Escohotado: de Amnesia a la Historia general de las drogas

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En breve: Continuamos el recorrido por la vida de Antonio Escohotado: su breve y mítico paso por la sala Amnesia de Ibiza, el regreso a Madrid y a la UNED, los choques con la academia y con las leyes antidroga que lo llevaron cuatro veces a prisión, y la escritura de su obra más conocida sobre la historia de los psicoactivos, marcada por su amistad con Albert Hofmann.

Ibiza: la breve aventura de Amnesia

A mediados de los setenta, Escohotado vivió uno de los episodios que más han alimentado su leyenda: la apertura de la discoteca Amnesia, en Ibiza. El local nació de una finca rural levantada a finales del siglo XVIII, donde durante cinco generaciones la familia Planells había cultivado la tierra y construido un molino. Cuando la familia se trasladó a la ciudad en 1970, la propiedad pasó a manos de una viuda de origen aristocrático y, casi sin pretenderlo, se convirtió en punto de encuentro de la comunidad hippie de la isla: música en directo, noches enteras de baile, hierba y LSD.

En mayo de 1976, Escohotado alquiló la finca junto a Manuel Sáenz de Heredia por 20.000 pesetas mensuales (unos 120 euros de hoy) para montar una sala. Su primera idea fue bautizarla «Taller del olvido», en la convicción de que se sale de noche para dejar atrás los problemas y sumergirse en un mundo distinto al de la rutina. Pronto reparó en que una sola palabra resumía mejor esa intención: «Amnesia». Vendió el negocio apenas un año después; con el tiempo se convertiría en una de las discotecas más famosas del planeta. Para algunos, aquel traspaso marcó simbólicamente el final del flower power español, un dato que dice más de la mitología construida en torno a Escohotado que de los hechos en sí.

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Más ensayo que filosofía pura

La etapa ibicenca no frenó su producción intelectual, más bien la reorientó. En 1975 había publicado De physis a polis. La evolución del pensamiento griego desde Tales a Sócrates (Anagrama), todavía citado en las facultades como introducción a los presocráticos. Aquel texto era, en realidad, un apéndice de un proyecto mayor de ontología que, tras sucesivas reescrituras, vería la luz como Realidad y substancia (Taurus, 1985). A partir de entonces se aleja de la filosofía académica para adentrarse en fenómenos sociales: Historias de familia (Anagrama, 1978), un ensayo sobre sociología del género que años después ampliaría en Rameras y esposas (1993).

Regreso a Madrid y a la universidad

Cuando sintió que Ibiza ya no le ofrecía nada, volvió a Madrid. Una plaza vacante en la UNED —adjunto de Ética y Sociología— le devolvió a la docencia. Allí impartiría Derecho, Filosofía, Sociología y, finalmente, Filosofía y Metodología de la Ciencia, junto a su amigo Carlos Moya.

El reencuentro con la institución no fue amable. En 1983, cuando miles de profesores adjuntos pasaron a titulares, Escohotado fue de los pocos suspendidos: un tribunal de catedráticos le adjudicó siete ceros pese a su trayectoria y sus publicaciones. Recurrió la calificación pidiendo que se justificaran las notas y, tras un año de espera y sin sueldo, recibió un escueto «5» sin explicación alguna. Aquel episodio, leído hoy, ilustra bien las tensiones entre un intelectual heterodoxo y las dinámicas corporativas de la universidad española de la época. Fue entonces cuando decidió pasarse al área de Sociología.

Cuatro veces en prisión

Defensor de lo que él llamaba «ilustración farmacológica», Escohotado mantuvo durante los años ochenta una relación abiertamente conflictiva con la legislación antidroga, que le costó cuatro estancias en la cárcel. El caso más relevante para su obra fue la condena dictada en 1988 por la Audiencia de Palma: dos años y un día por un presunto delito de narcotráfico. El propio Escohotado relató que quienes ofrecían comprar y vender eran policías o personas próximas a ellos, y que el juez rebajó la pena al considerar el delito «en grado de tentativa imposible». Aun así, prefirió cumplir sin dilaciones e ingresó en el penal de Cuenca.

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Conviene situar el dato con cierta distancia crítica: la propia narración de los hechos procede sobre todo del condenado, y muchos de los detalles que han circulado proceden de su versión. Lo verificable es que aquella reclusión se convirtió, paradójicamente, en el espacio donde tomó forma su trabajo más ambicioso.

La gestación de su obra mayor

Su libro más conocido, una historia de las drogas publicada en tres volúmenes por Alianza a partir de 1989, empezó a redactarse precisamente en prisión: según el autor, allí escribió cuatro quintas partes del conjunto. La parte dedicada a describir las sustancias apareció con distintos títulos a lo largo de los años —El libro de los venenos (1990), Para una fenomenología de las drogas (1992) y Aprendiendo de las drogas (1995)— hasta integrarse en la edición de un solo tomo, Historia general de las drogas (Espasa-Calpe, 1998). También circula una versión abreviada, Historia elemental de las drogas (Anagrama), y otros títulos como Las drogas: de ayer a mañana o La cuestión del cáñamo.

El proyecto tenía raíces previas. Entre 1983 y 1984, mientras trabajaba como traductor free-lance para Naciones Unidas, accedió a los fondos de la antigua División de Estupefacientes en Viena. Aquel acceso directo a las fuentes del régimen prohibicionista internacional resultó decisivo en un terreno entonces dominado, según sus palabras, por el sensacionalismo y la desinformación. Escohotado planteó las drogas como un objeto legítimo de conocimiento, partiendo de la idea de que el verdadero peligro reside en la ignorancia.

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Albert Hofmann, una amistad fundacional

De aquellos viajes nació también su vínculo con Albert Hofmann, el químico suizo que sintetizó por primera vez el LSD. Aprovechando una escala en Suiza, Escohotado se decidió a escribirle para conocerle, y entre ambos se forjó una relación estrecha. Llegó a referirse a Hofmann casi como una figura paterna —había perdido pronto a sus padres— y visitó en varias ocasiones la casa del científico en Rittimatte, junto a la frontera franco-suiza. Hofmann, por su parte, viajó a España en distintas ocasiones para dar conferencias.

Lectura crítica

La Historia general de las drogas sigue siendo una referencia para quien quiera acercarse a la historia y los usos de los psicoactivos: amplia, documentada y de lectura amena. Conviene, eso sí, leerla con conciencia de su contexto y de su autor. Escohotado fue un polemista apasionado, y su obra combina erudición con una posición militante a favor de la liberalización; reconocer ese sesgo no resta valor al trabajo, pero ayuda a distinguir el dato histórico del argumento ideológico.

Buena parte de los episodios biográficos —especialmente los judiciales y los relativos a Ibiza— proceden de su propio relato y de fuentes próximas, por lo que merecen el contraste habitual de cualquier autobiografía. Desde la divulgación responsable, recordar el marco no significa repetir el viejo discurso del miedo, sino sostener una mirada informada: ni demonización ni apología. La figura de Escohotado interesa, sobre todo, como puerta de entrada a una conversación más amplia sobre por qué y cómo decidimos prohibir, y qué se pierde cuando el conocimiento queda secuestrado por el tabú.

(Continuará en una próxima entrega.)

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