Eleusis y el kykeón: la hipótesis del cornezuelo de Hofmann

Artículos relacionados

En breve: En El camino a Eleusis, Hofmann, Wasson y Ruck defendieron que la bebida ritual de los misterios eleusinos —el kykeón— debía su poder visionario a alcaloides del cornezuelo. Es la hipótesis más sugerente sobre el secreto mejor guardado de la Antigüedad, pero conviene leerla como lo que es: una conjetura razonada, no un hecho demostrado.

El enigma de Eleusis y la pregunta de Wasson a Hofmann

Durante casi dos milenios, miles de griegos peregrinaron cada otoño a Eleusis para iniciarse en unos misterios que prometían transformar la relación del iniciado con la vida y la muerte. Quienes los vivían quedaban obligados al silencio bajo pena de muerte, y ese silencio se cumplió tan bien que hoy seguimos sin saber con certeza qué ocurría dentro del telesterion. Lo poco que sí sabemos es que en el ritual se bebía una infusión llamada kykeón.

La idea de que ese brebaje fuera la clave del asunto no nació con los autores que la popularizaron. El helenista Karl Kerényi había apuntado ya que el núcleo de los ritos debía residir en el contenido del kykeón, no en su mera escenografía. Quien retomó la pista fue Gordon Wasson, el banquero y micólogo aficionado que años antes había estudiado los hongos sagrados mexicanos: sospechó que Eleusis podía esconder una sustancia visionaria emparentada con las de Mesoamérica. Para comprobarlo recurrió a Albert Hofmann, el químico que había sintetizado la LSD.

Hofmann recordaba que, durante una visita en julio de 1975, Wasson le planteó si el hombre de la Grecia antigua habría podido aislar del cornezuelo algún principio capaz de provocar una experiencia comparable a la de la LSD o la psilocibina. El químico se tomó el tiempo de pensarlo y respondió dos años después. El profesor de mitología y etnobotánica Carl Ruck aportó el armazón histórico, y así quedó formulada la llamada «teoría del LSA», por la amida del ácido lisérgico.

Leer más  Anfetaminas: historia, farmacología y riesgos de un estimulante

Por qué la hipótesis del cornezuelo resulta plausible

Varios indicios juegan a su favor. En la región abunda el cornezuelo de los cereales, y precisamente en variantes ricas en alcaloides visionarios y poco tóxicas. El hongo no parasita solo el centeno —cereal raro en Grecia—, sino también la cebada, el trigo y diversos pastos y malas hierbas silvestres, lo que desactiva el viejo argumento de que los griegos no podían conocerlo. Se admite además que el kykeón llevaba al menos menta y harina de cereal, y que el símbolo de los misterios era la espiga, que en ciertas representaciones aparece con un tono oscuro compatible con el ergot; así se ha interpretado, por ejemplo, una urna funeraria del siglo V a.C. en la que Triptólemo sostiene espigas contaminadas.

El detalle químico que entusiasmó a Hofmann es que los alcaloides visionarios y menos tóxicos del cornezuelo son solubles en agua, mientras que los realmente peligrosos no lo son. En teoría, dejar los granos parasitados en remojo bastaría para separar lo uno de lo otro. Los autores señalaban además pastos silvestres que contienen casi exclusivamente alcaloides del primer tipo, lo que en principio simplificaría aún más el problema.

Antonio Escohotado resumió las tres condiciones que cualquier explicación de este tipo debería cumplir: que la bebida contuviera un principio visionario, que pudiera obtenerse año tras año y en cantidad suficiente para todos los iniciados, y que fuese activo en dosis tan pequeñas como para pasar inadvertido. La teoría del LSA las satisface sin forzar nada.

