Ketamina y depresión resistente: qué dice la evidencia clínica

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Redacción Psiconáutica

En breve

  • La esketamina (Spravato), la forma S de la ketamina en pulverización nasal, es el derivado con indicación autorizada por la EMA y la AEMPS para la depresión resistente, combinado con un antidepresivo oral y administrado con acompañamiento sanitario.
  • Su rasgo más interesante es la rapidez: puede aliviar los síntomas en horas o días, frente a las semanas que tardan los antidepresivos clásicos. Su contrapartida es la durabilidad, ya que el efecto tiende a recaer si no se sostiene el tratamiento.
  • Como todo compuesto activo, tiene efectos que conviene conocer: disociación y subida de tensión durante la sesión y, en el uso crónico o de alta frecuencia, molestias urinarias y posibilidad de dependencia. Está fiscalizada, y su indicación hoy es clínica.

La ketamina, un anestésico veterano de los años sesenta, se ha convertido en una de las novedades más comentadas de la psiquiatría por su capacidad de aliviar con rapidez depresiones que no responden a otros tratamientos. Vale la pena separar lo que muestra la evidencia clínica de las expectativas que la rodean, para que cada persona se forme su propio juicio con datos en la mano.

De anestésico a antidepresivo: qué es y cómo actúa

La ketamina se usa desde hace décadas como anestésico y analgésico. A dosis subanestésicas —muy inferiores a las quirúrgicas— produce un efecto antidepresivo que no encaja con el modelo clásico de la serotonina. Actúa principalmente como antagonista de los receptores NMDA del glutamato, el principal neurotransmisor excitador del cerebro. Ese bloqueo desencadena un aumento de la señalización glutamatérgica y, según la hipótesis más aceptada, favorece la formación de nuevas conexiones entre neuronas (plasticidad sináptica). También se investigan los receptores AMPA y un metabolito activo, la hidroxinorketamina. Conviene distinguir dos cosas: la ketamina racémica, que se emplea por vía intravenosa de forma off-label (fuera de indicación) en algunos hospitales, y la esketamina intranasal, que cuenta con autorización específica.

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Qué muestra la evidencia clínica

El rasgo más llamativo es la velocidad. Mientras un antidepresivo convencional tarda semanas, una sola administración de ketamina puede mejorar el estado de ánimo en cuestión de horas, con el efecto máximo hacia las 24 horas. En estudios sobre depresión resistente, alrededor de la mitad de los participantes responden (una reducción de al menos el 50 % en las escalas de síntomas). El matiz es que el beneficio de una dosis única suele durar solo entre tres y siete días, y varios metaanálisis indican que la ventaja frente al placebo se diluye a los diez o doce días. Por eso el tratamiento real se plantea con administraciones repetidas de mantenimiento: en el ensayo SUSTAIN-1, mantener la esketamina junto al antidepresivo redujo las recaídas al 26,7 %, frente al 45,3 % de quienes pasaron a placebo. En comparaciones directas, el ensayo ELEKT-D (Anand y cols., 2023), con 403 pacientes, halló que la ketamina intravenosa no era inferior a la terapia electroconvulsiva en depresión resistente no psicótica (55,4 % de respuesta frente al 41,2 %). Con todo, la calidad de la evidencia tiene puntos débiles: los efectos disociativos hacen difícil mantener el «ciego» de los ensayos, y parte de los datos, sobre todo con ketamina racémica, siguen siendo preliminares.

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Esketamina: el fármaco autorizado y cómo se administra

La esketamina recibió la aprobación de la FDA estadounidense en 2019 y de la EMA europea poco después. Su indicación autorizada es el trastorno depresivo mayor resistente al tratamiento en adultos, siempre en combinación con un antidepresivo oral (un ISRS o un IRSN), y también el alivio a corto plazo de una emergencia psiquiátrica por depresión mayor. Se administra en pulverización nasal, en un centro sanitario y con acompañamiento profesional, con un periodo de observación tras cada dosis por la posibilidad de sedación, disociación y subida de la tensión arterial; ese día conviene no conducir ni manejar maquinaria. En su informe de posicionamiento terapéutico, la AEMPS la sitúa como una opción para casos que han fallado a varios antidepresivos, valorando también su coste y la logística que exige. Por ahora, la ketamina está fiscalizada y su recorrido autorizado es el clínico.

Reducción de daños

Si alguien se plantea usar ketamina fuera del entorno médico, la mejor herramienta es la información honesta, no el miedo. El efecto más característico del consumo repetido es el urinario: la llamada cistitis por ketamina o uropatía, que puede provocar urgencia, dolor, incontinencia y, en casos graves, una vejiga contraída e incluso afectación renal. No es exclusivo de grandes consumidores: se han descrito síntomas vesicales en cerca del 27 % de usuarios ocasionales, y el uso habitual multiplica el riesgo por tres o cuatro; la buena noticia es que dejar de consumir suele mejorar el cuadro. Cuidar la frecuencia y las dosis, atender a las señales del cuerpo y espaciar el uso reduce mucho ese riesgo. Conviene también tener presente el potencial de dependencia psicológica y evitar mezclas con alcohol u otros depresores, que aumentan la sedación y la probabilidad de accidente; el contexto —un entorno seguro, acompañado, sin conducir— marca la diferencia. Como tratamiento de la depresión, la ketamina rinde precisamente cuando hay diagnóstico, seguimiento y dosis ajustadas, así que si atraviesas un momento difícil, hablar con un profesional sanitario suele ser el camino que más aporta; y ante ideas de suicidio, en España puedes llamar de forma gratuita y confidencial al 024. La decisión es tuya, y la idea es que la tomes con la mejor información disponible.

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Fuentes

Contenido divulgativo elaborado desde la reducción de daños y el respeto a la libertad individual. No sustituye la información de un profesional sanitario ni pretende fomentar ni condenar ningún consumo.

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