Psilocibina y depresión mayor: qué dicen los ensayos clínicos recientes

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Redacción Psiconáutica

En breve

  • Un ensayo aleatorizado de fase 2 con 104 personas comparó una dosis única de psilocibina (25 mg) frente a un placebo activo (niacina), en ambos casos con acompañamiento psicológico.
  • A las seis semanas, quienes recibieron psilocibina redujeron su puntuación de depresión bastante más que el grupo placebo: una diferencia de 12,3 puntos en la escala MADRS.
  • El resultado es prometedor, pero preliminar: muestra pequeña, seguimiento corto y realizado en un entorno clínico controlado. No equivale a un tratamiento de libre acceso ni a una «cura».

La investigación sobre psicodélicos aplicados a la salud mental lleva más de una década ganando solidez, y la depresión mayor es uno de sus focos principales. Un ensayo clínico de fase 2 publicado en JAMA en 2023 aportó una de las evidencias más comentadas: una sola dosis de psilocibina, administrada junto a apoyo psicológico, se asoció a una reducción marcada y sostenida de los síntomas depresivos frente a un placebo activo. Conviene mirar los datos con calma, sin entusiasmo ciego ni rechazo automático.

El estudio

El trabajo, firmado por Charles L. Raison, Gerard Sanacora, Joshua Woolley y colaboradores, fue un ensayo de fase 2, aleatorizado, doble ciego y con placebo activo, realizado en once centros de investigación de Estados Unidos entre diciembre de 2019 y junio de 2022. Participaron 104 adultos con trastorno depresivo mayor. La mitad (51 personas) recibió una dosis única de 25 mg de psilocibina y la otra mitad (53 personas) recibió niacina, una vitamina que produce sensaciones corporales perceptibles y sirve como placebo «activo» para dificultar que participantes y evaluadores adivinen qué recibió cada quién. En ambos grupos, la sesión se acompañó de preparación y apoyo psicológico, y las evaluaciones las realizaron valoradores independientes que desconocían el grupo asignado. La medida principal fue el cambio en la escala MADRS, un instrumento estándar para cuantificar la gravedad de la depresión, desde el inicio hasta el día 43.

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Qué se encontró

En el grupo de psilocibina, la puntuación MADRS cayó una media de 19,1 puntos, frente a una caída de 6,8 puntos en el grupo de niacina. La diferencia entre ambos, de 12,3 puntos (intervalo de confianza del 95 %: de −17,5 a −7,2; p < 0,001), fue estadísticamente significativa y clínicamente relevante. Además, la mejoría apareció pronto y se mantuvo durante las seis semanas del seguimiento. En cuanto a las respuestas mantenidas (una reducción sustancial y sostenida de síntomas), se observaron en el 42 % de quienes recibieron psilocibina frente al 11 % del grupo placebo. La remisión sostenida fue del 25 % frente al 9 %, aunque esta última diferencia no alcanzó significación estadística en el análisis principal. Sobre la seguridad, la mayoría de los efectos adversos fueron leves o moderados y se concentraron en el día de la dosis: dolor de cabeza (66 % con psilocibina frente a 24 % con niacina) y náuseas (48 % frente a 6 %) fueron los más frecuentes. No se registraron efectos adversos graves relacionados con el tratamiento.

Qué significa (y qué no)

Estos resultados refuerzan una señal que otros ensayos ya venían apuntando: en un marco clínico cuidadoso, la psilocibina puede aliviar los síntomas depresivos de forma rápida y con una sola administración, algo muy distinto de los antidepresivos convencionales, que se toman a diario durante meses. Es un dato esperanzador, sobre todo para personas que no responden a los tratamientos habituales. Ahora bien, la honestidad obliga a señalar los límites con la misma claridad. Se trata de un estudio de fase 2 con 104 participantes: una muestra pequeña para las exigencias de la investigación clínica. El seguimiento fue corto —seis semanas—, de modo que no sabemos cuánto dura realmente la mejoría ni si haría falta repetir la dosis. El uso de un placebo activo ayuda, pero el llamado «desenmascaramiento» sigue siendo un reto: los efectos subjetivos de la psilocibina son difíciles de ocultar, y las expectativas de cada persona pueden influir en la respuesta.

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Hay un matiz que no debe pasarse por alto. En estos ensayos, la sustancia no se administra en solitario, sino dentro de un dispositivo de acompañamiento psicológico, con preparación previa, una sesión supervisada y sesiones de integración posteriores. El efecto que se estudia es el del conjunto, no el de una pastilla aislada. Extrapolar estos hallazgos a un consumo autónomo, sin contexto ni acompañamiento, no está respaldado por los datos. Por eso los propios autores hablan de una vía «prometedora» que requiere ensayos de fase 3, más amplios y de mayor duración, antes de sacar conclusiones firmes o pensar en una aprobación regulatoria.

En el terreno legal, la psilocibina sigue siendo en la mayoría de países una sustancia fiscalizada, incluida España, si bien varias agencias reguladoras le han concedido la categoría de terapia innovadora para acelerar su investigación. Lo apuntamos como dato objetivo, sin moralizar: el estatus jurídico de una molécula no determina su valor terapéutico ni su riesgo real, que dependen del contexto, la dosis, la persona y el acompañamiento. La lectura razonable es doble: la ciencia avanza y merece atención, y a la vez conviene resistir tanto el relato del «milagro» como el del «peligro absoluto». Ni una cosa ni la otra hacen justicia a lo que muestran, con sus luces y sus cautelas, los ensayos disponibles.

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Fuente

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