Psilocibina y alcoholismo: qué muestra el ensayo aleatorizado de JAMA

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Redacción Psiconáutica

En breve

  • Un ensayo aleatorizado y doble ciego con 93 personas comparó psilocibina frente a un placebo activo, ambos acompañados de psicoterapia, en el trastorno por consumo de alcohol.
  • Durante el seguimiento, el grupo de psilocibina redujo los días de consumo intenso a la mitad respecto al placebo (9,7 % frente a 23,6 %).
  • Es un resultado prometedor pero de fase temprana: muestra pequeña, contexto clínico con acompañamiento y ciego difícil de mantener. No es un tratamiento aprobado ni una cura.

La idea de usar psicodélicos para ayudar a quien lucha con el alcohol no es nueva: ya en los años cincuenta y sesenta se experimentó con LSD. Lo distinto ahora es el método. En 2022, la revista JAMA Psychiatry publicó el primer ensayo clínico aleatorizado y con placebo que puso a prueba la psilocibina, la molécula de las setas mágicas, combinada con psicoterapia para tratar el trastorno por consumo de alcohol. El resultado principal fue notable, y también lo son sus límites.

El estudio

El trabajo, dirigido por Michael P. Bogenschutz y su equipo (Universidad de Nueva York, entre otros centros), es un ensayo de fase 2, doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo activo. Participaron 95 adultos de entre 25 y 65 años con diagnóstico de trastorno por consumo de alcohol, de los que 93 entraron en el análisis principal. Todos recibieron 12 semanas de psicoterapia estructurada. La diferencia estaba en dos sesiones largas, en las semanas 4 y 8: la mitad recibió psilocibina y la otra mitad difenhidramina, un antihistamínico usado como placebo activo (produce cierta sedación, lo que dificulta adivinar en qué grupo se está). El seguimiento del consumo se extendió a lo largo de 32 semanas.

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Qué se encontró

La medida principal era el porcentaje de días de consumo intenso (heavy drinking days). En el grupo de psilocibina fue del 9,7 %; en el de placebo, del 23,6 %. Es decir, aproximadamente la mitad de días problemáticos, con una diferencia media de 13,9 puntos porcentuales (intervalo de confianza del 95 %: de 3,0 a 24,7) y una significación estadística de p = 0,01. El consumo medio diario de alcohol también fue menor en quienes recibieron psilocibina. Sobre seguridad, los autores no registraron efectos adversos graves atribuibles a la psilocibina en el entorno controlado del ensayo, con personal preparado y cribado previo de los participantes.

Qué significa (y qué no)

El hallazgo es alentador y coherente con lo que se está viendo en otros trastornos, como la depresión resistente. Pero conviene leerlo con calma. Primero, es un ensayo de fase temprana con una muestra pequeña: 93 personas no bastan para dar por probado un tratamiento, y hará falta replicarlo en estudios más grandes. Segundo, el efecto no procede de una pastilla aislada, sino de un paquete: cribado, preparación, dos sesiones de varias horas con terapeutas presentes y sesiones de integración posteriores. Separar cuánto aporta la molécula y cuánto el acompañamiento psicológico es una de las grandes preguntas abiertas.

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Hay otra cautela metodológica importante: mantener el «ciego» con psicodélicos es difícil. Muchos participantes intuyen si han tomado la sustancia activa por sus efectos subjetivos, y esa expectativa puede influir en los resultados. Los autores lo reconocen. Además, quienes participaron lo hicieron de forma voluntaria y motivada, en un marco clínico seguro; eso no equivale al autoconsumo por cuenta propia, sin cribado ni acompañamiento, que conlleva riesgos distintos —desde experiencias psicológicas difíciles hasta interacciones con otras condiciones de salud.

Desde la reducción de daños, la lectura honesta es doble. Ni «milagro» ni sustancia a demonizar: la evidencia sugiere que, en un contexto terapéutico bien diseñado, la psilocibina puede abrir una ventana de cambio para personas que no han encontrado alivio con los abordajes habituales. Al mismo tiempo, sigue siendo investigación en curso. En la mayoría de países, incluida España, la psilocibina no está aprobada como medicamento y su posesión está regulada; eso es un dato objetivo del marco legal, no un juicio moral sobre quien la investiga o la consume. Lo razonable, hoy, es seguir de cerca los ensayos de fase 3 y no confundir una señal prometedora con una recomendación de tratamiento.

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Fuente

Contenido divulgativo elaborado desde la reducción de daños y el respeto a la libertad individual. No sustituye la información de un profesional sanitario ni pretende fomentar ni condenar ningún consumo.

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