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En breve
- Un equipo del Instituto Weizmann de Ciencia (Israel) ha modificado genéticamente una planta pariente del tabaco para que produzca a la vez cinco triptaminas psicodélicas: DMT, 5-MeO-DMT, psilocibina, psilocina y bufotenina.
- Los investigadores reconstruyeron rutas de moléculas asociadas a plantas, hongos y sapos, usando también funciones enzimáticas vegetales para pasos aún no elucidados en el sapo, y con el cambio de un solo aminoácido multiplicaron por 40 la producción de 5-MeO-DMT.
- El trabajo, publicado en Science Advances, es biología sintética de laboratorio, no un ensayo clínico: su interés inmediato es producir estos compuestos de forma más limpia y estandarizada para la investigación.
Un grupo de investigadores del Instituto Weizmann de Ciencia, en Israel, ha conseguido algo que la naturaleza nunca hace por sí sola: reunir en un mismo organismo cinco moléculas psicodélicas que normalmente están repartidas entre plantas, hongos y un anfibio. La planta modificada, un pariente silvestre del tabaco usado habitualmente en biología vegetal, fabrica ahora DMT, 5-MeO-DMT, psilocibina, psilocina y bufotenina. El estudio se ha publicado en Science Advances el 1 de abril de 2026.
De la ayahuasca al sapo, todo en una misma hoja
La DMT está presente en plantas utilizadas tradicionalmente en ayahuasca; la 5-MeO-DMT es una molécula distinta y no debe presentarse como el mismo ingrediente de esa preparación; la psilocibina y la psilocina proceden de determinadas setas, y la bufotenina se asocia sobre todo a las secreciones del sapo del desierto de Sonora (Bufo alvarius). Según explican los autores, el reto central era reproducir la ruta que convierte el aminoácido triptófano en DMT: localizaron el par de enzimas vegetales responsables (conocidas como TDC y NMT) y las introdujeron en Nicotiana benthamiana, una planta que en pocos días empezó a generar el compuesto sin necesidad de extraerlo de su fuente natural.
Un cambio de una sola letra multiplica el rendimiento
A partir de ahí, el equipo fue sumando genes de otros organismos —incluidas funciones vegetales para reconstruir la biosíntesis de bufotenina y 5-MeO-DMT, parcialmente elucidada en el sapo— hasta lograr que una única planta sintetizara las cinco moléculas. Con herramientas de diseño de proteínas, la investigadora Paula Berman describe que «mutamos un aminoácido en la secuencia y obtuvimos un aumento de 40 veces» en la producción de 5-MeO-DMT. El equipo, liderado por el profesor Asaph Aharoni, fue más allá y añadió enzimas de origen bacteriano para crear variantes halogenadas de estas triptaminas que no existen en la naturaleza. Los propios autores reconocen una limitación relevante: al activar varias rutas metabólicas a la vez, estas compiten por los mismos precursores, lo que todavía reduce la eficiencia global del sistema.
Qué implica
Conviene situar el hallazgo en su terreno: es biología sintética de laboratorio, no un estudio en personas ni una promesa terapéutica inmediata. Su valor práctico más cercano es ofrecer una vía de producción más controlada y escalable de moléculas que hoy se obtienen extrayéndolas de setas silvestres, de plantas amazónicas o de sapos, con la presión que eso supone sobre esas poblaciones. Los propios investigadores plantean como horizonte, todavía especulativo, diseñar plantas capaces de reproducir mezclas más complejas —como la propia ayahuasca— o incluso cultivos comestibles para una dosificación más controlada en contextos de investigación. Ninguna de esas aplicaciones está cerca ni ha sido probada en humanos; lo que aporta este trabajo es una herramienta de producción, no una conclusión sobre eficacia o seguridad. Como siempre en investigación en fase temprana, la prudencia está en no adelantar usos clínicos que la ciencia aún no respalda, sin que ello reste valor a un avance que sí abre puertas interesantes para quienes estudian estas sustancias desde el rigor.
Fuente
- Instituto Weizmann de Ciencia. «One plant, three kingdoms, five trips». EurekAlert! / Science Advances, 7 de julio de 2026.
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