
Por qué rescatamos este texto
Pocos autores en lengua española han discutido el consumo de drogas con la franqueza de Antonio Escohotado. Este ensayo, escrito al hilo de unas muertes en una rave de Málaga, no es una apología del éxtasis: es un alegato contra la hipocresía con la que se aborda lo que hacen los jóvenes con su tiempo libre. Lo recuperamos porque sus argumentos —pese al paso de los años— siguen describiendo bien el mecanismo por el que una sustancia relativamente manejable se vuelve peligrosa.
El ocio juvenil y la liturgia del fin de semana
Escohotado parte de un retrato de la juventud: audaz, indolente, generosa y egoísta a partes iguales, dueña por primera vez de cierta capacidad de gasto y de un calendario sembrado de más de cien viernes y sábados al año. Esa válvula de escape festiva, sostiene, sirve para soportar el aburrimiento del resto de la semana. No es un fenómeno nuevo ni exclusivo de la ciudad: hasta el adolescente rural que se divertía con una llanta y un palo aprende a aburrirse cuando emigra a la urbe. La conclusión incómoda es que una juventud con más dinero que nunca y la insensatez de siempre no se protege con bulos ni con omisiones interesadas.
La comparación que incomoda: MDMA y aspirina
El núcleo farmacológico del texto es una comparación deliberadamente provocadora. Escohotado recuerda que el margen de seguridad de la MDMA —la proporción entre la dosis activa mínima y la dosis mortal media— no es muy inferior al de la aspirina. Y subraya el detalle decisivo: la aspirina no es inocua por sí sola, sino porque su principio activo se vende puro y medido con escrúpulo, fiel al viejo aforismo sola dosis facit venenum (solo la dosis hace el veneno). Sin control de la composición, cualquier sustancia pierde su margen de uso razonable.
Como contexto histórico, el ensayo recuerda que la MDMA fue empleada con fines de exploración psicológica antes de su prohibición internacional, que el comité de expertos de la Organización Mundial de la Salud debatió su eventual utilidad terapéutica a mediados de los años ochenta, y que un tribunal español llegó a considerarla droga «blanda» tras sopesar el informe pericial del químico Alexander Shulgin, antes de que una instancia superior revocara aquella sentencia por motivos más diplomáticos que farmacológicos.
El verdadero peligro: la cadena de la adulteración
Aquí está el argumento que más nos interesa desde la reducción de riesgos. Escohotado relata una anécdota en primera persona: le ofrecieron un comprimido vendido como MDMA «purísimo» del que, por cautela, tomó solo la mitad; una hora después era evidente que se trataba más bien de un estimulante tipo anfetamina en una dosis desmesurada. Su moraleja no apunta a una molécula concreta, sino a la cadena que la entrega: un fabricante clandestino sin controles, intermediarios que no saben lo que venden y un consumidor final que ignora qué tiene en la mano.
De ahí su imagen más dura: una farmacia maligna donde pides magnesio y te dan cianuro, multiplicada por millones de sucursales. Las muertes «involuntarias» —las causadas por un adulterante, una impureza o una dosificación a ciegas— son, en su lectura, el fruto previsible del experimento prohibicionista, no la prueba de la maldad intrínseca de una sustancia.
Frente a la demagogia, gradualidad
El ensayo cierra con una propuesta política: en lugar de prometer la erradicación imposible de la oferta y la demanda, ensayar soluciones graduales y reversibles —programas acotados, distintos canales de dispensación, evaluación constante de resultados— combinadas con campañas de información auténtica, orientadas al uso real y a sus riesgos concretos. Su apuesta de fondo es que las sustancias «están aquí para quedarse» y que solo la supervisión erradica el monopolio de las redes criminales, peligrosas no tanto por infringir una ley discutible como por servir chapuzas que acaban repercutiendo en el cuerpo de quien consume.
Lectura crítica
Conviene leer este texto con perspectiva. Es un ensayo de opinión escrito en un momento concreto y con una intención polemista; sus comparaciones —la de la aspirina, por ejemplo— sirven para discutir el papel de la pureza, no para sugerir que la MDMA carezca de riesgos. La investigación posterior ha documentado peligros propios de la molécula incluso siendo pura: hipertermia agravada por el esfuerzo físico y los ambientes calurosos, hiponatremia por ingesta excesiva de agua, interacciones graves con ciertos fármacos (en especial antidepresivos serotoninérgicos y algunos IMAO) y vulnerabilidades individuales cardiovasculares o psiquiátricas. La pureza reduce una clase de daño, pero no lo elimina.
Desde la reducción de riesgos, la conclusión operativa del ensayo sigue siendo sólida: la incertidumbre sobre la composición es un factor de daño de primer orden. Por eso existen servicios de análisis de sustancias (drug checking) y entidades de información independiente como Energy Control en España. Este artículo no ofrece pautas de consumo ni de dosificación; su valor es divulgativo e histórico. Ante cualquier duda sobre interacciones, síntomas o riesgos, la referencia debe ser información sanitaria contrastada y, si hay urgencia, los servicios de emergencia.