Plantas psicoactivas silvestres de la Península Ibérica (I)

Artículos relacionados

En breve: La Península Ibérica reúne una sorprendente diversidad de plantas con principios psicoactivos: efedras, adormidera asilvestrada, lechugas silvestres, hármala y un kat mediterráneo. Repasamos sus rasgos botánicos, su distribución y su contexto cultural sin convertirlo en un manual de recolección, porque la confusión con especies tóxicas y los riesgos farmacológicos son la parte que de verdad importa. Primera de dos entregas.

Un herbario silvestre más rico de lo que parece

Cuando se piensa en plantas psicoactivas de la Península, la imaginación suele viajar a la Amazonía o al desierto mexicano. Sin embargo, el mosaico de climas ibéricos —del litoral mediterráneo a los páramos esteparios— sostiene un repertorio notable: varias especies de efedra, adormidera escapada de cultivos farmacéuticos, lechugas silvestres ricas en látex, hármala por toda la mitad seca del país y un pariente europeo del kat aferrado a las costas del sureste.

Alrededor de esa flora se ha tejido también una pequeña subcultura. En los últimos años se ha hablado de recolectores estacionales que recorren la geografía siguiendo los ciclos de las plantas, casi una trashumancia psicoactiva. Conviene mirarla con distancia crítica: no es folclore inocente, sino una actividad que mezcla desconocimiento botánico, ilegalidad y riesgo sanitario. Documentarla no es promocionarla.

La identificación lo es todo

La regla básica de cualquier botánica de campo es tajante: jamás se manipula ni se ingiere una planta sin certeza absoluta sobre su identidad. El paisaje ibérico está lleno de trampas. La efedra puede confundirse con retamas tóxicas; entre los hongos crecen especies mortales junto a las inocuas; y muchas umbelíferas o compuestas se parecen entre sí hasta para ojos entrenados. Acompañarse de alguien con experiencia y manejar una buena clave taxonómica local no es un lujo, es lo mínimo.

A esa incertidumbre se suma otra: el calendario natural se está descolocando. El cambio climático adelanta y retrasa floraciones y fructificaciones cada año, de modo que cualquier referencia estacional es orientativa y no debe tomarse como dato fijo.

Efedras ibéricas: tres especies, un mismo equívoco

En la Península crecen tres efedras, conocidas popularmente como belchos o uvas de mar. Son arbustos muy ramificados de aspecto casi sin hojas —en realidad las tienen, diminutas y soldadas en forma de escamas— y son plantas dioicas, con pies macho y hembra separados.

Leer más  Adulterantes del hachís: ¿qué revelan los laboratorios?

Ephedra major (la llamada efedra fina, equiparada a E. scoparia y E. nebrodensis) forma matas de hasta dos metros de tallos delgados y rígidos, con frutos amarillentos o anaranjados de 5 a 7 mm. Habita roquedos calizos del este y centro peninsular —de Palencia a Granada, pasando por La Rioja, Navarra, Aragón, Madrid o Cataluña— y se le ha atribuido un contenido en efedrina en torno al 0,69 %. Ephedra fragilis es más desparramada, con aspecto de junco, tallos frágiles y fruto rojo de 8 a 9 mm; recibe nombres como canadillo, encarnadillo o trompera. Ephedra distachya, el belcho propiamente dicho, es un arbustillo de hasta un metro presente en el litoral mediterráneo y en zonas interiores como la ribera navarra o el Cerrato palentino.

El interés por estas plantas creció justo cuando la regulación europea restringió los productos a base de efedra y la efedrina pasó a requerir control en farmacia. Es un patrón conocido: cuando se cierra una vía legal, se abre un mercado informal más opaco y peligroso. El parecido de la efedra con retamas venenosas convierte ese atajo en una apuesta arriesgada.

Adormidera: una herencia agrícola incómoda

Pocos saben que algunos de los mayores campos legales de adormidera (Papaver somniferum) de Europa están en Andalucía y en Burgos, destinados a la producción farmacéutica de morfina y codeína por parte de la industria. De esos cultivos autorizados se escapan poblaciones asilvestradas que crecen por su cuenta en cunetas y montes. Los análisis de ese material han llegado a registrar cifras de morfina muy altas —en torno al 20 % en algunas muestras—, lo que da idea de su potencia y, sobre todo, de su peligro.

Existe además la variedad nativa Papaver somniferum var. setigerum (que algunos elevan a especie como P. setigerum), de hojas más divididas y cápsula menor, con contenidos medios de morfina del 2 al 7,3 %. Crece silvestre en buena parte de la Península y de Portugal, según recoge la Flora Ibérica del CSIC.

