
¿Buscas el dato exacto? Pregúntaselo a nuestro cerebro documental, que responde citando los estudios: ¿Qué dosis de ketamina se usan en depresión y por qué vía?
En breve
- Una revisión sistemática publicada el 1 de octubre en Frontiers in Psychiatry incluye 106 artículos de un total de 11.745 registros.
- Sitúa la evidencia más sólida en la depresión resistente; en TEPT, bipolar y ansiedad la califica de moderada o baja-moderada.
- Subraya vacíos importantes: seguridad a largo plazo, ketamina oral sin protocolos estandarizados y un cegamiento que los efectos de la sustancia ponen en entredicho.
Dos autores, Matthew M. Kinney y Zackary L. Bowers, han intentado ordenar un campo que crece más deprisa de lo que se consolida: el uso de la ketamina en psiquiatría. Su revisión sistemática, publicada el 1 de octubre de 2026, recorre indicaciones, seguridad y problemas regulatorios, y termina con una lista de lo que sigue sin saberse.
Cómo se hizo y qué encontró
Los autores buscaron en PubMed, SCOPUS, Embase, PsycINFO, ProQuest y Google Scholar trabajos desde enero de 2000 hasta junio de 2026, siguiendo las pautas PRISMA 2020. De 11.745 registros iniciales quitaron 3.722 duplicados, revisaron 8.023 y leyeron a texto completo 510. Se quedaron con 106 artículos, en inglés y con revisión por pares.
La revisión otorga el nivel de evidencia más alto a la depresión resistente, con ketamina intravenosa racémica y esketamina intranasal, y también a la depresión con ideación suicida aguda, donde matiza que la esketamina no ha demostrado reducir por sí sola la ideación suicida. En el TEPT y en el trastorno bipolar la evidencia es moderada. En ansiedad social y generalizada es baja-moderada y el uso sigue siendo fuera de ficha técnica. Sobre el bipolar, los autores hablan de evidencia de débil a moderada para la esketamina y de pocos datos a largo plazo.
Seguridad, acceso y huecos
En el capítulo de efectos adversos distinguen entre lo agudo (taquicardia, hipertensión, disociación, mareo) y lo asociado a un uso repetido o prolongado: alteraciones de memoria, atención y función ejecutiva, cistitis por ketamina (con un daño urinario que, según la revisión, puede llegar a ser irreversible), síntomas de tipo psicótico y paranoia persistente, y dependencia con tolerancia y deseo intenso. Citan cifras de uso recreacional en aumento, con incautaciones en Estados Unidos que pasan de 57,8 a 703,3 kilos entre 2017 y 2022, aunque conviene leerlas como indicadores de oferta y no de daño individual.
Un punto llamativo es la asimetría regulatoria. El programa REMS de la FDA, que exige administrar en clínica certificada y observar al paciente dos horas, se aplica a la esketamina pero no a la ketamina racémica. Según la revisión, el 43,5 % de las clínicas ambulatorias de ketamina ofrecía ketamina oral o sublingual para casa, y no existen protocolos estandarizados de dosis, frecuencia ni seguimiento. Los autores apuntan además que el acceso queda limitado para quien vive en zonas rurales o mal atendidas.
También hablan de método. Los efectos disociativos permiten a los participantes adivinar si recibieron el fármaco, lo que introduce sesgo de expectativa. Con placebos activos como el midazolam el cegamiento mejora, pero se vuelve más difícil ver diferencias. Como ejemplo, citan el ensayo KARMA-Dep 2, que no halló diferencias frente a midazolam; ya lo contamos aquí.
Qué implica
Es una revisión, no un ensayo, y sus propios autores admiten limitaciones: solo artículos en inglés, enorme variabilidad entre estudios y escasez de datos largos, sobre todo en adolescentes y personas mayores. No aporta una prueba nueva, pero sí un inventario útil de lo que hoy se apoya en datos sólidos y de lo que se practica sobre una base débil.
Para quien se interesa por la ketamina y los disociativos, la lectura es doble. Hay un respaldo real a su uso en depresión resistente, y a la vez un terreno amplio, el de la toma oral en casa o el de las pautas repetidas, donde la información disponible aún no permite decisiones muy finas. Saber dónde acaba la evidencia ayuda a cada persona a valorar con criterio propio sus riesgos y sus expectativas, que es la base de una reducción de riesgos informada.
Fuente
- Kinney MM, Bowers ZL. Frontiers in Psychiatry. Ketamine in psychiatry: a systematic review of clinical applications, safety considerations, and emerging challenges. Frontiers in Psychiatry, 1 de octubre de 2026.
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