
En breve
- Un ensayo de fase 2b aleatorizado y con placebo, publicado en JAMA (2025), evaluó una dosis única de LSD (MM120) en 198 personas con trastorno de ansiedad generalizada.
- Las dosis de 100 y 200 µg redujeron la ansiedad de forma estadísticamente significativa frente a placebo a las 4 semanas, con mejoría que se mantuvo hasta la semana 12.
- Es un resultado prometedor pero preliminar: muestra moderada, seguimiento corto y administración en un entorno clínico controlado con acompañamiento profesional.
Una sola sesión con LSD, administrada en condiciones clínicas, produjo una reducción de la ansiedad que persistía tres meses después en personas con trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Es la conclusión de un ensayo de fase 2b publicado en JAMA a finales de 2025, uno de los primeros estudios modernos, aleatorizados y con placebo que examina de forma rigurosa el efecto de la lisergida sobre este trastorno.
El estudio
El trabajo, firmado por Reid Robison y colaboradores, se publicó en JAMA en 2025 (vol. 334, n.º 15). Se trata de un ensayo clínico de fase 2b: multicéntrico, doble ciego y controlado con placebo, el diseño que se considera estándar para valorar eficacia antes de dar el salto a los grandes ensayos de fase 3. Participaron 198 adultos con diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada (194 entraron en el análisis). Cada persona recibió una única administración de MM120 —una forma farmacéutica de tartrato de lisergida, es decir, LSD— en una de cuatro dosis (25, 50, 100 o 200 microgramos) o bien placebo. La medida principal fue el cambio en la escala de ansiedad de Hamilton (HAM-A) a las cuatro semanas, un instrumento clásico para cuantificar la intensidad de los síntomas ansiosos.
Conviene subrayar un rasgo del diseño: no se trató de un tratamiento continuado, sino de una intervención puntual, realizada en un entorno clínico monitorizado y con acompañamiento profesional durante la sesión. Esa arquitectura del contexto —el llamado setting— forma parte del experimento y no puede separarse de sus resultados.
Qué se encontró
El ensayo cumplió su objetivo principal: existió una relación dosis-respuesta. Las dosis bajas (25 y 50 µg) no se diferenciaron del placebo, pero las dos más altas sí. A las cuatro semanas, la dosis de 100 µg redujo la puntuación HAM-A en 5,0 puntos más que el placebo (IC 95 %: −9,6 a −0,4), y la de 200 µg la redujo en 6,0 puntos (IC 95 %: −9,8 a −2,0), ambas con significación estadística. Los autores señalaron la dosis de 100 µg como la de mejor equilibrio entre eficacia y tolerabilidad.
La mejoría no fue pasajera. A las doce semanas, el 65 % de quienes recibieron 100 µg respondieron al tratamiento (una caída de al menos la mitad en la escala de ansiedad), frente al 30,8 % del grupo placebo. Además, el 47,5 % alcanzó la remisión —síntomas prácticamente ausentes, con HAM-A de 7 o menos—, frente al 20,5 % con placebo. En cuanto a la seguridad, los efectos adversos se concentraron en el día de la dosis y fueron los esperables con LSD: cambios perceptivos visuales (en torno al 92-100 % con las dosis altas), náuseas y cefalea. La inmensa mayoría se resolvió al terminar la sesión, y no se registró aparición ni empeoramiento de ideación o conducta suicida.
Qué significa (y qué no)
Los números son llamativos, y es legítimo entusiasmarse con cautela. Que una sola sesión mueva la aguja de un trastorno a menudo crónico, y que el efecto siga presente doce semanas después, es un dato que merece atención. Pero honestidad significa mirar también los límites, que son varios.
Primero, sigue siendo un estudio de fase temprana. Casi doscientas personas es una muestra respetable para una fase 2b, pero modesta para extraer conclusiones firmes sobre eficacia y seguridad a gran escala. Segundo, el seguimiento fue corto: doce semanas dicen poco sobre qué ocurre a los seis meses o al año. Tercero, y quizá lo más delicado en estos ensayos, el cegamiento es difícil de garantizar: cuando el 90 % del grupo activo percibe efectos visuales evidentes, tanto el participante como el evaluador pueden intuir qué recibieron, y eso puede inflar la respuesta medida. Cuarto, todo sucedió en un marco clínico con supervisión: nada de esto describe ni avala el consumo por cuenta propia, donde faltan la dosis controlada, el acompañamiento y la red de seguridad.
El contexto de desarrollo también importa como dato objetivo: MM120 avanza ya hacia ensayos de fase 3 (los estudios Voyage y Panorama), que serán los que confirmen o corrijan estas señales. En el plano legal, la lisergida sigue siendo una sustancia fiscalizada en la mayoría de países; su uso en investigación se realiza bajo autorizaciones específicas. Lo mencionamos sin moralizar: es simplemente el marco en el que hoy ocurre esta ciencia.
En resumen, el ensayo aporta evidencia real y de buena calidad de que la LSD, en un formato y un contexto muy determinados, podría ayudar en la ansiedad generalizada. Ni milagro ni cura; tampoco una amenaza que haya que satanizar. Una pieza más —sólida, pero preliminar— en un campo que empieza a reabrirse tras décadas de parálisis.
Fuente
- Robison R, Barrow R, Conant C, et al. Single Treatment With MM120 (Lysergide) in Generalized Anxiety Disorder: A Randomized Clinical Trial. JAMA, 2025; 334(15):1358–1372. doi:10.1001/jama.2025.13481
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