Aquí la lectura crítica es obligada. Los opiáceos figuran entre las sustancias con mayor potencial de dependencia y de muerte por sobredosis depresora respiratoria, un riesgo que se dispara con material de potencia desconocida y sin ningún control de dosis. Entrar en plantaciones —legales o asilvestradas— es además una actividad ilegal. No describimos métodos de extracción ni de preparación por una razón sencilla: no existe forma segura de improvisarlos.

Leer más  Las Plantas Maestro y sus Discípulos.

Lechugas silvestres y el mito del «lactucario»

Las lechugas silvestres Lactuca virosa y Lactuca serriola (= L. scariola) producen un látex que, seco, recuerda vagamente al hachís y al que se atribuyen efectos sedantes suaves. L. virosa es una herbácea de hasta dos metros, con hojas inferiores grandes a ras de suelo, tallo de base violácea y pelos duros, y cabezuelas de un amarillo limón. L. serriola es muy parecida pero algo menor, con semillas grisáceas y hojas más divididas; ambas se confunden con facilidad entre sí. Pío Font Quer las describe con detalle en su clásico Plantas Medicinales.

El problema mayor es el riesgo de confusión: estas lechugas pueden parecerse a la cerraja (Sonchus oleraceus) o a la hierba cana (Senecio vulgaris), esta última con alcaloides hepatotóxicos. Y conviene rebajar expectativas: la evidencia sobre los efectos del lactucario es escasa y muy discutida, más cercana a la tradición popular que a la farmacología demostrada.

Hármala: la planta que exige respeto farmacológico

La hármala o hármel (Peganum harmala) es abundante en lugares incultos, ribazos y páramos secos de Aragón, el valle del Ebro, la Meseta y las estepas del sureste, con un rosario de nombres locales (alharma, alhargama, garmaza, ruda borda…). Es un arbusto de hasta un metro, de hojas muy divididas y flores blancas, con olor característico. Sus semillas concentran harmina y otros alcaloides en proporciones muy superiores a las de la liana amazónica de la ayahuasca.

Y precisamente ahí está el peligro. Esos alcaloides son inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), una acción farmacológica seria: interactúa de forma potencialmente grave con numerosos medicamentos —entre ellos varios antidepresivos—, con otras sustancias psicoactivas y con alimentos ricos en tiramina, pudiendo desencadenar crisis hipertensivas o síndrome serotoninérgico. No es una planta «suave» por ser silvestre y abundante; es una de las que más cautela exige de toda esta lista.

Leer más  Escohotado: fama televisiva, juicios y razón farmacológica

El kat mediterráneo y canario: estimulante y en peligro

En la costa del sureste, entre Murcia y Málaga, y en enclaves áridos de Granada y Almería, crece el espino cambrón o Catha europaea (= Maytenus senegalensis var. europaea), al que se le han atribuido principios estimulantes emparentados con los del kat africano (Catha edulis): catinona y catina. En la laurisilva canaria aparece un pariente, el peralillo (Maytenus canariensis), que los pastores habrían usado tradicionalmente para combatir el hambre y la fatiga.

El espino cambrón es un arbusto muy espinoso de hasta dos metros, de hojas perennes y semillas pardo-rojizas con un arilo carnoso. Lo más relevante hoy no es su uso, sino su fragilidad: es una especie amenazada cuyo hábitat litoral ha sido arrasado por la urbanización costera. Cualquier recolección incide sobre poblaciones ya en retroceso, un argumento de conservación que pesa más que cualquier curiosidad etnobotánica.

Lectura crítica

Este recorrido tiene un valor sobre todo botánico, etnográfico e histórico. Documenta que la flora psicoactiva ibérica existe y que en torno a ella se mueven prácticas reales, pero no la convierte en una guía de uso. Conviene recordar varias cosas: que la identificación errónea puede ser letal; que sustancias como los opiáceos o los IMAO entrañan riesgos sanitarios graves y bien documentados; que muchas de estas actividades son ilegales; y que algunas especies, como el kat europeo, están amenazadas.

Hemos citado por su nombre fuentes que aparecían en la tradición divulgativa sobre estas plantas —la Flora Ibérica del CSIC, el Plantas Medicinales de Pío Font Quer o las obras etnobotánicas de Christian Rätsch— sin atribuirles afirmaciones que no podamos verificar. Para cualquier dato concreto sobre toxicidad, dosis o interacciones, la referencia debe ser literatura farmacológica y toxicológica revisada, no la transmisión oral entre aficionados. En una segunda entrega abordaremos otros clásicos del imaginario psiconáutico ibérico, como Amanita muscaria, los Psilocybe y el cactus san Pedro naturalizado.

Sigue leyendo en Psiconáutica

Más sobre este tema

Comentarios

Publicidadspot_img

Populares