
En breve
- Arizona destina 5 millones de dólares del Departamento de Salud estatal a un ensayo clínico con ibogaína.
- El estudio, liderado por el Barrow Neurological Institute, evaluará la sustancia en el traumatismo craneoencefálico (TCE) crónico.
- Será un ensayo de fase 1/2, aleatorizado y controlado con placebo, con 40 participantes; el reclutamiento arrancará en 2027.
El Departamento de Salud de Arizona ha concedido 5 millones de dólares al Barrow Neurological Institute, en Phoenix, para poner en marcha un ensayo clínico que investigará la ibogaína como posible tratamiento para las secuelas persistentes del traumatismo craneoencefálico (TCE). El anuncio, hecho público el 5 de agosto, convierte a Arizona en el segundo estado de EEUU, tras Texas, en destinar fondos públicos de gran escala a la investigación clínica con esta sustancia de origen vegetal.
Un ensayo diseñado con el rigor habitual en fármacos
El estudio, de fase 1/2, estará dirigido por la neuropsiquiatra Anna Burke junto a un equipo multidisciplinar de Barrow, en colaboración con el Barrow Neuro Analytics Center y la Universidad Estatal de Arizona (ASU). Reclutará a 40 personas con síntomas crónicos derivados de un TCE, que serán asignadas aleatoriamente a recibir ibogaína o placebo en un diseño doble ciego, el estándar habitual para separar el efecto real de la sustancia del efecto placebo. Según Barrow, la primera persona participante se incorporará en 2027, por lo que no habrá resultados hasta bien entrado ese año o el siguiente.
La financiación procede de una partida aprobada en los presupuestos estatales de Arizona de 2025, impulsada por la exsenadora Kyrsten Sinema tras escuchar testimonios de veteranos que habían viajado fuera de EEUU para recibir el tratamiento.
Por qué el TCE y qué hay detrás del interés
Susan Criswell, directora médica de investigación clínica de Barrow, señala que aproximadamente la mitad de las personas que sufren un traumatismo craneoencefálico arrastran síntomas o una recuperación incompleta más allá de los seis meses, un vacío terapéutico que las opciones actuales cubren mal. El interés por la ibogaína en este terreno se apoya en estudios previos, abiertos y sin grupo control, con veteranos estadounidenses que combinaban TCE y estrés postraumático, en los que una dosis única se asoció con mejoras sostenidas en síntomas, función cognitiva y calidad de vida. En EEUU, la ibogaína sigue clasificada como sustancia de Lista I, al mismo nivel que la heroína o el LSD, lo que ha llevado hasta ahora a quienes buscan el tratamiento a acudir a clínicas de México y otros países. El ensayo de Arizona se suma a otra partida de 50 millones de dólares aprobada en Texas en 2025 y a una orden ejecutiva firmada en abril por la Administración Trump que destina otros 50 millones a investigación con sustancias psicodélicas.
Qué implica
Se trata todavía de un ensayo en fase muy temprana: ni siquiera ha empezado a reclutar y sus primeros datos no llegarán antes de 2028. La evidencia que lo sostiene proviene sobre todo de estudios abiertos, sin cegamiento, con muestras pequeñas que no permiten descartar el efecto de la expectativa. La ibogaína, además, exige una monitorización cardiaca cuidadosa por su capacidad de alargar el intervalo QT, un asunto que ni Barrow ni las notas de prensa consultadas detallan todavía para este ensayo concreto. Que un organismo público destine millones a estudiar formalmente una sustancia hasta ahora relegada a clínicas no reguladas es, en cualquier caso, un paso hacia generar los datos que hoy faltan, sea cual sea el resultado final.
Cobertura previa relacionada: Colorado abre la puerta a la ibogaína regulada a partir de agosto.
Fuente
- Barrow Neurological Institute. Arizona Grants $5M to Barrow for Clinical Trial of Ibogaine in TBI. Barrow Neurological Institute, 5 de agosto de 2026.
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