
Un documental nacido de una pregunta antropológica
¿Qué papel cumple un enteógeno dentro de su contexto ritual, y no fuera de él? Esa fue la pregunta de partida de un trabajo de campo iniciado a comienzos de 2014 en el sur de la Amazonía ecuatoriana. Firmado por Mónica Hinojosa Becerra, Alexandra Raquel Abarca Aldean e Isidro Marín Gutiérrez, el proyecto recurrió a la observación participante y a la antropología visual para registrar el ritual de la ayahuasca —natem, en lengua shuar— en la comunidad de Shaime.
El equipo, de ocho personas con cámaras, técnico de sonido y dirección, convivió dos semanas con la comunidad. De ahí salió un documental etnográfico-participativo de unos veinte minutos, rodado entre julio y agosto de 2014 y presentado el 26 de septiembre de ese año en el Congreso de la Ayahuasca de Ibiza, organizado por el instituto ICEERS. La investigación se enmarcó en un convenio entre la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) y el entonces CONSEP, el organismo ecuatoriano de control de sustancias.
Dónde ocurre: Shaime, en el Alto Nangaritza
Shaime es una localidad pequeña, poblada mayoritariamente por shuar y una minoría de colonos, en el extremo suroriental de Ecuador, junto a la frontera con Perú: provincia de Zamora-Chinchipe, parroquia Zurmi, cantón Nangaritza. El topónimo del cantón procede del shuar Nankais, «valle o río de las plantas venenosas», en alusión al río que lo cruza. Llegar exige unas seis horas desde Loja y, al final, vadear el propio Nangaritza; el día del rodaje las lluvias lo habían crecido tanto que el equipo tuvo que desembarcar en un riachuelo lateral.
El Alto Nangaritza es una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta y, a la vez, de las más frágiles: las carreteras, la deforestación, la colonización y la prospección minera la presionan sin descanso. Es el telón de fondo de un proceso que el documental retrata sin idealizar.
El pueblo shuar entre lo tradicional y lo moderno
Los shuar son un pueblo amazónico de unas 80.000 personas repartidas entre Ecuador y Perú, en un territorio que ni incas ni españoles llegaron a controlar. La palabra «shuar» significa «persona» o «gente verdadera». El estereotipo histórico que los describía como «jíbaros» irreductibles choca con la experiencia de campo: acogedores y generosos con los visitantes.
El documental no esconde la aculturación. En Shaime se viste con camisetas, se juega al fútbol bajo techo, hay luz eléctrica, se compra en la tienda, se habla español y se reza en la iglesia. Han cambiado la organización familiar, las jerarquías y buena parte de la forma de vida. Y, sin embargo, persiste un hilo: el consumo de natem. Una de las conclusiones del trabajo es precisamente esa —el natem sobrevive a la globalización y a la aculturación, por intensas que hayan sido—, aunque conviene tomarla como hipótesis de un estudio de caso, no como ley general.
Juan Chuinda, el chamán que sostiene la práctica
El protagonista es Juan Chuinda, uno de los pocos chamanes que quedan en la zona. Aprendió el oficio a partir de 2003 de la mano de un uwishin de Zamora, que le transmitió una forma de entender el mundo interior. El documental se ordena en torno a su figura: la llegada a la comunidad, su presentación y una entrevista sobre cómo concibe la ayahuasca, la recolección de los ingredientes, la elaboración del brebaje, el ritual nocturno y, por último, la despedida.
Puedes ver la pieza completa a continuación:
Qué es el natem desde la etnobotánica
«Ayahuasca» es voz quichua: de aya (muerto, espíritu) y huasca (soga), «la soga que conduce al mundo de los muertos»; también «liana de las almas». Entre los shuar se llama natem, término que designa a la vez el brebaje y una de sus plantas, la liana Banisteriopsis caapi.
Su interés farmacológico está en una combinación: la liana aporta inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) —la misma familia de los primeros antidepresivos— y una segunda planta aporta N,N-dimetiltriptamina (DMT), una triptamina psicodélica presente de forma natural en muchos vegetales. La DMT es inactiva por vía oral porque el organismo la degrada; solo en presencia de un IMAO sus efectos llegan a manifestarse. Que dos plantas distintas se combinen justo para sortear esa barrera es uno de los hallazgos etnobotánicos que más intrigan a la ciencia, y motivo de polémica: hubo intentos de patentar variedades de la liana en Estados Unidos que la oposición de comunidades indígenas frenó.
Las pruebas arqueológicas en Ecuador sugieren un uso de estas mezclas de larga data en la región amazónica. Las cifras de «milenios» que circulan conviene tomarlas con cautela: dependen de hallazgos puntuales y de su interpretación, y no equivalen a una continuidad documentada e ininterrumpida.
El ritual, sin manual de instrucciones
Describimos aquí lo que el documental muestra, no una guía de uso. La preparación es un proceso artesanal y prolongado a cargo del chamán: la liana se trocea y se cuece durante horas junto con la planta que aporta la DMT hasta obtener un líquido espeso, oscuro y muy amargo. El ritual transcurre de noche y a oscuras, durante unas tres horas, en un ambiente sonoro guiado por Juan.
Los relatos etnográficos coinciden en que el inicio es físicamente duro: náuseas, vómitos, a veces diarrea —que en la cultura shuar se interpretan como limpieza—, temblor, pulso lento y dilatación pupilar, de ahí la fotofobia y la oscuridad. Superado ese umbral aparecen las visiones: paisajes, animales, luces y formas geométricas, figuras de personas vivas o muertas. Los participantes del rodaje describieron al chamán agigantado y luminoso, en rojos, verdes y azules; uno lo comparó con la estética de Tron (1982). Al día siguiente, según los testimonios, la cabeza «queda clara».
Estas descripciones proceden de la vivencia subjetiva y de la literatura antropológica clásica (Karsten, Fericgla, Larraya, Panera, Schultes), no de mediciones controladas. Conviene leerlas como experiencias culturalmente moldeadas, no como prueba de fenómenos «paranormales» —clarividencia, visión del futuro— que esas fuentes antiguas a veces dan por hechos.
Lectura crítica y reducción de riesgos
Esta pieza es valiosa como retrato de un caso concreto en un momento concreto, no como manual ni como aval de un uso recreativo o autogestionado. Algunos matices que ayudan a leerla bien:
- Contexto, no fórmula. Lo que da sentido al natem entre los shuar es un marco ritual, comunitario y la figura de un especialista. Sacado de ahí, deja de ser lo que el documental describe.
- Riesgos reales. La combinación con IMAO no es inocua: interactúa con numerosos fármacos (entre ellos varios antidepresivos) y con ciertos alimentos, y está contraindicada en problemas cardiovasculares y en algunos trastornos psiquiátricos. Los efectos físicos descritos —vómitos, alteraciones del pulso— no son anecdóticos.
- Turismo y extractivismo cultural. El auge global de la ayahuasca presiona a comunidades y ecosistemas frágiles como el del Alto Nangaritza. Romantizar el ritual sin atender a ese contexto reproduce la misma lógica que el documental denuncia.
- Fuentes con su época. La bibliografía etnográfica citada es real y útil, pero parte de ella es antigua y mezcla observación con interpretaciones difíciles de sostener hoy.
El trabajo se planteó como un primer contacto, con la intención de seguir investigando otras comunidades y rituales enteógenos en Ecuador. Como divulgación, su mejor uso es entender una práctica cultural en su sitio, no replicarla.