La alternativa «escenográfica» y sus debilidades

Frente a esta lectura, la interpretación clásica sostiene que las visiones eran producto de la puesta en escena: fuego, objetos sagrados mostrados en el momento culminante, ayuno previo y sugestión colectiva. Escohotado objetaba que las ceremonias eran nocturnas y apenas iluminadas por antorchas, con una visibilidad escasa para una multitud, y añadía un argumento de fondo: cuesta imaginar que mentes como las de Platón, Píndaro, Sófocles —o escépticos como Aristóteles y Cicerón— se sintieran marcadas de por vida por un simple golpe de teatro. Algo más debía mover a personas así.

Leer más  LSD: efectos agudos, perfil farmacológico y reducción de riesgos

El argumento es atractivo, pero no es una prueba. Apela a la verosimilitud psicológica, no a la evidencia material, y por eso conviene no convertir una buena objeción en una demostración.

El mito de Deméter: veneno y conocimiento

Sea cual fuere su mecánica, Eleusis giraba en torno al mito de Deméter, heredado de Asia Menor: una alegoría del ciclo agrario, de la fecundidad de la tierra y de la desaparición del fruto en invierno. En sociedades que acababan de hacerse sedentarias, comprender por qué la tierra da y luego retiene era una cuestión existencial. El relato detallado fue tratado en su día por Isidro Marín en la revista Spannabis Magazine, así que no lo repetiremos aquí.

Si la hipótesis del cornezuelo fuera cierta, el simbolismo resultaría redondo: el mismo hongo que arruina las cosechas y enferma a quien las consume se transformaría, manejado con saber sacerdotal, en vehículo de revelación. La sustancia letal vuelta llave del misterio. Es una lectura hermosa —y quizá demasiado redonda, como suelen serlo las que mejor encajan con lo que queremos creer.

Una herencia mutilada

De la cultura griega solo nos ha llegado una fracción. La consolidación del cristianismo oficial —los privilegios concedidos por Constantino, las prohibiciones de Teodosio I, tras el breve paréntesis del emperador Juliano— acompañó la desaparición de buena parte del legado pagano. Que sobreviviera algo se debe al azar, a la labor transmisora de la cultura árabe medieval y, más tarde, al Renacimiento y a los eruditos modernos. Eleusis es uno de los muchos cabos que esa pérdida dejó sueltos, y la propuesta de Hofmann, Wasson y Ruck es, ante todo, un intento de volver a atarlo.

Leer más  Caducidad de sustancias psicoactivas: estabilidad química y factores ambientales

Lectura crítica

La teoría del LSA es coherente y elegante, pero sigue sin confirmación directa: no existe, hasta donde se sabe, análisis químico de residuos del kykeón que demuestre la presencia de alcaloides del cornezuelo. Buena parte del expediente se apoya en inferencias botánicas, lecturas iconográficas y argumentos de plausibilidad, no en pruebas materiales. Especialistas en religión griega han señalado además que el silencio de las fuentes admite otras explicaciones y que la «separación limpia» de alcaloides tóxicos y visionarios mediante simple remojo es más sencilla sobre el papel que en la práctica.

Conviene también un apunte de reducción de riesgos que el entusiasmo divulgativo suele omitir: el cornezuelo es ante todo un veneno. El ergotismo provocó epidemias mortales durante siglos —gangrena, convulsiones, alucinaciones atroces conocidas como «fuego de San Antonio»— y su composición es variable e impredecible. Nada de esto es material con el que experimentar. Lo interesante de Eleusis no es una receta, sino una pregunta histórica abierta: cómo entendieron y ritualizaron los antiguos los estados modificados de consciencia.

Para saber más (citado, sin enlace): Gordon Wasson, Albert Hofmann y Carl Ruck, El camino a Eleusis (FCE); Antonio Escohotado, Historia general de las drogas (Espasa Calpe); Karl Kerényi, Eleusis: imagen arquetípica de la madre y la hija (Siruela) y La religión antigua (Herder).

Sigue leyendo en Psiconáutica

Más sobre este tema

Artículo siguiente

Comentarios

Publicidadspot_img

Populares