
En breve
- Veintiocho personas sin experiencia previa con psicodélicos recibieron 25 mg de psilocibina y fueron estudiadas con electroencefalografía, resonancia funcional y difusión.
- Un mes después seguía elevada la entropía de la actividad cerebral, y la señal de difusión apuntaba a tractos más íntegros entre corteza prefrontal y estructuras subcorticales.
- Los propios autores piden cautela: la muestra es pequeña y el significado biológico de los cambios estructurales no está claro.
Un equipo de la Universidad de California en San Francisco y el Imperial College de Londres ha publicado en Nature Communications uno de los seguimientos más completos hechos hasta ahora sobre qué queda en el cerebro cuando el efecto agudo de la psilocibina ya ha pasado. La respuesta corta: algo medible, todavía un mes después.
Cómo se hizo
Participaron 28 adultos sanos que nunca habían tomado un psicodélico, un detalle importante porque elimina la influencia de experiencias anteriores. Cada persona recibió primero 1 mg de psilocibina, una cantidad tan baja que funciona como control, y un mes después una dosis alta de 25 mg. El equipo combinó tres técnicas —electroencefalografía, resonancia magnética funcional e imagen por tensor de difusión— en tres momentos: antes, durante el pico del efecto y treinta días más tarde.
Veintisiete de los veintiocho participantes describieron la sesión con 25 mg como el estado de consciencia más inusual que habían vivido, lo que da idea de la intensidad de lo que se estaba midiendo.
Qué encontraron un mes después
El hallazgo funcional fue un aumento persistente de la entropía cerebral, es decir, de la variedad e imprevisibilidad de la actividad neuronal. No es un valor abstracto: quienes mostraron mayor incremento fueron también quienes relataron más introspección y más comprensión personal sobre sí mismos. En paralelo, los participantes puntuaron mejor en flexibilidad cognitiva al mes y en bienestar a las dos y cuatro semanas.
La parte estructural es la más llamativa y la más frágil. Las imágenes de difusión mostraron una reducción bilateral de la difusividad axial en tractos que conectan la corteza prefrontal con regiones subcorticales, un patrón que los autores interpretan como haces de fibras más densos o más íntegros y que covariaba con una menor modularidad de las redes cerebrales. Es, en dirección, lo contrario de lo que suele observarse en el envejecimiento.
Qué implica
Hay razones para el interés y razones para frenar. A favor: es un diseño con tres modalidades de neuroimagen, en personas sin exposición previa y con seguimiento a treinta días, algo poco frecuente. En contra: veintiocho participantes son pocos, todos sanos, y el orden de las sesiones fue siempre el mismo —dosis baja primero, alta después—, de modo que no puede descartarse por completo el efecto de la expectativa o de la repetición de las pruebas. Los autores subrayan además que hacen falta más estudios para saber qué significan realmente esos cambios estructurales; la difusión es una medida indirecta y no equivale a haber visto neuronas nuevas.
El trabajo encaja con otras piezas recientes sobre el patrón cerebral común de los psicodélicos y aporta algo que faltaba: una ventana temporal larga. Si quieres el contexto general de esta sustancia, lo reunimos en la guía sobre psilocibina y setas mágicas.
Fuente
- Lyons T, Spriggs M, Kerkelä L y cols. Human brain changes after first psilocybin use. Nature Communications 17(1):3977, 5 de mayo de 2026. DOI 10.1038/s41467-026-71962-3.
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