
De la tolerancia a la prohibición: el camino hasta 2008
Durante años, los Países Bajos fueron el escaparate europeo de las llamadas smart shops, donde podían adquirirse legalmente setas frescas que contienen psilocibina. Ese margen se fue estrechando por etapas: las setas secas ya habían quedado prohibidas en 2002, y desde 2007 la prohibición de las frescas se anticipaba como cuestión de tiempo. El 1 de diciembre de 2008 se consumó, equiparando su venta a la de drogas catalogadas como de máximo riesgo.
Hasta entonces, varias tiendas holandesas comercializaban —también por correo— setas frescas de distintas variedades de Psilocybe cubensis y de otras especies como Panaeolus cyanescens, además de trufas (esclerocios) de Psilocybe tampanensis. Conviene señalar un matiz que marcaría los años siguientes: la prohibición de 2008 recayó sobre las setas, pero dejó en un limbo a esas trufas, que continuaron vendiéndose. Es un ejemplo claro de cómo una norma redactada de forma estrecha desplaza el mercado en lugar de cerrarlo.
Qué especies estaban en circulación
De las setas con psilocibina, Psilocybe cubensis es la más conocida y la que presenta más «razas» o variedades repartidas por las zonas tropicales del planeta: desde México —donde se la asocia tradicionalmente al «hongo de San Isidro»— hasta el Sudeste Asiático, Australia o el sur de Estados Unidos. El catálogo comercial de la época manejaba decenas de nombres (Golden Teacher, B+, variedades mexicanas, tailandesas, ecuatorianas…), diferenciados sobre todo por su comportamiento en cultivo. No reproducimos aquí parámetros de cultivo, recolección ni dosis: no es el objeto de este archivo, y son justamente esos detalles los que convierten un texto divulgativo en un manual práctico.
Sí merece atención el papel de las esporas. Microscópicas, se intercambian con fines taxonómicos y de estudio al microscopio, y su comercio se ha movido históricamente en un plano legal distinto al de la propia seta. Esa distinción es la que sostiene buena parte del debate jurídico que viene a continuación.
Por qué Holanda prohibió las setas justo entonces
La decisión no fue solo sanitaria. Pesaron la expansión del consumo, la presión del resto de la Unión Europea y una cobertura mediática marcadamente sensacionalista, alimentada por casos sin nombres ni datos verificables —relatos de turistas que supuestamente se habrían arrojado al vacío tras consumir setas—. El caso más citado para justificar la prohibición correspondía, al parecer, a una persona con un trastorno mental previo, un matiz que tiende a desaparecer cuando se busca un culpable simple.
El contraste con las cifras es notable. Un informe del Instituto Nacional de Salud holandés del año 2000 había calificado de «muy bajos» los riesgos del consumo de psilocibes, en un país donde se vendía alrededor de millón y medio de bolsitas al año y los incidentes graves eran escasos en proporción. La prohibición la impulsó la coalición conservadora de gobierno —incluida la formación ChristenUnie (Unión Cristiana)—, con un nuevo informe oficial mucho más alineado con esa orientación política. La comparación que recorre todo el debate es inevitable: el alcohol, con un balance de daño incomparablemente mayor, no se prohíbe. Eso no significa que las setas sean inocuas; significa que la frontera entre lo legal y lo ilegal responde a la cultura y la política tanto como al riesgo real.
También hay un dato que explica la alarma de las autoridades europeas: en algunas zonas las setas se habían convertido, tras el cannabis, en una de las sustancias ilegalizadas más consumidas entre adolescentes. Un estudio del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet documentó esta cuestión con cifras en su momento. Reconocer ese consumo juvenil real es parte de una lectura honesta: el problema no se resuelve negándolo ni exagerándolo.
El caso español: esporas, publicidad y un límite difuso
En España la situación ha sido distinta y, durante años, contradictoria. El cultivo doméstico de hongos Psilocybe a pequeña escala y con fines personales se ha considerado legal, mientras que un cultivo industrial con fines comerciales podría constituir delito. Sobre las esporas, el abogado Héctor Brotons sostuvo —en un texto publicado en la prensa especializada (Soft Secrets, diciembre de 2005)— que ni su venta ni la de los llamados «panes» comportaría, a priori, castigo penal ni administrativo, aunque sí riesgo de actuaciones de la administración; citaba casos en que las personas afectadas fueron finalmente absueltas.
Paralelamente, prensa cannábica de origen holandés distribuida en castellano anunciaba «setas alucinógenas» y «cactus de mescalina» sin aparente reacción de las autoridades, pese a que la normativa española sobre publicidad con pretendida finalidad sanitaria (Real Decreto 2217/1996) prohíbe sugerir que un producto potencia el rendimiento físico o psíquico. Esa tolerancia desigual —prohibir el producto en un país y consentir su publicidad en otro— ilustra bien la incoherencia regulatoria de la época.
El reverso de esa ambigüedad fue judicial. Es conocido el caso de una smart shop en el centro de Sevilla cuyo responsable, tras vender setas frescas importadas durante años, acabó enfrentando una condena de cuatro años a raíz de un incidente protagonizado por clientes que consumieron sin preparación alguna. La lección no es épica: vender una sustancia psicoactiva al margen de un marco claro expone tanto a quien la vende como a quien la consume.
Lectura crítica y reducción de riesgos
El relato original del que parte este texto era, en su tono, abiertamente favorable a las setas y muy duro con los reguladores. Conviene matizarlo. La psilocibina puede inducir experiencias intensas y, en personas con antecedentes psiquiátricos o predisposición a la psicosis, desencadenar crisis serias; el contexto, el estado de ánimo y el entorno («set y setting») condicionan enormemente la vivencia. Que el riesgo estadístico sea bajo a escala poblacional no equivale a que sea nulo a escala individual.
Desde la reducción de riesgos, lo relevante no es animar al consumo ni instruir sobre él, sino subrayar lo evidente: la situación legal varía mucho según el país y cambia con el tiempo, las urgencias asociadas suelen deberse a la ansiedad y a entornos inseguros más que a toxicidad directa, y combinar estas sustancias con conducción, alturas o decisiones importantes es donde aparecen los daños reales. Este artículo es divulgación histórica y de política de drogas, no una guía de uso.
Sobre las fuentes: los datos del informe sanitario holandés de 2000, el estudio municipal de Santa Coloma de Gramenet y los textos jurídicos citados proceden del material original; los reproducimos por su nombre y no enlazamos a URLs que hoy no podemos verificar.