
¿Buscas el dato exacto? Pregúntaselo a nuestro cerebro documental, que responde citando los estudios: ¿Qué riesgos cardíacos tiene la ibogaína y qué controles se recomiendan?
En breve
- El NIDA (Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de EEUU) concede a Brigham and Women’s Hospital, en Boston, una ayuda que podría llegar a 11 millones de dólares para investigar la ibogaína en la adicción a opioides.
- El protocolo fija el umbral de toxicidad en un intervalo QTc por encima de 500 milisegundos o un aumento del 20 %, con monitorización cardiaca continua durante todo el ingreso.
- La segunda fase reclutará a personas con adicción a opioides que no responden bien a la buprenorfina.
El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA) ha concedido a Brigham and Women’s Hospital, en Boston, una ayuda de hasta 11 millones de dólares para investigar si la ibogaína puede administrarse con seguridad a personas con adicción a opioides. El acuerdo cooperativo, identificado como UG3DA064414, libera de entrada 2.288.947 dólares y se extiende de junio de 2026 a mayo de 2028. Lo dirige el psiquiatra Joji Suzuki, de Mass General Brigham.
Un diseño construido alrededor del corazón
La ibogaína, extraída de la corteza de la raíz del arbusto africano iboga, puede alargar el intervalo QT del corazón, lo que en algunos casos ha derivado en arritmias graves. El protocolo de Suzuki responde directamente a ese riesgo: clasifica una dosis como excesivamente tóxica si el intervalo QTc de un participante supera los 500 milisegundos o aumenta un 20 % respecto a su valor basal. Toda la administración se hará durante un ingreso hospitalario con electrocardiograma continuo, el mismo nivel de vigilancia que se aplica a fármacos como el sotalol o la dofetilida, usados para tratar arritmias cardiacas.
Dos fases: primero la dosis segura, después la eficacia
La primera fase administrará dosis únicas y crecientes de ibogaína de calidad farmacéutica a voluntarios sanos, con el objetivo de identificar la dosis máxima tolerable. Si los resultados lo permiten, una segunda fase (2a) reclutará a personas con adicción a opioides que no hayan respondido adecuadamente a la buprenorfina, comparará distintas dosis con evaluadores ciegos y solo incluirá a participantes que nunca hayan probado ibogaína. La ibogaína sigue clasificada como sustancia de la Lista I en Estados Unidos y no existe ninguna forma aprobada por la FDA; en abril, la agencia ya había autorizado un primer estudio con noribogaína, el principal metabolito de la ibogaína, para el trastorno por consumo de alcohol, una vía distinta y más avanzada que la que ahora abre este ensayo de Brigham and Women’s Hospital.
Qué implica
Los investigadores afirman no conocer ningún otro ensayo riguroso, autorizado por la FDA como medicamento en investigación, que pruebe la ibogaína en sí misma para la adicción a opioides, en un momento en que también hay otra vía federal abierta a través de ARPA-H y programas estatales en marcha en Arizona. Una editorial reciente en la revista Journal of Addiction Medicine advertía de que algunos defensores presentan la ibogaína como sustituto, en lugar de complemento, de los medicamentos que reducen el riesgo de muerte por sobredosis; dejar la metadona o la buprenorfina por una terapia sin probar podría aumentar ese riesgo, según los autores. El propio diseño del ensayo, centrado en cuantificar el riesgo cardiaco antes de probar cualquier efecto terapéutico, refleja lo poco que se sabe todavía sobre la seguridad de la ibogaína a las dosis necesarias para tratar adicciones, frente a las clínicas de países como México, donde el tratamiento se ofrece hoy por unos 8.000 dólares sin este tipo de control clínico.
Fuente
- Joseph James. NIH Funds Boston Ibogaine Study for Opioid Addiction with Strict Heart Rhythm Limits Built into Its Design. Medical Daily, 22 de septiembre de 2026.
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