
¿Buscas el dato exacto? Pregúntaselo a nuestro cerebro documental, que responde citando los estudios: ¿Qué dosis de LSD se han empleado en investigación y qué duración tienen?
En breve
- Un equipo de Copenhague combinó PET y resonancia magnética para ver, en el mismo cerebro y a la vez, qué hace el LSD en el receptor 5-HT2A y en el riego sanguíneo.
- El LSD ocupa ese receptor con alta afinidad, aumenta el flujo sanguíneo cerebral global y reduce la conectividad global, sobre todo en redes visuales y de atención.
- Los datos completos son de solo siete voluntarios, así que es un trabajo de mecanismo, no una prueba de eficacia clínica.
Se sabe desde hace décadas que el LSD actúa sobre el receptor serotoninérgico 5-HT2A, pero medirlo en una persona viva, con dosis conocidas y a la vez que se registra la actividad cerebral, es bastante más difícil. Un estudio publicado el 12 de octubre en Nature Neuroscience lo ha intentado con una técnica poco habitual: PET y resonancia magnética funcional simultáneas.
Un escáner doble y dosis a ciegas
El trabajo procede de la Unidad de Investigación en Neurobiología del Rigshospitalet de Copenhague, con colaboración de la Universidad de Copenhague y del Hospital Universitario de Basilea. Los voluntarios, sanos, tomaron LSD por vía oral en dosis de entre 25 y 200 microgramos sin saber cuál les tocaba. Dentro del escáner, un trazador radiactivo (el [11C]Cimbi-36) permitía ver cuánto receptor 5-HT2A quedaba ocupado, mientras las secuencias de resonancia medían el flujo sanguíneo cerebral, el flujo en la arteria carótida interna y la conectividad entre regiones.
La muestra final es pequeña. Solo siete voluntarios aportaron datos completos en el momento de máximo efecto. Cuatro no completaron los escáneres con LSD: en dos casos por un fallo del equipo y en otros dos por efectos adversos. Como referencia, los autores usaron otro grupo de 25 personas que habían recibido psilocibina.
Qué se vio en el cerebro
Según el resumen del artículo, el LSD se une al 5-HT2A con alta afinidad y existe una relación entre dosis y ocupación del receptor que, en opinión de los autores, podría orientar el desarrollo clínico de estas sustancias. Además, aumentó el flujo sanguíneo cerebral global y el de la carótida interna; ambas medidas se movieron juntas. La conectividad global descendió, sobre todo en redes visuales y de atención en la mayoría de los participantes, y esa bajada se asociaba de forma inversa con el aumento del flujo.
Un detalle farmacológico llama la atención: al cruzar la concentración de LSD en plasma con la intensidad subjetiva, la curva dibuja un bucle «antihorario». Dicho de forma sencilla, los efectos no siguen al nivel en sangre punto por punto, sino que van a su propio ritmo. Los autores lo interpretan como una farmacodinámica atípica. Con esta muestra conviene tomarlo como una pista, no como una conclusión cerrada.
Qué implica
El valor del estudio está en el método: poder poner cifras a la relación entre dosis, receptor y respuesta vascular ayuda a entender por qué el LSD dura tanto y por qué dos personas con la misma dosis pueden vivirlo distinto. También recuerda que parte de la señal que se mide con resonancia refleja cambios de riego sanguíneo, no solo actividad neuronal, algo que conviene tener presente al interpretar otros estudios de imagen.
Los límites son claros. Siete personas sanas, dosis variables y un solo escenario de laboratorio no permiten extrapolar a la terapia ni al uso fuera del laboratorio. Encaja con otros trabajos recientes sobre el ritmo de la actividad cortical bajo LSD, como el que ya reseñamos. Para situar la sustancia en su contexto histórico y farmacológico, puedes consultar nuestra guía sobre el LSD y el cornezuelo del centeno.
Fuente
- McCulloch, D. E.-W., Larsen, K., Fisher, P. M., Knudsen, G. M. y colaboradores. Investigating molecular and hemodynamic effects of LSD in the human brain. Nature Neuroscience, 12 de octubre de 2026.
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