Cannabis y creatividad: conceptos, dopamina y mente abierta

Artículos relacionados

En breve: La idea de que el cannabis «desbloquea» la creatividad es atractiva, pero más matizada de lo que parece. Repasamos cómo los conceptos estructuran nuestra percepción, la diferencia entre pensamiento convergente y divergente y las hipótesis neuroquímicas que se han propuesto (dopamina, serotonina, sobreinclusión), separando lo que es modelo explicativo de lo que es evidencia firme.

Por qué dos personas ven el mismo mundo de forma distinta

Imagine a un niño de dos o tres años sentado en la alfombra del salón con dos adultos. De repente, uno de esos adultos empieza a levitar y a dar vueltas por la habitación. Probablemente el niño apenas se inmute, o se muestre solo levemente sorprendido. El otro adulto, en cambio, pasaría de la incredulidad al estupor, y de ahí muy posiblemente al miedo, al pánico o a cuestionarse su propia salud mental.

¿Qué separa a una mente de la otra? La respuesta está en algo tan cotidiano que casi no lo notamos: los conceptos y las categorías con que ordenamos la realidad. El adulto ha aprendido reglas sólidas sobre lo que «puede» y «no puede» pasar; el niño todavía no.

El cerebro cataloga: conceptos, categorías e ilusiones

El mundo presenta rasgos que agrupamos en categorías para no tener que memorizarlo todo por separado. Bajo el concepto «fruta» caben plátanos, fresas, peras o kiwis, y esa etiqueta ya nos adelanta qué esperar: que se puede comer, que quizá haya que pelarla, que no habla ni se mueve. Así dejamos acotada una parte del mundo sin examinarla de cero cada vez.

El problema aparece cuando algo no encaja en ninguna casilla. Una ballena es un mamífero, pero por forma y hábitat la asociamos antes a un pez. Ese roce entre lo que percibimos y la categoría disponible es justo lo que explotan las ilusiones ópticas: el cerebro intenta «catalogar» de inmediato lo que ve, aunque a veces se equivoque hasta que comprende qué está mirando.

Leer más  Cocaína base / Crack (I)

Aquí entra el protagonista: el cannabis. Como otras sustancias de la despensa psiconáutica, se usa desde hace milenios para inducir estados modificados de consciencia. Y en esos estados cambia la forma en que el cerebro integra la información, de modo que también parece cambiar el mundo exterior, porque el único mundo al que tenemos acceso directo es el interior. La hipótesis divulgativa habitual es que el cannabis afloja esas barreras conceptuales y deja que la información circule y se combine de otro modo.

Pensamiento convergente y pensamiento divergente

Durante mucho tiempo, ser «inteligente» se asoció casi en exclusiva al pensamiento convergente: a partir de unos datos se busca la única respuesta válida o convencionalmente aceptada. Es eficaz, pero deja al pensador atrapado en los límites de lo establecido.

La psicología contemporánea da cada vez más peso al pensamiento divergente: generar muchas ideas o soluciones distintas a partir de la misma información, sin cerrarse a una sola salida. Es el terreno donde suele situarse la creatividad.

La intuición de muchos consumidores es que el cannabis empuja hacia ese modo divergente. Pensemos en la sensibilidad musical que algunos describen al estar fumados, o en un músico que compone en ese estado: el resultado será distinto del que habría salido en sobriedad. Conviene, eso sí, un matiz importante: cualquier alteración notable del cuerpo y la mente cambia cómo creamos. Pasar 48 horas sin comer también modificaría esa música. Que algo sea diferente no implica automáticamente que sea mejor ni más original; es una afirmación que hay que medir, no dar por hecha.

Dopamina, serotonina y creatividad: una hipótesis, no una certeza

Se ha intentado anclar la creatividad en niveles de neurotransmisores, sobre todo dopamina y serotonina. Pero lo que existe es una relación difusa, no causal y limpia: la mente es un fenómeno demasiado global como para reducirla a la concentración de dos moléculas.

