
En breve
- Un estudio con 176.149 pacientes de cirugía oncológica no encuentra que la ketamina perioperatoria reduzca la mortalidad a 3 o 5 años.
- La hipótesis partía de estudios de laboratorio que sugerían un posible efecto antitumoral de la sustancia.
- Sí aparece una señal exploratoria menor: algo menos de indicios de progresión del cáncer más allá de los 6 meses en quienes recibieron ketamina.
Investigadores de Israel han publicado el estudio más grande hecho hasta ahora sobre si administrar ketamina durante una cirugía de cáncer cambia algo en el pronóstico a largo plazo. La respuesta, con datos de decenas de miles de pacientes, es que no: quienes recibieron ketamina el día de la operación no vivieron más que quienes no la recibieron.
De dónde venía la esperanza
La ketamina se usa desde hace décadas como anestésico y como refuerzo analgésico en quirófano, mucho antes de que nadie pensara en ella como antidepresivo. En los últimos años, varios estudios de laboratorio habían sugerido que además de sus efectos ya conocidos, podría interferir con el crecimiento de células tumorales o modular la respuesta inmunitaria de un modo que dificultara la propagación del cáncer tras la cirugía. Esa hipótesis alimentaba la idea de que un fármaco ya barato y disponible en cualquier hospital pudiera, de paso, mejorar la supervivencia oncológica.
Lo que muestran los datos
El equipo, liderado por Tomer Talmy y publicado en British Journal of Anaesthesia, revisó historiales de la red TriNetX en Estados Unidos: personas adultas operadas de un tumor sólido mayor entre 2014 y 2023. Tras emparejar por edad, comorbilidades, tipo de tumor y tipo de cirugía, quedaron 29.547 parejas de pacientes, la mitad con ketamina el día de la operación y la mitad sin ella. La mortalidad a 3 años fue del 16,7% en el grupo con ketamina frente al 16,0% en el grupo sin ella, una diferencia que no alcanza significación estadística real una vez corregida por comparaciones múltiples. A 5 años, tampoco hubo diferencia. El resultado se mantuvo al repetir el análisis por tipo de cáncer y por distintas combinaciones de fármacos usados en la anestesia.
Sí apareció un hallazgo menor, de carácter exploratorio: entre quienes recibieron ketamina hubo algo menos de indicios indirectos de progresión de la enfermedad —inicio de quimioterapia, radioterapia o cuidados paliativos— pasados los primeros seis meses. Los propios autores lo describen como una señal débil, no como una prueba de que la ketamina frene el cáncer.
Qué implica
Es un estudio observacional, no un ensayo aleatorizado: aunque el emparejamiento por características reduce sesgos, no los elimina del todo, y no sabemos por qué a unos pacientes se les dio ketamina y a otros no. Aun así, con este tamaño de muestra el mensaje es claro y honesto: no hay motivo para pensar que añadir ketamina en el quirófano prolongue la vida tras una cirugía de cáncer, por mucho que lo prometiera el laboratorio. Los propios autores lo enmarcan junto a otros grandes estudios recientes que tampoco han encontrado que la elección del anestésico cambie la supervivencia oncológica. La ketamina sigue siendo útil por lo que ya sabíamos que hacía —analgesia, reducción de opioides, y en otros contextos, alivio rápido de síntomas depresivos, con los matices que ya vimos sobre cuánto dura ese efecto—, sin necesidad de atribuirle propiedades extra que los datos, de momento, no respaldan.
Fuente
- Talmy T, et al. Ketamine administration and postoperative mortality after major cancer surgery: a propensity-matched population-based study. British Journal of Anaesthesia, agosto de 2026.
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