género agrupa a los falsos peyotes más importantes usados como sustituto del peyote.

Entre los cactus que también producen mescalina destacan varias especies de Sudamérica pertenecientes al género Trichocereus, siendo el principal la especie T. pachanoi o cactus de San Pedro. Otros cactus como Aztekium ritterii, Lophophora diffusa y Pelecyphora aselliformis también la producen, pero en cantidades demasiado pequeñas para generar algún efecto psicotrópico.

Varias especies de cactus contienen los alcaloides hordenina y tiramina, ambos con propiedades antisépticas. Los indígenas usan los jugos de diferentes cactus para limpiarse la piel y como agente antibacteriano. Durante cientos de años los huicholes han frotado el peyote en las heridas para prevenir la infección y acelerar la curación. El peyote tiene muchos usos en la medicina tradicional: para tratar la artritis, la diabetes, los desórdenes intestinales, la mordedura de serpiente, la picadura de escorpión, y para combatir el hambre, la sed y el agotamiento.

Coryphantha macromeris es muy popular y respetada entre los chamanes, que la utilizan como alucinógeno. Su ingesta produce náuseas intensas y efectos posteriores como visiones distorsionadas y sentimientos de irrealidad. Los tallos de Pachycereus pecten-aboriginum se utilizan para curar úlceras gástricas y como apósitos para calmar dolores reumáticos y procesos inflamatorios; de ellos se obtiene también una bebida que causa vértigo y alucinaciones visuales.

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Peyote L. williamsii

El peyote crece en conjuntos llamados «manchas», al abrigo de arbustos o plantas con púas que lo protejan de las heladas y de los depredadores. Es un cactus pequeño de color verde grisáceo cuyas raíces en forma de cono se hunden profundamente en la tierra. Su crecimiento es muy lento: requiere más de 15 años para llegar a la madurez. Normalmente tiene un diámetro de 2 a 15 cm y puede tener entre 5 y 13 meristemas (gajos). A los que tienen cinco se les conoce como «estrellas» y se supone que son los más buscados por sus poderosas concentraciones psicoactivas. Sus flores, blancas con una aureola rosácea, miden cerca de 2,5 cm. Se recoge antes del tiempo de lluvias que antecede a la floración, cortándose a ras de suelo para que de la raíz brote una nueva cabeza. Cuando se seca, se encoge y adquiere un color gris oscuro; entonces se le conoce como «botón». Sus semillas son de color negro, verrugosas y de tamaño minúsculo. Tardan alrededor de 3 a 6 meses en desarrollarse y, una vez maduras, sobresalen a través del meristemo apical de la planta dentro de una vaina carnosa de color rosáceo-rojizo o blanquecino amarillento.

San Pedro T. pachanoi

El San Pedro es un cactus columnar, largo y de crecimiento rápido. Cada año se eleva aproximadamente un metro y su diámetro aumenta alrededor de 12 centímetros. Estos cactus crecen de forma natural en ciertas zonas de Chile, Perú y Bolivia.

Mescalina

La mescalina es un alcaloide sumamente estable. La mescalina pura tiene el aspecto de pequeños cristales de color blanco y sabor muy amargo. Fue aislada en 1896 por el farmacólogo Arthur Heffter. Se la llamó así porque fue extraída del peyote seco que, según los científicos europeos de la época, se conocía como botón de mezcal. La mescalina se presenta en forma de polvo blanco cristalizado, lo que la hace parecerse a la cocaína. Puede presentarse también en forma de pastillas o de solución; a causa de su gusto metálico muy desagradable y de su olor nauseabundo, se comercializa generalmente en cápsulas. La mescalina fue fabricada antes de junio de 1966 en la República Federal Alemana para fines terapéuticos; a partir de esa fecha fue prohibida su producción, venta y uso. El San Pedro es la tercera cactácea con mayor concentración de mescalina, después del peyote y la variedad Trichocereus peruvianus, más difícil de encontrar.

Falsos peyotes

No existen formas de adulteración propiamente dichas. Sin embargo, algunos otros cactus se han hecho pasar por peyote para engañar a los consumidores novatos, especialmente Pelecyphora aselliformis y Ariocarpus retusus, llamados por los indígenas de México «peyotillos» o falsos peyotes.

