
En breve
- El uso repetido de ketamina se asocia a una lesión específica de la vejiga (cistitis por ketamina) que, en los casos más avanzados, puede llegar a afectar a uréteres y riñones.
- Es una sustancia con potencial adictivo: puede generar tolerancia, dependencia psicológica y, con un uso intenso y prolongado, dificultades de memoria.
- El llamado «K-hole» es un estado de disociación profunda que rara vez resulta mortal por sí mismo, pero deja a la persona vulnerable a accidentes, atragantamiento y sobredosis, sobre todo si se combina con depresores.
La ketamina es un anestésico disociativo con un largo recorrido médico que, desde hace décadas, también se emplea de forma recreativa y en la exploración de la conciencia. Como cualquier herramienta psicoactiva, tiene efectos que se buscan y también riesgos que conviene conocer de antemano. Este texto reúne lo que dice la evidencia sobre tres de ellos —el daño urinario, la dependencia y la disociación extrema— con la idea de que cada persona pueda decidir con información veraz, ni exagerada ni endulzada.
Cistitis por ketamina: un daño urinario silencioso
Es uno de los efectos adversos mejor documentados del uso frecuente. Las revisiones médicas describen la cistitis inducida por ketamina (o uropatía por ketamina): una inflamación y deterioro de la pared de la vejiga que cursa con necesidad urgente y muy frecuente de orinar, dolor al hacerlo, molestia pélvica y, en ocasiones, sangre en la orina. Los síntomas del tracto urinario inferior aparecen hasta seis veces más entre quienes consumen ketamina que entre quienes no lo hacen, y afectan a una proporción notable de las personas que la usan con regularidad; la intensidad tiende a guardar relación con la cantidad y la duración del consumo.
La lesión puede progresar. En los casos más severos se observa engrosamiento de la pared vesical, reducción de la capacidad de la vejiga y, cuando el daño asciende, dilatación de los uréteres e hidronefrosis (acumulación de orina en el riñón por obstrucción), que en último término puede derivar en insuficiencia renal. La otra cara es esperanzadora: espaciar o dejar el consumo suele asociarse a una mejoría de los síntomas, aunque una parte de las personas arrastra molestias persistentes y los casos más avanzados pueden requerir cirugía. Por eso, ante escozor, urgencia o sangre en la orina, tiene sentido consultarlo pronto y no darlo por hecho como una simple infección pasajera.
Dependencia, tolerancia y efectos cognitivos
En lo que respecta a la adicción, la ketamina no es inocua. Los estudios de laboratorio muestran cambios cerebrales propios de una sustancia con potencial adictivo, y en las personas su uso regular se asocia a tolerancia (necesitar cantidades cada vez mayores para el mismo efecto) y a dependencia psicológica, con aparición de deseo intenso de consumir y patrones de uso compulsivo. No suele producir un síndrome de abstinencia físico llamativo como otras drogas, pero la dependencia psicológica puede resultar igual de limitante en el día a día.
El consumo intenso y prolongado se ha vinculado además a dificultades de memoria y de funciones cognitivas, así como a ansiedad y estado de ánimo bajo. El uso recreativo muy frecuente puede provocar incluso ideas delirantes que llegan a persistir semanas después de dejarlo. Son efectos que, sumados al daño urinario, dibujan un perfil de riesgo que crece con la frecuencia y la dosis, un buen motivo para prestar atención a ambos factores.
El «K-hole» y el riesgo agudo
El «K-hole» es un estado de disociación muy intensa provocado por dosis altas: la persona experimenta una desconexión casi total de su cuerpo y del entorno, con inmovilidad y sensación de estar «fuera» de la realidad. En sí mismo rara vez es directamente mortal, pero el peligro está en la vulnerabilidad física que genera: quien lo atraviesa no puede moverse ni pedir ayuda, lo que la expone a caídas y accidentes, a atragantarse con el propio vómito o a situaciones de agresión.
El riesgo aumenta mucho al mezclar ketamina con alcohol, opioides, GHB u otros depresores del sistema nervioso, porque puede sumarse depresión respiratoria (respiración peligrosamente lenta) y pérdida de consciencia. De hecho, buena parte de las muertes relacionadas con ketamina implican también opioides o estimulantes. Náuseas intensas, confusión extrema, convulsiones o dificultad para respirar son señales que piden asistencia médica urgente.
Reducción de daños
En el plano legal, la ketamina es una sustancia fiscalizada: su uso médico está reglado y el recreativo queda fuera de esa cobertura. Como dato de contexto, su derivado esketamina (Spravato) cuenta con autorización de la EMA y la AEMPS, pero para un supuesto muy concreto: la depresión resistente al tratamiento en adultos que no han respondido a otros antidepresivos, administrada bajo supervisión hospitalaria y con observación del paciente durante unos 90 minutos tras cada toma. Es un marco clínico, con dosis, control y objetivos distintos de los del uso por cuenta propia.
Desde la reducción de daños, y pensando en quien decida usarla, hay medidas que rebajan el riesgo de forma real: no consumir en solitario, evitar combinarla con alcohol u otros depresores, y elegir un entorno cuidado, sin riesgo de caídas, sin agua cerca y sin conducir después. Si alguien pierde la consciencia o vomita, colocarlo de lado ayuda a evitar el atragantamiento. Molestias urinarias que se repiten, fallos de memoria o la sensación de haber perdido el control sobre el consumo son buenas razones para buscar apoyo profesional, sin culpa y sin necesidad de esconderlo. Y ante cualquier signo de sobredosis o de respiración muy lenta, lo prioritario es llamar de inmediato a emergencias e indicar con claridad qué se ha tomado.
Fuentes
- Jhang JF, Hsu YH, Kuo HC, et al. Ketamine-Induced Cystitis: A Comprehensive Review of the Urologic Effects of This Psychoactive Drug. Healthcare (PMC), 2022.
- National Institute on Drug Abuse (NIDA). Ketamine. NIDA, 9 de abril de 2024.
- AEMPS. Informe de Posicionamiento Terapéutico de esketamina (Spravato) en depresión mayor resistente al tratamiento. AEMPS, 2022.
Contenido divulgativo elaborado desde la reducción de daños y el respeto a la libertad individual. No sustituye la información de un profesional sanitario ni pretende fomentar ni condenar ningún consumo.