
En breve
- El turismo hacia las ceremonias con huachuma (San Pedro) crece en Estados Unidos, América Latina y Europa.
- Un análisis de campo de una investigadora de UC Berkeley recoge cientos de testimonios y revisa la evidencia sobre sus efectos.
- El texto compara el fenómeno con el turismo de la ayahuasca y plantea cómo evitar que se repita el mismo reparto desigual con las comunidades andinas.
El turismo occidental hacia las ceremonias con huachuma, el cactus andino conocido como San Pedro, crece en Estados Unidos, América Latina y Europa. Un análisis de campo publicado por una investigadora de la Universidad de California en Berkeley documenta ese auge y pone sobre la mesa una pregunta incómoda: quién se beneficia cuando una práctica sagrada de los Andes se convierte en producto de bienestar para extranjeros.
Ocho mil años de uso
La huachuma, de nombre científico Echinopsis pachanoi, contiene mescalina, el mismo compuesto psicoactivo del peyote, aunque la experiencia que ofrece es distinta. Restos hallados en una cueva peruana sugieren un uso que se remonta unos 8.000 años, y antes del 1300 a.C. ya aparecía tallada en piedra en Chavín de Huántar, un complejo ceremonial de 3.000 años en las tierras altas del norte de Perú, sostenida por una deidad con colmillos. Las ceremonias tradicionales las dirigen curanderos formados durante años de aprendizaje familiar, a través de la mesa, el altar donde el sanador bebe el brebaje para intuir el origen del malestar de cada paciente. La sesión dura un día entero: el té amargo se toma por la mañana, el efecto llega despacio en una o dos horas y se sostiene hasta el atardecer, mientras el grupo camina, descansa, conversa y come junto.
Once horas de efecto
La autora del análisis entrevistó a cientos de personas en retiros de Arizona, México y Costa Rica: veteranos, policías, directivos, enfermeras, gente que llegaba tras agotar terapia, antidepresivos y otros psicodélicos. Una encuesta amplia citada en el texto encontró que la mayoría refería mejoras duraderas en depresión y ansiedad. Según la autora, y a diferencia de otros psicodélicos, la huachuma rara vez produce visiones: quien la toma sigue de pie, capaz de caminar y hablar durante toda la sesión, con un efecto que se describe cercano al de la MDMA como potenciador de la empatía y la cercanía. Según un ensayo controlado citado en el artículo, ese efecto dura unas 11 horas de media, más del doble que las cinco horas de la psilocibina. La mescalina también eleva la frecuencia cardiaca y la presión arterial, un dato a tener en cuenta para personas con problemas cardiovasculares, ciertos antecedentes psiquiátricos o que siguen determinados tratamientos. Un brebaje casero no tiene una dosis estándar y la potencia varía de una planta a otra, de modo que quien sirve la ceremonia conoce la fuerza de lo que reparte y permanece presente durante las diez horas o más que dura la experiencia.
Qué implica
El texto traza un paralelismo directo con lo ocurrido con el turismo de la ayahuasca: retiros de lujo que cobran miles de dólares, facilitadores sin formación y ceremonias vaciadas de cantos, dietas y obligaciones comunitarias, mientras las comunidades indígenas que desarrollaron la práctica reciben poco a cambio. Con el peyote, la otra gran fuente de mescalina, esa discusión ya ha llegado a los despachos: una comunidad navajo ha pedido a la DEA que frene la mescalina industrial. Frente a ese riesgo, los cultivadores éticos replantan un esqueje por cada brazo de cactus que cosechan, para que la planta sobreviva a quien la sirve, y los sanadores entrevistados insisten en nombrar a sus maestros, reconocer el origen andino de la práctica y devolver apoyo económico a esas comunidades. El propio análisis señala sin rodeos el riesgo de los facilitadores sin experiencia, y la respuesta pasa por más información, no por menos: saber de dosis, contraindicaciones y procedencia es lo que permite a cada cual decidir con criterio propio. El crecimiento del interés occidental por este cactus abre una oportunidad real de investigación sobre depresión, ansiedad y adicciones, siempre que ese interés no repita el patrón que ya vivió la ayahuasca: extraer el beneficio y dejar fuera a quienes custodiaron la planta durante milenios.
Fuente
- Pardis Mahdavi. Huachuma, the Andean psychedelic cactus, is drawing Western seekers and raising ethical questions. The Conversation, 8 de septiembre de 2026.
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