
Dos trayectorias que confluyen en un mismo punto
Hay encuentros que parecen escritos de antemano. Tucara nace de uno de ellos: el de Andreas Lutz, voz de O’funk’illo y figura del llamado funk andaluz embrutesío, y Alba Molina, conocida por Las Niñas, aquel trío de R&B aflamencao que vendió bien a comienzos de la década anterior. Ambos volvían a primera línea tras un tiempo de menor exposición —tres años en el caso de él; ella nunca dejó del todo los escenarios— y lo hacían juntos, en un proyecto que es a la vez artístico y personal.
Lo curioso es que esa unión no surgió en un estudio ni en una oficina discográfica, sino en una fiesta de cumpleaños. De ese cruce salió una relación que va más allá de lo musical y un disco que, sin renunciar a la identidad de cada uno, los muestra explorando territorios nuevos.
Un disco lleno de contrastes
Tucara reúne doce canciones que atraviesan estados de ánimo distintos. Hay mucho funk, dosis generosas de jazz, ecos de Brasil, pulso caribeño y flamenco sin complejos, pero la mirada apunta siempre a lo contemporáneo: un trabajo que asimila el pasado sin quedarse anclado en él. El resultado es más maduro y acabado que lo anterior de ambos, y con vocación de llegar a un público más amplio.
El material de partida era heterogéneo. Lutz venía componiendo piezas de raíz sureña y acento funk junto a José Acedo, dándoles forma en un estudio casero. Molina, por su parte, había acumulado tablas en directo con el guitarrista Ricardo Moreno y con Vicky Luna, su compañera en Las Niñas; en esos conciertos interpretaba boleros, se dejaba mecer por la bossa nova o rastreaba el cancionero de Gershwin sin perder nunca su raíz flamenca. Ordenar tanta dispersión no era sencillo, pero la confianza ayudó: la pareja ya había compartido estudio en la época de Las Niñas, cuyos discos Lutz coprodujo.
No estuvieron solos. Junto a Moreno y Acedo, implicados en la producción, el disco luce una nómina notable: músicos cubanos como Yelsy Heredia, Pepe Rivero o Moisés Porro, curtidos con grandes nombres de la isla, y andaluces de largo recorrido como Manolo Nieto, José Mena o Nano Peña. Una aportación precisa y honda que sostiene unas composiciones sin prejuicios, igual de válidas para una noche de baile que para una tarde de sofá.
La entrevista (vía Cannabis Magazine)
Reproducimos, con edición y contexto propios, las respuestas que el dúo ofreció en su día a Cannabis Magazine. Las firmas corresponden a Tucara (TC), salvo cuando responden por separado.
El Sur produce grandes artistas, pero sobre todo grandes uniones. Conoceros en lo personal y en lo artístico habrá supuesto un cambio. ¿Cómo de grande?
TC: Enorme, pero muy positivo. Pensamos que es cosa del destino.
Habéis ganado notoriedad en poco tiempo. ¿Qué os ha revolucionado más, la fama o el amor?
TC: El amor es lo más poderoso que existe y todo lo positivo es consecuencia de ello. Aunque también está el odio, casi igual de poderoso, con consecuencias desastrosas. El amor es una revolución que el ser humano olvida una y otra vez.
Vuestra música es difícil de encasillar: del flamenco al hip hop, del funk al Caribe. Si tuvierais que definirla con una etiqueta, ¿cuál sería?
TC: Música sureña.
¿Qué músicos os han influido más?
Alba: Antonia «la Negra», Lole y Manuel, Camarón, Caetano Veloso, Erykah Badu, Prince…
Andreas: D’Angelo, Nirvana, Camarón, Faith No More, Busta Rhymes, Miles Davis…
Vuestras canciones hablan de amor, alegría y amistad. En tiempos difíciles, ¿de dónde sale ese optimismo?
TC: Es la consecuencia directa de la fatiga, la salida al dolor, la humildad frente a la ambición. Es darse cuenta de que la felicidad está mucho más a mano de lo que nos quieren hacer creer.
¿Qué esperáis del futuro?
TC: Tocar, componer, ensayar, tocar, componer y… ¡disfrutar!
Cuestionario rápido
Si no os hubierais dedicado a la música, ¿qué habríais querido ser?
Alba: Me interesa mucho la psicología, leo bastante sobre el tema y me entusiasma; aun así, no creo que pudiera vivir sin música.
Andreas: No me imagino en otra cosa, aunque de niño se me daba bien el tenis y mi padre me veía profesional. Pronto le di la vuelta a la raqueta.
Cinco adjetivos para vuestra música:
TC: Emocionante, groovie, gitana, funk, sureña, andaluza, abierta, fresca…
Dos discos que os hayan marcado:
TC: Nuevo día/Una voz y una guitarra (Lole y Manuel) y Voodoo (D’Angelo).
Vuestro momento favorito del día:
TC: Subir al escenario, de día o de noche.
El último libro que habéis leído:
TC: El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano.
Una canción ajena que os habría gustado escribir:
TC: «Beso de desayuno», de Calle 13.
Lectura crítica
Más allá de la anécdota romántica y la promoción de un disco, lo que hace interesante a Tucara desde la perspectiva de este portal es su voluntad de fusión: mezclar tradiciones musicales muy distintas para provocar estados de ánimo concretos. La música ha sido, en casi todas las culturas, una vía de acceso a estados modificados de consciencia —del trance ritual a la simple euforia compartida en un concierto—, y proyectos como este lo recuerdan sin necesidad de discurso místico.
Conviene, eso sí, leer con cierta distancia el relato del «destino» y del amor como motor absoluto que ofrece el dúo: forma parte tanto de su sinceridad como del lenguaje promocional propio de un lanzamiento. La entrevista original apareció en una revista vinculada a la cultura del cannabis, un contexto que merece mencionarse para entender el tono y el público al que se dirigía. Nada de ello resta valor a la propuesta musical, pero sí ayuda a situarla.