Texas arranca sus propios ensayos clínicos con ibogaína tras no encontrar farmacéutica

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Redacción Psiconáutica · 22 de julio de 2026

En breve

  • Texas ha puesto en marcha la fase 1 de sus ensayos clínicos con ibogaína, financiados con los 50 millones de dólares que aprobó la ley estatal SB 2308, y esta semana ha sumado partidas presupuestarias complementarias para costear los ensayos.
  • El programa lo lidera UTHealth Houston junto a la University of Texas Medical Branch de Galveston, al frente del consorcio IMPACT, que agrupa a una decena de universidades y hospitales tejanos.
  • El estado decidió actuar como promotor de los ensayos después de no encontrar ninguna farmacéutica dispuesta a desarrollar la ibogaína hasta la aprobación de la FDA.

El experimento regulatorio más insólito de la medicina psicodélica estadounidense ya está en marcha. Texas, un estado poco sospechoso de entusiasmo psiconáutico, ha comenzado la fase 1 de sus propios ensayos clínicos con ibogaína, el alcaloide de la raíz de la Tabernanthe iboga, para tratar la adicción a opioides, el estrés postraumático y las secuelas del daño cerebral traumático. No hay ninguna farmacéutica detrás: el promotor es el propio estado.

Un estado convertido en promotor de ensayos

La ley SB 2308, aprobada en 2025, destinó 50 millones de dólares públicos a llevar la ibogaína a través del proceso regulatorio de la FDA. Según explicó The Texas Tribune, la iniciativa nació con la idea de que una compañía privada cofinanciara el desarrollo, pero ninguna dio el paso: el compuesto es de dominio público desde hace décadas y presenta riesgos cardiacos conocidos que exigen monitorización estrecha, una combinación poco atractiva para la inversión privada. Ante el vacío, el vicegobernador Dan Patrick y la Cámara estatal optaron por que Texas asumiera el papel de promotor, algo inédito a esta escala en Estados Unidos.

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El consorcio IMPACT

La adjudicación recayó en UTHealth Houston, en colaboración con la University of Texas Medical Branch (UTMB) de Galveston, al frente de una alianza bautizada IMPACT (Ibogaine Medicine for PTSD, Addiction, and Cognitive Trauma) que integra, entre otros, a Texas Tech, la Universidad de Texas en Austin, San Antonio, Tyler y el Valle del Río Grande, Texas A&M, Baylor College of Medicine y la red hospitalaria JPS de Dallas. Según el boletín de política psicodélica de Psychedelics Today del 20 de julio, los primeros ensayos de fase 1 ya se han lanzado y el estado ha aprobado además reembolsos presupuestarios complementarios para los costes de los ensayos, una señal de que el programa avanza con respaldo político sostenido.

Por qué importa

La ibogaína vive un momento singular en Estados Unidos: como contamos hace unos días, la Casa Blanca ha ordenado coordinar a seis agencias federales para acelerar su investigación clínica. El movimiento tejano añade una pieza que faltaba: financiación pública allí donde el capital privado no llega. Conviene, con todo, mantener la cautela que pedimos siempre: la ibogaína no es una sustancia benigna —sus efectos sobre el ritmo cardiaco han causado muertes fuera de entornos clínicos— y precisamente por eso el marco de un ensayo con monitorización cardiaca continua es el lugar adecuado para responder a la pregunta de si sus prometedores datos observacionales en adicción resisten un ensayo controlado. Más contexto en nuestra guía de iboga e ibogaína.

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Fuentes

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