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En breve
- Un servicio de análisis de sustancias dentro del centro de inyección supervisada de Sídney examinó 77 muestras en seis meses de 2024: 16 contenían algo inesperado.
- Usaron el servicio 65 personas, el 25 % de los 256 clientes que pasaron por el centro mientras funcionaba.
- El estudio, publicado en la International Journal of Drug Policy, lo considera viable y aceptable, aunque es de un solo centro y con intenciones declaradas, no medidas.
El Uniting Medically Supervised Injecting Centre (MSIC) de Sídney ha publicado los resultados del primer servicio de análisis de sustancias instalado dentro de una sala de consumo supervisado en Australia. De las 77 muestras analizadas, algo más de una de cada cinco tenía una composición distinta de la que esperaba quien la llevaba.
Qué se hizo y cuántas personas acudieron
El estudio combinó métodos: documentó los trámites necesarios para abrir el servicio, analizó las muestras en el propio centro, las contrastó con análisis externos de confirmación y pasó encuestas a los usuarios. El proyecto sufrió retrasos por cuestiones de seguro antes de arrancar. Después funcionó durante seis meses de 2024.
En ese tiempo lo usaron 65 personas, el 74 % hombres, con una edad mediana de 45 años. Representan el 25 % de los 256 clientes que estuvieron en el centro mientras el servicio estaba abierto. El 79 % de las muestras correspondían a lotes de los que el participante ya había probado algo antes de analizarlos.
Lo que apareció en las muestras
En el análisis in situ, 61 de las 77 muestras contenían únicamente la sustancia esperada. En 11 había la sustancia esperada más otra u otras, y en 5 solo había sustancias inesperadas. Según Rob Page, médico especialista en adicciones y coautor del artículo, detectaron fenacetina en drogas compradas como cocaína y bromazolam en lo que debía ser Xanax.
Hay un matiz técnico que el propio estudio recoge: en siete muestras, el resultado obtenido en el centro no coincidió con el del análisis de confirmación externo. Es un recordatorio de que las técnicas de campo dan una primera orientación y no sustituyen a un laboratorio.
Qué hicieron los participantes con la información
Tras el análisis, en el 24 % de las muestras los participantes dijeron que ya no les quedaba nada. En dos tercios (68 %) declararon que pensaban consumir la sustancia: cinco dijeron que usarían menos y seis que llevarían naloxona. El 42 % pidió más información sobre tratamiento y el 20 % fue derivado directamente a servicios de apoyo. Según la nota de Uniting, el 98 % de los participantes quería poder analizar sus drogas en cada visita.
Qué implica
Según los investigadores, se sabe más del análisis de sustancias en festivales que entre personas que se inyectan. Este trabajo aporta datos de un entorno distinto, el de personas que se inyectan, y concluye que el servicio es aceptable y resulta de confianza para ellas. Marianne Jauncey, directora médica del MSIC, sostiene que la pregunta ya no es si estos servicios funcionan sino por qué siguen siendo tan escasos.
Conviene leerlo con sus límites. Es un único centro, 65 personas y seis meses. Los cambios de conducta son intenciones que los participantes declararon en encuestas, no comportamientos observados. Y la cifra de muestras con sorpresas depende de lo que la gente decide analizar, no de una muestra representativa del mercado. Sobre el contexto local, Nueva Gales del Sur ya anunció hace poco el análisis permanente en festivales. Para el marco general, tienes nuestra guía de reducción de daños y uso responsable.
Fuente
- Feasibility, acceptability, and impacts of a drug checking service within a supervised consumption site in Sydney, Australia. International Journal of Drug Policy, 21 de septiembre de 2026. Datos complementarios y declaraciones: nota de prensa de Uniting / Fair Treatment, 23 de septiembre de 2026.
Contenido divulgativo elaborado desde la reducción de daños y el respeto a la libertad individual. No sustituye la información de un profesional sanitario ni pretende fomentar ni condenar ningún consumo.