Historia de la ketamina: del quirófano a la psiquiatría

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Redacción Psiconáutica

En breve

  • La ketamina se sintetizó en 1962 como anestésico más seguro y llegó a la lista de medicamentos esenciales de la OMS.
  • Desde 2000 se estudia su efecto antidepresivo rápido; en 2019 la FDA y la EMA aprobaron la esketamina para la depresión resistente.
  • Es una molécula con un recorrido amplio: anestésico, medicamento psiquiátrico y sustancia de uso recreativo. Conocer cómo actúa ayuda a decidir con información y a cuidar el contexto ante riesgos como la dependencia o el daño vesical.

Pocas moléculas han recorrido un camino tan largo como la ketamina: de anestésico de quirófano y de campo de batalla a una de las novedades más comentadas de la psiquiatría reciente. Repasamos su historia con rigor y sin sensacionalismo.

Un anestésico nacido en 1962

La ketamina fue sintetizada en 1962 por el químico Calvin Stevens, que colaboraba con la farmacéutica estadounidense Parke-Davis. La búsqueda partía de un problema concreto: la fenciclidina (PCP), un anestésico anterior, provocaba estados de agitación y alteraciones psiquiátricas prolongadas. Se buscaba un compuesto emparentado pero más manejable y de acción más breve. El nuevo candidato, identificado en el laboratorio como CI-581, cumplía esa promesa. Los primeros ensayos en humanos comenzaron en 1964, dirigidos por los investigadores Edward Domino y Guenter Corssen. Ellos describieron un estado peculiar en el que el paciente parecía desconectado del entorno sin perder del todo la consciencia ni la respiración; lo llamaron «anestesia disociativa», un término que sigue usándose.

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Del quirófano al campo de batalla

En 1970 la ketamina recibió la autorización de la agencia estadounidense del medicamento (FDA) como anestésico para uso humano, comercializada como Ketalar. Su ventaja era notable frente a otros anestésicos de la época: a dosis quirúrgicas tiende a preservar el impulso respiratorio y a mantener la presión arterial, y puede administrarse por vía intramuscular cuando no hay acceso venoso. Esas propiedades la hicieron especialmente útil en entornos con medios limitados, desde la cirugía pediátrica hasta la medicina de urgencia y los escenarios bélicos. Por eso la Organización Mundial de la Salud la incluye en su Lista de Medicamentos Esenciales como anestésico general. Décadas después sigue siendo una herramienta habitual en anestesia y en el tratamiento del dolor.

Del uso recreativo a la fiscalización

El mismo efecto disociativo que la hacía valiosa en el quirófano explica su llegada a los espacios de ocio. Desde los años ochenta y, sobre todo, noventa, la ketamina se hizo presente en la noche bajo nombres como «Special K» o simplemente «K». Ese uso creciente llevó a las autoridades estadounidenses a incluirla en 1999 en la Lista III de sustancias controladas, una categoría que reconoce su valor terapéutico a la vez que regula su acceso. En España y en la Unión Europea es un medicamento sujeto a prescripción; ese es su marco legal actual, que recogemos aquí como dato de contexto.

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El giro psiquiátrico

El capítulo más reciente empezó en el año 2000, cuando el equipo de Robert Berman publicó en Biological Psychiatry el primer ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo que sugería un efecto antidepresivo. En un grupo pequeño de pacientes con depresión, una única dosis intravenosa subanestésica se asociaba a mejoras del estado de ánimo en cuestión de horas, un ritmo muy distinto al de los antidepresivos clásicos, que tardan semanas. Ese hallazgo abrió dos décadas de investigación sobre el papel del sistema del glutamato y del receptor NMDA en la depresión. El resultado más visible llegó en 2019: la FDA (marzo) y la EMA europea (18 de diciembre) autorizaron la esketamina, uno de los componentes de la ketamina, en aerosol nasal. Su indicación es concreta: adultos con trastorno depresivo mayor resistente al tratamiento, en combinación con otro antidepresivo (ISRS o IRSN) y administrada bajo supervisión sanitaria por los efectos de sedación y disociación. Buena parte de la investigación sobre otras aplicaciones sigue siendo preliminar o experimental, un terreno abierto que conviene seguir con interés y con calma.

Reducción de daños

Quien decide explorar la ketamina fuera del ámbito médico puede reducir riesgos conociendo cómo actúa. La disociación afecta a la percepción y a la coordinación, así que ayuda elegir un entorno seguro y tranquilo, cuidar el set y el setting, evitar conducir o manejar maquinaria y contar con alguien de confianza cerca. Combinarla con alcohol u otros depresores puede afectar a la respiración, de modo que espaciar o evitar esas mezclas es la opción más cuidadosa. El uso frecuente se asocia a dependencia y a una afectación característica de la vejiga (la llamada cistitis por ketamina); la evidencia apunta a que reducir la frecuencia y, sobre todo, hacer pausas o dejarlo suele mejorar esos síntomas. Ante molestias urinarias persistentes, dolor abdominal o malestar psicológico, consultar con un profesional sanitario es una buena forma de cuidarse. Y si atraviesas un momento difícil o tienes ideas de hacerte daño, pedir ayuda también es cuidarse: en España puedes llamar al 024, línea de atención a la conducta suicida.

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Fuentes

Contenido divulgativo elaborado desde la reducción de daños y el respeto a la libertad individual. No sustituye la información de un profesional sanitario ni pretende fomentar ni condenar ningún consumo.

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