La mescalina pura es muy difícil de conseguir porque tanto la prohibición como sus altos costos han hecho que prácticamente no exista en el mercado. Ha sido sustituida principalmente por el LSD.

Mecanismo de acción y formas de empleo

En estado natural los gajos del peyote se mastican solos o acompañados de algún líquido, preferentemente jugos cítricos, pues su sabor es bastante amargo. Cuando el cactus se deshidrata retiene la mescalina indefinidamente y puede reducirse a polvo para prepararse en té o añadirse a un jugo de fruta. El San Pedro se consume en polvo debido a la consistencia poco agradable del cactus y la amargura de su sabor. Las mayores concentraciones de mescalina se hallan en la piel verde del cactus, que se pela cuidadosamente y se seca a bajas temperaturas para después reducirse a polvo. La mescalina pura se administra por vía oral o intravenosa. Los efectos del peyote o del San Pedro ingeridos crudos o secos, al igual que los de la mescalina por vía oral, comienzan entre los 60 y 90 minutos después de la ingestión y duran entre 7 y 12 horas. Los efectos de la mescalina inyectada comienzan entre los 10 y los 20 minutos. La mescalina posee casi la misma estructura química que la noradrenalina, por lo que actúa instalándose en los receptores de esta, ocasionando alteraciones en la conciencia y en la percepción, principalmente a nivel visual. Aunque gran parte de los efectos de estas cactáceas se deben a la mescalina, otros alcaloides contribuyen a que la experiencia con peyote o San Pedro sea diferente a la de la mescalina pura; la peyotina, por ejemplo, presenta efectos narcóticos cuando se consume de forma aislada.

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Usos terapéuticos

En la actualidad algunas personas suelen macerarlo en alcohol y utilizarlo como remedio contra el reumatismo. Se ha demostrado que el extracto de peyote tiene actividad antibiótica, lo que justifica su uso para tratar heridas y como analgésico. El peyote se prescribe también como emético (inductor del vómito), como estimulante cardíaco y como narcótico (reduce o alivia el dolor).

Efectos psíquicos

Las alucinaciones visuales y sensoriales son diversas según el estado psicológico del sujeto. En general, se trata de una sucesión de visiones de colores de forma y tono cambiante. Existe también un sentimiento de actividad intelectual y física aumentada, así como una sensación de ingravidez. La hiperestesia visual y el aumento de la intensidad de los sonidos son frecuentes. El contacto con el mundo exterior se ve modificado. Bajo la mescalina, ciertas visiones pueden conllevar pesadillas susceptibles de engendrar psicosis en el usuario. Otros efectos secundarios son ansiedad, sensación de terror, etc.

Efectos físicos

Principalmente náuseas y vómitos acompañados en ocasiones de diarrea y rigidez en las extremidades. En muchos casos los vómitos no se producen. Asimismo puede aparecer taquicardia, sensación de frío, sudores, dolor de cabeza, temblores, incoordinación, etc. En estudios científicos sobre consumo de peyote no se encontraron daños en los cromosomas. El principal riesgo de los cactus que contienen mescalina es la posibilidad de que se produzca un episodio psicótico, que puede ser fácilmente controlado con el uso de una benzodiacepina. Estos episodios pueden ser evitados o desencadenados por la situación exterior o el estado psicológico del individuo. Quienes tienen experiencia en la materia aconsejan que, sobre todo la primera experiencia, se realice en el campo o un lugar similar y no en una ciudad, debido a los problemas que podrían surgir por los efectos alucinógenos y la alteración de la percepción.

Dosificación

Las dosis bajas son de 1 a 2 cabezas de peyote; las medias, de 3 a 6; y las altas, de 7 a 10 cabezas. No hay evidencias de dosis letales. Respecto al San Pedro, se calcula que la superficie de 30 cm de piel seca del cactus reducida a polvo constituye una dosis media. También puede ingerirse como decocción: la corteza verde de 40 cm de cactus fresco se pone a hervir con una corteza de naranja, canela y clavo durante 4-5 horas. Las dosis bajas de mescalina pura van de 150 a 200 mg; las medias, de 300 a 500 mg; y las altas, de 800 a 1.000 mg (estas dosis altas dependen del individuo y la tolerancia, puesto que pueden generar concentraciones tóxicas en el organismo). En este caso tampoco se ha observado la existencia de una dosis letal.