Leer más  Uso terapéutico de plantas mágicas (II)

Hans Eysenck, ya en los años noventa, propuso vincular dopamina y serotonina con el pensamiento creativo dentro de su modelo de personalidad. Allí describió una dimensión llamada psicoticismo o «dureza mental» (que no debe confundirse con la psicopatía ni con un trastorno), asociada a personas muy competitivas y orientadas al logro. Esa motivación intensa se ha relacionado con niveles altos de dopamina, el neurotransmisor que se libera al anticipar una recompensa, y algunos estudios la han conectado a su vez con mayor originalidad.

En este modelo entra la serotonina como reguladora: cuando se libera en cantidad, tiende a reducir la actividad dopaminérgica. El juego entre ambas es especialmente relevante en las vías mesolímbica y mesocortical, donde se procesan emociones, motivación, impulsividad, afecto, empatía y la combinación de información. La hipótesis es que ciertos desequilibrios en ese balance podrían favorecer procesos mentales más asociativos.

Importa subrayar el «podría». Son marcos explicativos útiles para pensar, no leyes demostradas. Y nada de esto ocurre en el vacío: el aprendizaje, la educación y el contexto cultural pesan tanto o más que cualquier neurotransmisor a la hora de explicar por qué alguien crea.

La «sobreinclusión»: cuando se aflojan los filtros

Un concepto clásico para hablar de creatividad es la sobreinclusión, acuñado por Norman Cameron al estudiar el pensamiento en la esquizofrenia. Describe una reducción de la inhibición mental que facilita producir información y combinaciones nuevas, es decir, mezclar categorías que normalmente mantendríamos separadas.

La lógica que se propone es que el cannabis, al alterar ese equilibrio dopamina-serotonina, llevaría a manejar la información de forma más global y abierta, menos pegada al concepto concreto. De ahí los efectos que muchas personas describen: relajación, mayor empatía, más tolerancia a situaciones que antes tensaban, y esa sensación de «conectar» ideas dispares que a veces ayuda a mirar un problema —de pareja, una situación emocional encallada— desde otro ángulo.

Leer más  Hedonismo Sostenible (VI)

Que ese origen del concepto esté en la psicopatología no debe leerse como una validación: es un recordatorio de que aflojar los filtros tiene dos caras. La misma apertura que a veces ayuda a asociar también puede dispersar, saturar o generar conexiones que parecen reveladoras y luego no sostienen nada.

Lectura crítica

Conviene tomar todo lo anterior como un mapa conceptual, no como un manual cerrado:

  • Correlación no es causalidad. Las relaciones entre neurotransmisores y creatividad descritas por Eysenck y otros son difusas y discutidas. Reducir la creatividad a «más dopamina» es una simplificación.
  • «Diferente» no equivale a «mejor». Bajo los efectos cambia la autopercepción de la propia producción; lo que se siente brillante mientras se está fumado no siempre lo es al revisarlo en frío.
  • Efectos variables. Dosis, variedad, tolerancia, expectativas y contexto modulan mucho la experiencia. Lo que en una persona abre, en otra produce ansiedad, bloqueo o embotamiento.
  • Sin recetas de consumo. Este texto no propone cómo, cuánto ni cuándo. Si se decide consumir, el marco mínimo es legalidad, mayoría de edad, no conducir ni operar maquinaria, evitar mezclas y atender a antecedentes de salud mental, donde el cannabis puede actuar como factor de riesgo.

La relación entre cannabis y creatividad es real como objeto de interés y de investigación, pero está lejos de ser un atajo garantizado. Sirve más como invitación a entender cómo funciona nuestra mente —cómo categorizamos, integramos y a veces desbordamos la información— que como promesa de inspiración a demanda.

Sigue leyendo en Psiconáutica

More on this topic

Comments

Advertismentspot_img

Popular stories