
En breve
- Cuatro congresistas de EEUU —tres republicanos y un demócrata— han presentado la «IBOGAINE Act» para convertir en ley parte de la orden ejecutiva psicodélica de la Casa Blanca.
- El texto obligaría al fiscal general a decidir en 60 días si traslada la ibogaína de la Lista I (sin uso médico reconocido) a la Lista II de la ley de sustancias controladas.
- El proyecto no abre acceso clínico inmediato: aún debe pasar por el Congreso y después por reglamentos y registros especiales.
Un grupo bipartidista de la Cámara de Representantes de Estados Unidos presentó a finales de junio la IBOGAINE Act, una ley que pretende blindar en el Congreso parte de la orden ejecutiva sobre psicodélicos que la Casa Blanca firmó semanas antes. El objetivo declarado es empujar a la Administración a decidir, con plazos fijados por ley, si la ibogaína deja de figurar entre las sustancias sin ningún uso médico reconocido.
Quién la impulsa y qué propone
La iniciativa lleva las firmas de tres republicanos —Morgan Luttrell (Texas), Jack Bergman (Michigan) y Michael McCaul (Texas)— y de un demócrata, Lou Correa (California). Luttrell, veterano de las fuerzas especiales de la Marina, ha hablado públicamente de su propia experiencia con terapias psicodélicas para tratar secuelas de su etapa militar, y ese perfil personal ha marcado buena parte del discurso público en torno al proyecto. El acrónimo de la ley —Initiating Biomedical Outcomes to Garner Advancements into Innovative Neuroplastogen Efficacy Act— resume la apuesta: tratar la ibogaína como un «neuroplastógeno» con potencial terapéutico, no como una simple droga de abuso.
Qué cambiaría en la práctica
El núcleo técnico del texto es una orden al fiscal general de Estados Unidos: en un plazo de 60 días desde la aprobación de la ley tendría que determinar si traslada la ibogaína y sus compuestos derivados de la Lista I a la Lista II de la Ley de Sustancias Controladas, la categoría en la que ya están, por ejemplo, algunos opioides con uso médico regulado. El proyecto extiende además ese mismo mecanismo a cualquier otra sustancia de Lista I que complete con éxito ensayos clínicos de fase 3, toca el funcionamiento de los vales de revisión prioritaria de la FDA y aclara el alcance de la ley federal de «derecho a probar» tratamientos experimentales. En el capítulo de veteranos, prevé que el Departamento de Asuntos de Veteranos colabore con el sector privado para ampliar la participación de exmilitares en ensayos clínicos con este tipo de terapias.
Qué implica
Conviene no perder de vista lo que este proyecto no hace: no legaliza la ibogaína, no abre por sí solo el acceso clínico y ni siquiera garantiza que el fiscal general acabe reclasificándola dentro de ese plazo, ya que la obligación es «determinar» y no «reclasificar automáticamente». El texto tampoco ha superado aún los trámites en comisión ni una votación en el pleno, y su recorrido dependerá del calendario legislativo y de la correlación de fuerzas en el Congreso. Lo que sí certifica es un movimiento político de fondo: por primera vez varios legisladores intentan convertir en ley duradera —y no solo en una orden ejecutiva reversible por cualquier futura Administración— el impulso reciente hacia la investigación y el eventual uso regulado de la ibogaína, sustancia que en Gabón forma parte de la tradición ritual bwiti y que en el continente americano se ha investigado sobre todo por su interés en las adicciones a opiáceos. Como siempre en este terreno, entre el anuncio de una ley y su aplicación real median años, comités y una Agencia de Control de Drogas que hasta ahora ha sido reacia a mover sustancias psicodélicas fuera de la Lista I.
Fuente
- Marijuana Moment. Bipartisan Congressional Bill Would Codify Trump’s Psychedelics Order Into Law. Marijuana Moment, 1 de julio de 2026.
Contenido divulgativo elaborado desde la reducción de daños y el respeto a la libertad individual. No sustituye la información de un profesional sanitario ni pretende fomentar ni condenar ningún consumo.