En cuanto al potencial de dependencia, cabe señalar que la tolerancia es prácticamente nula si las dosis se espacian un mes como mínimo. Solo tras años o décadas de administraciones mensuales o quincenales la dosis puede doblarse o triplicarse. No hay indicios de que el consumo de peyote genere adicción física o psicológica.

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¿Qué hacer en caso de emergencia?

Una sobredosis puede ocasionar arritmias peligrosas, por lo que debe considerarse una urgencia médica. Los efectos de un «mal viaje» pueden ser suavizados con 20 mg de diacepam o suspenderse con 50 mg de clorpromazina o haloperidol. Si se llega a un estado de pánico no es recomendable intentar medicarse de forma autónoma, pues se puede exceder la dosis. Por ello es necesario, sobre todo en los primeros ensayos, contar con alguien sobrio al lado o con alguien que haga el papel de guía. Lo más seguro es buscar asistencia médica en un servicio de urgencias. Algunas sustancias, como la insulina, incrementan la toxicidad de la mescalina; es posible que la combinación de insulina y una dosis alta de mescalina resulte fatal. Las mujeres embarazadas deberían abstenerse: aunque no existen estudios realizados en humanos, la mescalina podría provocar algún tipo de daño en el feto, al igual que el alcohol o el café.

Consultorio: psilocibina y uso terapéutico

Acabo de leer el artículo sobre los hongos Psilocybes y me gustaría saber si el Psilocybe cubensis tendría uso en farmacología con fines curativos o profilácticos. (C.L.)

El Psilocybe cubensis (cucumelo) es un hongo estercolero, coprófilo y gregario; sus esporas germinan en el estiércol de rumiantes, en lugares soleados y principalmente durante el verano. La combinación de la fermentación y descomposición del estiércol (durante aproximadamente dos semanas), con las lluvias y las temperaturas elevadas, hace que las esporas germinen y el hongo crezca. El sombrerillo es cónico o convexo (hasta 7 cm de diámetro y 8,5 cm de altura); el tallo es hueco, de color blanco cremoso o amarillo amarronado. Cuando se lesiona o transcurren cuatro días, el hongo adopta un color azul negruzco. Cuando está bien desarrollado se forma un anillo blanco, membranoso y resistente, que luego se vuelve negruzco. Por su corta vida, los aficionados a estos hongos se apresuran a conseguirlos.

La psilocibina fue propuesta como medicamento de uso psiquiátrico con el nombre comercial de Indocybin, al igual que el LSD-25, que se comercializó con el nombre de Delysid. Se paralizaron los estudios clínicos que se estaban realizando, cerrando la puerta a su posible uso en psiquiatría. Actualmente se está investigando con estas sustancias sobre todo en el campo de la psicoterapia, desde enfoques diversos. Al margen de su uso en investigación, no existe ninguna aplicación en farmacoterapia. Hay quien propone incluir a la psilocibina entre los «psicotrópicos» sin utilidad médica o científica reconocida. Esta sustancia, una vez incorporada al organismo, modifica la afectividad, la relación con el mundo exterior y el comportamiento. Se producen fenómenos psicosensoriales, despersonalización y construcciones delirantes. La duración de los efectos es de aproximadamente dos horas, acompañados de alucinaciones, hipertermia, pérdida de la conciencia y convulsiones tónico-clónicas. Puede provocar la muerte en niños. Puede producir «psicosis experimental», similar a la esquizofrenia, con alteraciones cromosómicas en los glóbulos blancos. Provoca alucinaciones recurrentes en ausencia de la sustancia en sangre (flashback o reacción de «eco»). Si la dosis es pequeña (hasta 8 mg), después de 30 minutos de su ingesta provoca sensación de relax físico y mental, fatiga y cambios en la percepción visual y auditiva. Si la dosis es grande (superior a los 13 mg), se instalan vértigos, desvanecimientos, malestar abdominal, adormecimiento de la lengua, náuseas, temblores y ansiedad. Los cambios en la percepción serán graduales y similares a los que origina el LSD, seguidos de pérdida de la noción del tiempo, desequilibrio, transpiración facial, agitación e incapacidad de concentrarse.

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