La ketamina y la MDMA dejan huella en la metilación del ADN

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Redacción Psiconáutica · 29 de agosto de 2026

En breve

  • Translational Psychiatry, del grupo Nature, publica el primer trabajo que compara en un mismo estudio la huella epigenética de la ketamina y la de la MDMA.
  • La ketamina modificó 1.210 puntos de metilación y la MDMA 2.074; casi todos distintos, salvo dos genes coincidentes, PTPRN2 y SHANK2, relacionados con la plasticidad neuronal.
  • Son 36 personas en total y varios autores declaran vínculos económicos con organizaciones y empresas del sector.

La metilación del ADN es una marca química que se coloca sobre el material genético sin alterar su secuencia y que funciona como un interruptor: activa o silencia genes según lo que ocurre en el organismo. Un equipo de la Universidad Estatal de Arizona, la Universidad del Sur de California y la empresa de análisis genéticos TruDiagnostic ha mirado qué les pasa a esos interruptores en personas que han recibido ketamina o MDMA en un contexto clínico.

Cómo se midió

Los investigadores tomaron muestras de sangre de 20 personas tratadas con ketamina y muestras de saliva de 16 participantes en un ensayo con MDMA, antes y después del tratamiento, y compararon qué posiciones del genoma habían cambiado de estado. Es lo que en la jerga se llama un estudio de asociación a escala epigenómica; en cristiano, un barrido para ver dónde se movió algo.

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Rutas distintas, dos puntos en común

La ketamina alteró la metilación en 1.210 posiciones, asociadas a 405 genes y 169 redes funcionales. La MDMA afectó a 2.074 posiciones, ligadas a 346 genes y 183 redes. Los listados apenas se solapan, y en varios casos la dirección del cambio fue opuesta entre una sustancia y otra. Pero dos genes aparecieron en ambos: PTPRN2 y SHANK2, los dos implicados en la comunicación entre neuronas y en la plasticidad sináptica, justo el terreno donde la investigación viene situando el efecto antidepresivo rápido de estos compuestos. El análisis señaló también genes vinculados a la regulación inmunitaria, una línea que gana peso en psiquiatría desde hace unos años.

Qué implica

El tamaño manda: 36 personas en total. Las muestras son de sangre y saliva, no de tejido cerebral, al que no hay forma de acceder en vivo, de modo que la extrapolación a lo que ocurre en las neuronas es una inferencia, no una medición. El estudio tampoco mide si esos cambios se traducen en mejoría clínica ni cuánto duran. Los propios autores lo describen como una primera fotografía. Hay además conflictos de interés declarados en el artículo que conviene tener a la vista: la investigación se financió con fondos de dos organizaciones sin ánimo de lucro que promueven este campo, una de las autoras cobró de MAPS o de Lykos Therapeutics mientras trabajaba en el ensayo del que proceden las muestras de MDMA, y dos autores más son empleados de la empresa que hizo los análisis genéticos. Nada de eso invalida los datos, pero forma parte de lo que hay que saber para pesarlos. Aun así, el trabajo abre una vía interesante: si estas sustancias dejan una marca epigenética medible en sangre, quizá algún día se pueda seguir su efecto sin depender solo de cuestionarios.

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Fuente

Contenido divulgativo elaborado desde la reducción de riesgos y el respeto a la libertad individual. No sustituye la información de un profesional sanitario ni pretende fomentar ni condenar ningún consumo.

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