
En breve
- Un estudio observacional publicado el 9 de julio de 2026 en Frontiers in Psychiatry compara, fuera del laboratorio, la ketamina intravenosa y la esketamina intranasal (Spravato) en una clínica comunitaria de Ohio (EE. UU.).
- Con 63 personas con depresión resistente al tratamiento, ambas vías de administración redujeron los síntomas de forma parecida, sin diferencias estadísticamente significativas entre ellas.
- Los autores insisten en que la muestra es pequeña y en que los protocolos no fueron idénticos, así que los resultados son un indicio, no una conclusión cerrada.
Casi toda la evidencia que sostiene el uso de la ketamina y su derivado esketamina contra la depresión resistente procede de ensayos clínicos muy controlados, con pacientes seleccionados y protocolos rígidos. Un nuevo estudio, firmado por un equipo de una clínica de salud mental de Dublin (Ohio) y publicado el 9 de julio de 2026 en la revista Frontiers in Psychiatry, se sale de ese molde: analiza lo que ocurre cuando ambos tratamientos se administran en la práctica diaria de un centro ambulatorio, con los pacientes reales que llegan a consulta.
Un vistazo a la consulta, no al laboratorio
Se trata de un análisis retrospectivo de historiales clínicos, no de un ensayo aleatorizado. Los investigadores revisaron los datos de 63 personas con depresión resistente que habían completado una fase de inducción con uno de los dos tratamientos: 37 con esketamina intranasal (el aerosol comercializado como Spravato, con doce sesiones en ocho semanas) y 26 con ketamina intravenosa (seis sesiones en tres semanas). El diseño no permite establecer causalidad con la fuerza de un ensayo aleatorizado, pero sí ofrece algo escaso en la literatura: una fotografía de cómo funcionan ambos tratamientos fuera de las condiciones ideales de un ensayo clínico, en un consultorio corriente.
Resultados parecidos entre ambas vías
Los datos, medidos con el cuestionario de depresión PHQ-9, mostraron mejoras comparables en los dos grupos. La esketamina intranasal logró una tasa de respuesta del 64,9% y una remisión del 32,4%, frente al 69,2% y el 23,1% respectivamente en el grupo de ketamina intravenosa; la reducción media de la puntuación fue de 10,3 puntos con esketamina y de 9,5 con ketamina. Más del 80% de quienes recibieron esketamina y el 73% de quienes recibieron ketamina alcanzaron una mejora clínicamente relevante, con efectos secundarios leves y tasas de finalización del tratamiento superiores al 90% en ambos brazos. Ninguna de esas diferencias entre grupos resultó estadísticamente significativa: en la práctica, ambas opciones funcionaron de manera similar dentro de cada grupo, con tamaños de efecto grandes según los propios autores.
Qué implica
El propio equipo autor pide cautela: con solo 63 participantes y protocolos distintos entre ambas ramas (más sesiones y semanas para la esketamina que para la ketamina), el estudio carece de potencia estadística para afirmar con rotundidad que una vía equivale a la otra, y no compara coste, comodidad o accesibilidad. Lo que sí aporta es una confirmación modesta de que los buenos resultados de los ensayos originales parecen sostenerse cuando el tratamiento sale del entorno experimental y llega a una consulta comunitaria cualquiera. Como recuerda la línea de reducción de daños, esa evidencia del mundo real —con sus matices y límites— es tan necesaria como los ensayos de fase avanzada para saber qué esperar de un tratamiento cuando deja el papel y llega a las personas.
Fuente
- Bellanti, P.A., Lewis, J., Seifferth, B., Adams, D.Z. «Real-world outcomes of intranasal esketamine and intravenous ketamine induction therapy for treatment-resistant depression in a community clinic: a retrospective cohort study». Frontiers in Psychiatry, 9 de julio de 2026.
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