El LSD acelera los ritmos cerebrales y eleva la complejidad neural

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Redacción Psiconáutica · 8 de octubre de 2026

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En breve

  • Un reanálisis de magnetoencefalografía (MEG) con 17 voluntarios indica que el LSD acelera los ritmos alfa y beta del cerebro, además de debilitarlos.
  • La señal cerebral se vuelve más compleja y más fractal en redes sensoriales, del lenguaje, emocionales y de imaginería, y no en la corteza motora.
  • La música no reforzó de forma robusta estas huellas; mostró incluso una tendencia a atenuarlas.

Un equipo liderado desde la Universidad de Montreal ha vuelto a analizar registros de magnetoencefalografía de voluntarios bajo los efectos del LSD. Su conclusión: el fármaco, además de amortiguar la actividad rítmica de la corteza, cambia la frecuencia a la que oscila. El trabajo se publicó el 7 de octubre de 2026 en Communications Biology.

Menos potencia, pero también ritmos más rápidos

Un resultado clásico de la investigación con psicodélicos es la «desincronización» cortical, que suele deducirse de una caída en la potencia espectral. Los autores señalan un problema de método: si el pico de un ritmo se desplaza hacia frecuencias más altas, medido con bandas fijas puede parecer que se debilita cuando en realidad ha cambiado de velocidad. Por eso aplicaron una parametrización espectral que separa la actividad rítmica de la no rítmica.

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Con ese enfoque encontraron aumentos robustos y con patrón espacial en las frecuencias de pico de los ritmos alfa y beta, junto con una atenuación real de la potencia oscilatoria. Ambos fenómenos tenían distribuciones corticales en parte distintas. Más allá de los ritmos, el LSD se asoció con un aplanamiento de la pendiente espectral 1/f y con mayor fractalidad y complejidad de la señal. Estos cambios se concentraron en redes sensoriales, del lenguaje, emocionales y de imaginería, y respetaron la corteza motora. Los modelos de aprendizaje automático señalaron los desplazamientos de frecuencia de pico, los parámetros aperiódicos y las medidas de complejidad como los rasgos que mejor distinguían el estado psicodélico del placebo.

Los datos y el papel de la música

No se trata de un ensayo nuevo. Los autores reutilizaron datos de 17 participantes recogidos por Carhart-Harris y colaboradores, con un diseño intraindividuo, simple ciego y orden contrabalanceado. En una sesión recibían 75 µg de LSD por vía intravenosa y en otra suero salino, con 14 días de separación. La MEG se registró unas cuatro horas después de la inyección, en tramos de siete minutos con los ojos cerrados, con o sin música: dos fragmentos de un disco de ambient electroacústico.

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La música no amplificó de forma robusta las huellas del LSD y mostró una tendencia a atenuarlas. Los autores lo relacionan con trabajos previos según los cuales el efecto agudo de los psicodélicos puede decaer cuando la persona atiende a estímulos externos. Las correlaciones globales con la experiencia subjetiva fueron exploratorias y no se corrigieron por comparaciones múltiples.

Qué implica

El estudio ofrece una descripción electrofisiológica más fina de cómo el LSD reorganiza la dinámica cortical y propone rasgos que podrían diferenciar su firma de la de otros psicodélicos, aunque esa comparación queda como hipótesis. Los propios autores advierten de las limitaciones: la muestra es de solo 17 personas, el análisis puede carecer de potencia para detectar la interacción entre fármaco y música, y las valoraciones subjetivas se recogieron respecto al pico de efecto mientras que la MEG se adquirió unos 150 minutos después de ese pico de efecto. Tampoco hubo registro de electromiografía para comparar la actividad muscular entre condiciones. Son hallazgos de neurociencia básica, no de eficacia terapéutica.

Si quieres más contexto sobre esta sustancia, puedes consultar nuestra guía sobre el LSD y el cornezuelo del centeno. Sobre otro trabajo reciente de neuroimagen, lee el mayor mapeo cerebral de psicodélicos.

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Fuente

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