Psilocibina y depresión resistente: qué dice el ensayo EPISODE

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Redacción Psiconáutica

En breve

  • Un ensayo alemán con triple ciego y placebo activo (nicotinamida) probó una dosis única de 25 mg de psilocibina con acompañamiento psicoterapéutico en depresión resistente al tratamiento.
  • No alcanzó su objetivo principal: la tasa de respuesta a las 6 semanas fue del 17% con psilocibina frente al 10,6% del placebo, una diferencia no significativa.
  • Sí hubo mejoras claras en objetivos secundarios y una respuesta rápida en la primera semana, junto a efectos adversos que conviene tomar en serio.

La psilocibina lleva años acaparando titulares como posible tratamiento para las depresiones que no responden a los fármacos habituales. Un ensayo riguroso publicado en 2026, conocido como EPISODE, aporta una imagen más matizada: la sustancia mostró señales de eficacia, pero no logró superar a su comparador en la medida principal que se había fijado de antemano. El resultado, en palabras de sus propios autores, es «no concluyente».

El estudio

El trabajo se publicó en JAMA Psychiatry en 2026 (Mertens y colaboradores) y corresponde a un ensayo de fase 2b realizado en dos centros de Alemania. Su diseño es de los más exigentes que se han aplicado a un psicodélico: triple ciego (ni la persona participante, ni quien administra, ni quien evalúa sabían qué se había dado) y con un placebo activo, la nicotinamida (vitamina B3), elegido precisamente para dificultar que se adivinara quién había recibido la sustancia real. Se aleatorizó a 144 personas con depresión resistente al tratamiento en cuatro grupos, que recibieron psilocibina de 25 mg, psilocibina de 5 mg o el placebo, siempre acompañadas de apoyo psicoterapéutico. El análisis principal de eficacia incluyó a 142 participantes.

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Qué se encontró

El objetivo principal era la «tasa de respuesta» a las seis semanas, definida como una reducción de al menos el 50% en la escala de depresión de Hamilton (HAMD-17). Ahí el ensayo no dio resultado: respondió el 17% del grupo de 25 mg (8 de 47 personas), frente al 12,5% con 5 mg y el 10,6% con placebo, una diferencia estadísticamente no significativa (p = 0,19). En términos formales, el estudio no cumplió su meta.

La fotografía cambia al mirar los objetivos secundarios. En la reducción media de síntomas a las seis semanas, la psilocibina de 25 mg superó al placebo en 4,6 puntos de la escala de Hamilton (p < 0,001) y en 3,1 puntos a la dosis baja (p = 0,02). En un cuestionario que rellenaban las propias personas (BDI-II), la ventaja fue de 7,2 puntos frente al placebo. Especialmente llamativa fue la rapidez: en la primera semana respondió el 34% del grupo de 25 mg, frente a apenas el 6,4% del placebo. Es decir, hubo un efecto real y precoz, pero que no se tradujo en una diferencia clara en la métrica concreta elegida como principal a las seis semanas.

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En el capítulo de seguridad, casi todas las personas tuvieron algún efecto adverso, concentrado en las jornadas de administración. Seis participantes (un 4%) del grupo de dosis alta comunicaron ideación suicida esos días, por encima de los comparadores, y se registraron dos efectos adversos graves relacionados con la psilocibina de 25 mg, incluido un caso de trastorno persistente de la percepción por alucinógenos (HPPD).

Qué significa (y qué no)

La lectura honesta exige mirar en ambas direcciones. Por un lado, este es exactamente el tipo de resultado que la investigación necesita: un ensayo bien diseñado, con un placebo activo pensado para no engañarse a sí mismo, que se atreve a publicar un «no» en su objetivo principal en lugar de vender un titular. Que la psilocibina no batiera a la nicotinamida en esa medida concreta no significa que «no funcione»; significa que el efecto, cuando el cegamiento es serio, es más modesto y más difícil de demostrar de lo que sugerían estudios anteriores con comparadores menos estrictos.

Por otro lado, las señales positivas —la mejoría media, la respuesta veloz en la primera semana— son coherentes con la hipótesis de que la sustancia hace algo relevante en al menos parte de las personas. El propio equipo lo describe como una reducción de síntomas «clínicamente significativa» que, sin embargo, no cristalizó en la meta preestablecida. Conviene recordar que hablamos de una fase temprana, con una muestra de tamaño moderado, realizada en un entorno clínico con acompañamiento psicológico estructurado: nada de esto se parece a un autoconsumo sin red.

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Los efectos adversos, incluida la ideación suicida en los días de dosis, refuerzan que este es un terreno para el respeto y la cautela, no para el entusiasmo acrítico. La psilocibina no es ni un «milagro» ni un peligro que haya que satanizar: es una molécula en investigación cuyo perfil de riesgo y beneficio se está midiendo con lupa. Desde la reducción de daños, la conclusión es sobria: hay motivos para seguir estudiándola con seriedad, y también para no anticipar promesas que la evidencia todavía no sostiene.

Fuente

Contenido divulgativo elaborado desde la reducción de daños y el respeto a la libertad individual. No sustituye la información de un profesional sanitario ni pretende fomentar ni condenar ningún consumo.

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