
¿Buscas el dato exacto? Pregúntaselo a nuestro cerebro documental, que responde citando los estudios: ¿Qué dosis de ketamina se usan en depresión y por qué vía?
En breve
- Un ensayo aleatorizado y doble ciego en un hospital oncológico de India comparó infusiones intravenosas de ketamina y de lidocaína en 66 personas con dolor de cáncer que ya no respondía a dosis altas de opioides.
- El alivio fue parecido entre ambos fármacos (84,8 % con ketamina, 72,7 % con lidocaína, diferencia sin significación estadística) y las dos redujeron por igual la cantidad de opioides necesaria.
- La ketamina provocó más efectos adversos que la lidocaína (30,3 % frente a 9,1 %), lo que lleva a los propios autores a preferir la lidocaína como primera opción en este contexto.
Cuando el dolor oncológico deja de ceder ante dosis crecientes de morfina o su equivalente, las opciones se estrechan. Un equipo del Basavatarakam Indo American Cancer Hospital and Research Institute, en Hyderabad, ha probado si la ketamina intravenosa —conocida sobre todo por su uso psiquiátrico y anestésico— ofrece alguna ventaja sobre la lidocaína, otro fármaco ya usado en dolor refractario, cuando los opioides ya no bastan.
Un ensayo cara a cara, no contra placebo
El estudio, publicado esta semana en BMJ Supportive & Palliative Care, reclutó entre octubre de 2023 y enero de 2025 a 66 adultos con dolor oncológico que persistía pese a superar los 200 miligramos diarios de morfina equivalente. Se repartieron al azar entre dos infusiones de seis horas, separadas por doce, de ketamina (0,3 mg/kg/hora) o de lidocaína (2 mg/kg/hora), sin que pacientes ni evaluadores supieran qué fármaco recibía cada uno. El objetivo principal era lograr al menos un 50 % de reducción del dolor; como secundarios se midieron los efectos adversos, las crisis de dolor agudo en seis semanas de seguimiento y el cambio en la dosis de opioides tras la infusión.
Empate en eficacia, ventaja para la lidocaína en seguridad
El alivio efectivo llegó al 84,8 % de quienes recibieron ketamina y al 72,7 % de quienes recibieron lidocaína, una diferencia que no alcanzó significación estadística (p=0,228). Ambos grupos redujeron de forma parecida y significativa la dosis de opioides que necesitaban después de la infusión, sin diferencia relevante entre ellos (p=0,738). Donde sí hubo una diferencia clara fue en los efectos adversos: un 30,3 % de quienes tomaron ketamina los sufrió, frente a un 9,1 % con lidocaína (p=0,03). Las crisis de dolor agudo durante el seguimiento fueron numéricamente más frecuentes con ketamina (42,9 % frente a 29,2 %), aunque aquí la diferencia no fue estadísticamente significativa.
Qué implica
Es un ensayo pequeño, de un solo centro, y compara dos fármacos activos entre sí en vez de frente a placebo, lo que limita cuánto se puede generalizar. Aun así, al ser doble ciego y aleatorizado aporta algo poco común en el dolor oncológico refractario: una comparación directa entre dos alternativas ya usadas en la práctica clínica. La conclusión de los propios autores no es que la ketamina falle, sino que, a igualdad de alivio, la lidocaína ofrece un perfil más seguro y debería considerarse la opción preferente. Para quienes siguen el uso médico de la ketamina —en depresión, en dolor crónico— el dato relevante no es una nueva indicación, sino un recordatorio de que «funciona» y «es la mejor opción» no siempre coinciden, algo aplicable también a la ketamina en otros contextos, médicos o no, y que conecta con la idea, central en la reducción de riesgos, de que toda sustancia tiene un balance propio entre beneficio y efectos adversos que conviene explicar sin exagerar en ninguna dirección.
Fuente
- Pulluri SS, Kodisharapu PK, Suvvari P, et al. Comparison of ketamine versus lignocaine intravenous infusion in refractory cancer pain: a prospective randomised double-blind controlled study. BMJ Supportive & Palliative Care, 25 de septiembre de 2026.
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