
En breve
- Un equipo de la Universidad Northeastern escaneó el cerebro de 24 ratas despiertas (12 hembras y 12 machos) tras administrarles mescalina, con resonancia magnética funcional y sin anestesia.
- El cerebelo, la región que filtra lo que llega de los sentidos, reduce su actividad interna pero multiplica sus conexiones con el hipocampo, el tálamo, la corteza sensorial y el mesencéfalo.
- Antes de la mescalina el cerebelo apenas se comunicaba con el hipocampo; después quedó enlazado con siete de sus nueve subregiones.
La mescalina es el psicodélico clásico peor cartografiado. Del LSD y la psilocibina hay decenas de estudios de neuroimagen; del alcaloide del peyote y el San Pedro, casi ninguno. Un trabajo publicado en Neuroscience Bulletin por Noah Cavallaro y Craig Ferris, del Centro de Neuroimagen Traslacional de la Universidad Northeastern (Boston), ofrece el primer mapa funcional completo. Y lo que encuentra no encaja del todo con el guión conocido.
Un filtro sensorial que se apaga y se dispara a la vez
La pieza central es el cerebelo. La neurociencia clásica lo asocia sobre todo al movimiento, pero también hace de portero de la información sensorial: decide qué estímulos merecen atención. Tras la mescalina, su actividad interna bajó con claridad. El análisis de conectividad en reposo mostró lo contrario a otro nivel: sus núcleos profundos dispararon el número de conexiones con el resto del cerebro. La más llamativa fue con el hipocampo, ligado a la memoria, que pasó de una comunicación casi inexistente a enlazar con siete de sus nueve subregiones. Los autores describen esa combinación como paradójica.
Los olores y los sonidos también cambian
El equipo completó las imágenes con dos pruebas de comportamiento. Un olor a almendra que normalmente enciende las zonas de recompensa dejó de provocar respuesta bajo mescalina. Y en una prueba de inhibición por prepulso (la capacidad de amortiguar un sonido fuerte si antes suena otro más suave) apareció un patrón que dependía de la frecuencia: la sustancia reforzó el filtrado en tonos graves y agudos, y lo debilitó en las frecuencias intermedias. No es un apagón general del filtro sensorial, sino una reorganización selectiva.
Qué implica
Es un estudio animal y sus autores no lo presentan de otro modo: un primer mapa, no una explicación cerrada de la experiencia humana con mescalina. Extrapolar de 24 ratas a una ceremonia con peyote sería ir muy por delante de los datos. Dicho eso, aporta algo que faltaba. Durante años se ha dado por supuesto que los psicodélicos clásicos comparten una misma vía de acción cortical, y este trabajo sugiere que la mescalina se apoya en el cerebelo de una forma que no se había descrito para el LSD ni para la psilocibina. Para quien usa peyote o San Pedro, en contextos tradicionales o personales, el valor es de conocimiento: ayuda a entender por qué quienes las han probado describen matices distintos entre unas y otras, sin que eso signifique más o menos riesgo. El propio Cavallaro plantea el siguiente paso como comparativo: cruzar estos mapas con los del LSD y la psilocibina para ver qué parte de la experiencia depende de cada vía.
Fuente
- Cavallaro N, Ferris CF, et al. Mescaline Alters Cerebellar Function, Global Connectivity, and Frequency-Selective Acoustic Gating: A BOLD fMRI Study in Awake Rats. Neuroscience Bulletin, 2026. Resumen divulgativo en Northeastern Global News, 20 de julio de 2026.
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