Un metaanálisis halla que la ketamina reduce recaídas solo el primer mes

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Redacción Psiconáutica · 30 de agosto de 2026

En breve

  • Un equipo del Hospital West China (Universidad de Sichuan) publica el primer metaanálisis centrado solo en la ketamina para trastornos por uso de sustancias: 15 ensayos, 798 participantes.
  • La ketamina triplica las probabilidades de mantenerse abstinente durante el primer mes tras el tratamiento, pero el efecto pierde fuerza estadística entre el mes uno y el mes seis.
  • Los efectos adversos fueron leves: subidas transitorias de tensión arterial y sensaciones disociativas que remiten en media hora, sin diferencias en abandonos del estudio.

Un metaanálisis publicado en Frontiers in Psychiatry reúne por primera vez toda la evidencia disponible sobre la ketamina como apoyo para dejar el alcohol, la cocaína, la heroína o el tabaco. La conclusión es matizada: el efecto es real a corto plazo, pero la ciencia todavía no puede decir si se sostiene más allá de unas semanas.

Qué analizaron

El equipo, liderado por Shu-Ping Fang y Mao-Sheng Ran, cribó 15 ensayos aleatorizados con 798 personas (466 en el grupo con ketamina). Cuatro estudios trataban el alcohol, tres la cocaína, dos la heroína, dos otros opioides y uno el tabaco; en tres de los quince había además depresión asociada. La mayoría administró la sustancia por vía intravenosa (doce ensayos) y el resto por vía intramuscular, con dosis de entre 0,20 y 2,0 mg/kg, siempre como apoyo a un tratamiento psicoterapéutico y no como sustancia única.

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Los números

En el primer mes tras la intervención, quienes recibieron ketamina tuvieron casi el triple de probabilidades de seguir abstinentes que el grupo de control (razón de momios de 3,27). Entre el mes uno y el mes seis el efecto seguía siendo favorable pero ya no alcanzaba significación estadística (1,74). El deseo de consumo (craving) no bajó de forma notable en el primer mes, aunque sí lo hizo de manera moderada más adelante. En seguridad, no hubo diferencias relevantes en abandonos del tratamiento ni en efectos adversos graves entre grupos: lo más frecuente fueron subidas de entre el 20% y el 30% en la tensión diastólica y sistólica, junto a sensaciones disociativas que desaparecían en menos de media hora.

Qué implica

Los propios autores clasifican la certeza de la evidencia como moderada para el primer mes y baja o muy baja para el resto de resultados, y solo siete de los quince ensayos aportaban datos de abstinencia utilizables para el cálculo estadístico. Reconocen además una limitación habitual en este tipo de estudios con ketamina: como sus efectos disociativos son difíciles de disimular, participantes y terapeutas suelen intuir quién recibe la sustancia real, lo que puede inflar el resultado percibido. Ninguno de los ensayos se hizo fuera de un entorno clínico controlado, así que estos datos no dicen nada sobre el uso no supervisado. Para quien ya usa ketamina o valora un tratamiento con ella dentro de un programa de reducción de riesgos, el dato útil es este: la evidencia respalda un efecto real pero modesto y de corto recorrido, no una cura, y la vigilancia cardiovascular durante la infusión sigue siendo la precaución práctica más sólida que arroja el estudio. Encaja con lo que ya vimos al comparar la ketamina intravenosa con la esketamina en depresión: el efecto existe, pero su duración es la gran incógnita.

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Fuente

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